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Extravagancia de un amor carmesí

León_es

...no soy poeta, solo escribo...

La mirada,

un vitral de fractura cósmica

El iris,

un hexágono de astillas lunares,

donde el amor fue un código morse de púlsares.

Tu ceja,

un catalejo doblado, apunta a la constelación de lo no dicho.

En la órbita,

un caleidoscopio de nostalgias, girando como planetas suicidas.

Él, un triángulo invertido.

Ella, un cono de sombra,

La pasión,

entrelazados por hilos de araña galáctica.

un motor de combustión interna sin gasolina,

ahora un busto de mármol que sangra azul.

La sinceridad,

no un mero concepto,

sino un diamante que llora ácido,

pulía los contornos de vuestras almas,

ahora radiografías superpuestas de ecos pasados.

Cada gesto,

un ideograma de lo inconcluso,

tatuado con tinta invisible en el éter.

Fueron, sí.

Un huracán de pigmentos primarios

sobre el lienzo de la piel.

Sus manos,

antes túneles de gusano entre dimensiones,

ahora antenas parabólicas captando frecuencias mudas.

El recuerdo,

una pirámide invertida

que desafía la gravedad del olvido,

flotando en el espacio intersticial

de un tiempo que no sabe cómo acabar.

Queda el holograma,

una proyección fantasma en la retina de la memoria.

La amistad,

un biombo de origami, plegado y desplegado

con la precisión de un autómata.

Sois amigos, sí,

la paradoja hecha carne y verso,

pero en las profundidades de la glándula pineal,

el vapor del deseo extinguido

sigue condensando un prisma octogonal

de lo que se desdibuja y se transforma,

en la silueta espectral de un siempre.

Aquí tenéis,

una representación visual de vuestra extravagancia.
 
La mirada,

un vitral de fractura cósmica

El iris,

un hexágono de astillas lunares,

donde el amor fue un código morse de púlsares.

Tu ceja,

un catalejo doblado, apunta a la constelación de lo no dicho.

En la órbita,

un caleidoscopio de nostalgias, girando como planetas suicidas.

Él, un triángulo invertido.

Ella, un cono de sombra,

La pasión,

entrelazados por hilos de araña galáctica.

un motor de combustión interna sin gasolina,

ahora un busto de mármol que sangra azul.

La sinceridad,

no un mero concepto,

sino un diamante que llora ácido,

pulía los contornos de vuestras almas,

ahora radiografías superpuestas de ecos pasados.

Cada gesto,

un ideograma de lo inconcluso,

tatuado con tinta invisible en el éter.

Fueron, sí.

Un huracán de pigmentos primarios

sobre el lienzo de la piel.

Sus manos,

antes túneles de gusano entre dimensiones,

ahora antenas parabólicas captando frecuencias mudas.

El recuerdo,

una pirámide invertida

que desafía la gravedad del olvido,

flotando en el espacio intersticial

de un tiempo que no sabe cómo acabar.

Queda el holograma,

una proyección fantasma en la retina de la memoria.

La amistad,

un biombo de origami, plegado y desplegado

con la precisión de un autómata.

Sois amigos, sí,

la paradoja hecha carne y verso,

pero en las profundidades de la glándula pineal,

el vapor del deseo extinguido

sigue condensando un prisma octogonal

de lo que se desdibuja y se transforma,

en la silueta espectral de un siempre.

Aquí tenéis,

una representación visual de vuestra extravagancia.
Cada gesto inconcluso, es un huracán de colores en la piel.

Saludos
 
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