Camy
Camelia Miranda
Anhelante el pedal de un deseo
germina en las pupilas,
cuando el verde las avista.
El sabor del rugido estremece
y recorre veloz las venas
para inaugurar sus gemas.
El ambiente se presta
al mandato oportuno,
en los labios, en el lento parpadeo,
que incitan un profundo respiro
y a las manos,
el ímpetu de sujetar la redondez
que espera ese giro en la primera curva.
Y avanza,
sin tregua,
el tránsito excelso de fulgores
pronuncia una sonata en combustión,
que salpica salinas gotas
con ansias de lenguas en redención.
Audaces vueltas,
mítica intuición,
vapor que emana,
se adhieren a la blandura,
recorriendo tramo a tramo
su remanso de astucias…
Y pinta el ocaso su lazada
destella desde el fondo un estribillo.
Augurio de laurel
simiente de as,
legendario,
imperativo…
ya acaricia el lienzo
su final merecido.
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