Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Navegamos al garete
barco de nuestros sentidos
surcando el océano
considerable y eterno.
Brillar le copió a la luna
¡Ah... había vivido!
gustando el hielo del río,
su blanco cubrió mi isla de nieve,
y se deleitó cerca del
fuego en el invierno.
-Oye el sonido del timón,
la quilla que corta el agua
empuja aún en el sueño en el mar-.
La imaginación soñaba
ante el paso del tiempo,
nos gustaba el pasado
un día olvidamos llorar
y comenzamos de nuevo,
pacientemente.
Observamos las cosas
encontramos las diferencias,
ascendió mi vida en un sueño,
¿inclinación de mi sangre?
Mi corazón entonces se convirtió
en melodía de romanzas,
-dadme el espíritu volátil
en sus cajas de imaginaciones,
con el entusiasmo del danzante -.
Se extendió como sueño de bonito color,
se detuvo para confirmar
que si los años congelan la sangre,
si nuestros placeres llegan,
volando en las alas de una gaviota
la memoria es el último monumento suave
al amor sobre las nieblas del océano.
Si el amor guarda
y acompaña a los sueños
ningún mal puede la vida afectar
y el espíritu será una flor luminosa.
El tiempo rompió el diario placer,
ídolo arrastrado,
gritos por la pérdida de este,
deseo profundo a repetir
para crear la historia.
barco de nuestros sentidos
surcando el océano
considerable y eterno.
Brillar le copió a la luna
¡Ah... había vivido!
gustando el hielo del río,
su blanco cubrió mi isla de nieve,
y se deleitó cerca del
fuego en el invierno.
-Oye el sonido del timón,
la quilla que corta el agua
empuja aún en el sueño en el mar-.
La imaginación soñaba
ante el paso del tiempo,
nos gustaba el pasado
un día olvidamos llorar
y comenzamos de nuevo,
pacientemente.
Observamos las cosas
encontramos las diferencias,
ascendió mi vida en un sueño,
¿inclinación de mi sangre?
Mi corazón entonces se convirtió
en melodía de romanzas,
-dadme el espíritu volátil
en sus cajas de imaginaciones,
con el entusiasmo del danzante -.
Se extendió como sueño de bonito color,
se detuvo para confirmar
que si los años congelan la sangre,
si nuestros placeres llegan,
volando en las alas de una gaviota
la memoria es el último monumento suave
al amor sobre las nieblas del océano.
Si el amor guarda
y acompaña a los sueños
ningún mal puede la vida afectar
y el espíritu será una flor luminosa.
El tiempo rompió el diario placer,
ídolo arrastrado,
gritos por la pérdida de este,
deseo profundo a repetir
para crear la historia.
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