Hola silencio
cómo estás viejo amigo,
hace tiempo que no nos vemos.
Apenas oigo tu voz
en mi pensamiento
porque existe otra voz que te enmudece,
un murmullo que no descansa
donde se levantan estatuas
de hormigón y acero
y que permanece quieto
y que cada día crece
y que aquello cuanto miro
parece estar muerto
cuando debería parecer estar vivo.
Donde la gente no anda,
corre,
donde la gente no escucha,
oye
y la palabra calma,
es solo una quimera.
Hay tantas cosas que quisiera contarte
que ni el tiempo de un día
sería suficiente.
¿Acaso sería pecado pedirle al tiempo
un segundo, un minuto de tu compañía
para escucharte sin pensar en nada,
no hacer nada y dejar mis manos sin fuerza
para no sentir en mi espalda
el peso rutinario de cada día?
Sería un momento inefable,
un minuto de tu presencia sería
llenar con aromas perdidos mi sangre,
abrazar a la soledad,
sentir el vacío
entre la tierra y el cielo
para llenarlo de esperanzas y recuerdos
y escuchar el sonido de mi garganta
emitiendo un grito
que me haga sentir
que aún estoy vivo.
Ya ves mi viejo amigo,
hace tiempo que no nos vemos
y vivo evocando tu presencia
porque tú eres la voz
que a veces necesita
mi vida rápida y ya cansada
en este sórdido mundo.