Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hay plenilunio sobre el casco viejo
y sonríe la noche veraniega.
El duende de la brisa ríe y juega
entre los arces de follaje añejo.
Mirándose en la luna, cual espejo,
una dríada con pétalos se estrega
preparando su piel para la entrega,
al fiel poeta, que la ve perplejo.
Se respira la magia del medievo:
saltan gnomos por la ciudad antigua,
vuelan brujas de tiempo muy longevo,
se oye un búho y una anciana se santigua.
Mirar por la ventana no me atrevo,
la dríada, entre sus brazos me apacigua.
y sonríe la noche veraniega.
El duende de la brisa ríe y juega
entre los arces de follaje añejo.
Mirándose en la luna, cual espejo,
una dríada con pétalos se estrega
preparando su piel para la entrega,
al fiel poeta, que la ve perplejo.
Se respira la magia del medievo:
saltan gnomos por la ciudad antigua,
vuelan brujas de tiempo muy longevo,
se oye un búho y una anciana se santigua.
Mirar por la ventana no me atrevo,
la dríada, entre sus brazos me apacigua.
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