joblam
Poeta que considera el portal su segunda casa
(Cien versos de humor y amor)
Voy a contar una historia
de una morena sifrina
delgada como una vela
hija de Pedro y Cristina.
La conocí en un bautizo
en casa de una madrina
fue amor a primera vista
con respeto y disciplina.
Al principio resbalosa
como la propia guabina
poco a poco fue cautiva
de mi labia cantarina.
Bailamos toda la fiesta
a ritmo de La Bikina
cuatro meses de noviazgo
y hoy es mi concubina.
Un martes en la mañana
le pegó rabia felina
por culpa de un desliz
que tuve con la vecina.
Hace poco descubrió
(como si fuera adivina)
que yo le picaba el ojo
a la flaca Josefina.
También le lanzaba flores
a la viuda de la esquina
en un ataque de celos
se metió a la cocina.
Empezó a comer de todo
igual que una res porcina
comenzó a subir de peso
comiendo carne, cecina
queso, pollo, mortadela
jamón y pate de gallina.
Algo que no le gustaba
por temor a las espinas
Pescado de río salpreso
y la olorosa sardina.
Me castiga día a día
visitando la oficina
formando un zafarrancho
de fósforo y gasolina
pelea a los cuatro vientos
y se me puso mezquina.
Ya no tomo en mi hogar
y menos en la cantina
solo un vasito pequeño
de una roja granadina
una vez a la semana
con jengibre y aguakina
una bebida tan maluca
con sabor a la quinina.
Ella se da la gran vida
como una gorda cochina
tragando muchos antojos
tortas, postres, gelatinas.
Para cumplir con los gastos
de alimentar la escofina
tuve que empeñar el reloj
la esclava, la leontina
la cadena, la sortija
mi rifle y la carabina.
No soporto la tensión
mucho menos la rutina
y tomé una decisión
pa´ no quedar en la ruina
prometí portarme bien
de América hasta la China.
y nos fuimos a casar
con el prefecto Medina
nos echó la bendición
el sacerdote Molina.
Así brotó la sonrisa
de mi gorda Valentina
prometió adelgazar
hasta ser la bailarina
dio perdón a mis ofensas
agarrao por la pretina.
Para brindar magno evento
con notas de mandolina
preparamos varios platos
de una cena sabatina.
De entrada sopa de pollo
y callos a la vizcaína
tortillas, papas rellenas
con cerveza bien divina.
Para hacer la digestión
un vaso de chicha andina
y esperar que anocheciera
para una feria taurina.
Con una vaquilla inquieta
las derechas, girondinas
verónicas, paseíllo
pasodobles, chicuelinas
Con el rabo bien seguro
al aire las serpentinas
echar a un lado el capote
buscando la catalina
centrar bien la espadilla
¡y darle su vitamina!
Voy a contar una historia
de una morena sifrina
delgada como una vela
hija de Pedro y Cristina.
La conocí en un bautizo
en casa de una madrina
fue amor a primera vista
con respeto y disciplina.
Al principio resbalosa
como la propia guabina
poco a poco fue cautiva
de mi labia cantarina.
Bailamos toda la fiesta
a ritmo de La Bikina
cuatro meses de noviazgo
y hoy es mi concubina.
Un martes en la mañana
le pegó rabia felina
por culpa de un desliz
que tuve con la vecina.
Hace poco descubrió
(como si fuera adivina)
que yo le picaba el ojo
a la flaca Josefina.
También le lanzaba flores
a la viuda de la esquina
en un ataque de celos
se metió a la cocina.
Empezó a comer de todo
igual que una res porcina
comenzó a subir de peso
comiendo carne, cecina
queso, pollo, mortadela
jamón y pate de gallina.
Algo que no le gustaba
por temor a las espinas
Pescado de río salpreso
y la olorosa sardina.
Me castiga día a día
visitando la oficina
formando un zafarrancho
de fósforo y gasolina
pelea a los cuatro vientos
y se me puso mezquina.
Ya no tomo en mi hogar
y menos en la cantina
solo un vasito pequeño
de una roja granadina
una vez a la semana
con jengibre y aguakina
una bebida tan maluca
con sabor a la quinina.
Ella se da la gran vida
como una gorda cochina
tragando muchos antojos
tortas, postres, gelatinas.
Para cumplir con los gastos
de alimentar la escofina
tuve que empeñar el reloj
la esclava, la leontina
la cadena, la sortija
mi rifle y la carabina.
No soporto la tensión
mucho menos la rutina
y tomé una decisión
pa´ no quedar en la ruina
prometí portarme bien
de América hasta la China.
y nos fuimos a casar
con el prefecto Medina
nos echó la bendición
el sacerdote Molina.
Así brotó la sonrisa
de mi gorda Valentina
prometió adelgazar
hasta ser la bailarina
dio perdón a mis ofensas
agarrao por la pretina.
Para brindar magno evento
con notas de mandolina
preparamos varios platos
de una cena sabatina.
De entrada sopa de pollo
y callos a la vizcaína
tortillas, papas rellenas
con cerveza bien divina.
Para hacer la digestión
un vaso de chicha andina
y esperar que anocheciera
para una feria taurina.
Con una vaquilla inquieta
las derechas, girondinas
verónicas, paseíllo
pasodobles, chicuelinas
Con el rabo bien seguro
al aire las serpentinas
echar a un lado el capote
buscando la catalina
centrar bien la espadilla
¡y darle su vitamina!