Sandia
~ G i a ~
En la fila del banco
soy cantante de rock:
afino mi voz
(mas bien, hago ruidos extraños)
antes de dar un sigiloso concierto,
allí, en el espacio que queda
entre el aire y el silencio,
donde me escabullo a ratos
a sacudirme la vida
Cierro los ojos, aprieto los dientes,
para luego respirar profundo
y preparar un grito
(pero uno hacia adentro),
y es justamente cuando diviso a un abuelo
erguido desde quizás qué mundo,
regalándome una sonrisa,
una de esas escasas.
Parece ser el único que escucha mi voz en este desierto,
ese en mi cabeza después de la conciencia.
Con cierta tranquilidad
elijo el tema indicado,
el bolso que cruza mi regazo
se convierte en instrumento
y me permite repasar una a una
las cuerdas de una guitarra.
Debo hacerlo rápido,
el abuelo muere por escuchar una canción,
pero la fila se va acortando.
La chica que va adelante
parece molesta por el ruido
que alcanza a escuchar desde mis audífonos,
y es que aún no puedo creer
que exista gente que no haga comunión con el rock
Sigo afinando las cuerdas,
me preparo para el intro,
pero al parecer la batería del reproductor
no estaba lista para un concierto.
Miro al abuelo con cara de espanto,
pero él parece entender,
parece tener más rock en los huesos
de lo que aparenta,
pues antes de hacer cualquier mueca
me muestra su boca despoblada de dientes,
que contradictoriamente
alcanza para una gran sonrisa.
soy cantante de rock:
afino mi voz
(mas bien, hago ruidos extraños)
antes de dar un sigiloso concierto,
allí, en el espacio que queda
entre el aire y el silencio,
donde me escabullo a ratos
a sacudirme la vida
Cierro los ojos, aprieto los dientes,
para luego respirar profundo
y preparar un grito
(pero uno hacia adentro),
y es justamente cuando diviso a un abuelo
erguido desde quizás qué mundo,
regalándome una sonrisa,
una de esas escasas.
Parece ser el único que escucha mi voz en este desierto,
ese en mi cabeza después de la conciencia.
Con cierta tranquilidad
elijo el tema indicado,
el bolso que cruza mi regazo
se convierte en instrumento
y me permite repasar una a una
las cuerdas de una guitarra.
Debo hacerlo rápido,
el abuelo muere por escuchar una canción,
pero la fila se va acortando.
La chica que va adelante
parece molesta por el ruido
que alcanza a escuchar desde mis audífonos,
y es que aún no puedo creer
que exista gente que no haga comunión con el rock
Sigo afinando las cuerdas,
me preparo para el intro,
pero al parecer la batería del reproductor
no estaba lista para un concierto.
Miro al abuelo con cara de espanto,
pero él parece entender,
parece tener más rock en los huesos
de lo que aparenta,
pues antes de hacer cualquier mueca
me muestra su boca despoblada de dientes,
que contradictoriamente
alcanza para una gran sonrisa.