Teo Moran
Poeta fiel al portal
Fuera es de noche…
En el cielo gritan las nubes inundadas
y la lluvia se extiende como una fuente
ahogando las alcantarillas con su cauce
que caen desde lo alto de los oscuros montes.
A lo lejos la ciudad parece reír con sus luces
mas la gente llora a solas en las habitaciones,
y las luciérnagas, flores de crisantemo,
se alimentan de las bocanadas de humo
con su vuelo errático y superficial,
mas ellas también ríen en los balcones
y parpadeantes lloran bajo las miradas
de aquellos que como yo buscan a su alma,
van al encuentro de la lluvia ruidosa
que huye de las calles vacías con sus gotas,
pero dentro de mí el agua es una melodía
insatisfecha, es el órgano desafinado
incapaz de elevar una nota sobre las copas
donde los árboles son voces de otro tiempo.
Fuera es de noche…
Dentro de mí hay un niño desamparado,
un niño que sueña con los dedos de su mano,
tiene miedo, teme que se derrumbe el techo
que se sacude angustiado en mi pecho,
y sé que cuanto más intento parecer normal
más complejo y extraño me vuelvo por dentro.
Fuera es de noche…
La ciudad sonríe a todo aquel que vende un sueño,
a los ciegos que miran tras los cristales vacíos,
a los que aman y después se vuelven etéreos,
a los que caminan bajo la lluvia con su recuerdo,
a los que como tú y yo contemplan al mundo
y lo ven como a una luciérnaga enferma
que se alimenta de unas bocanadas de humo
mientras los cristales de los escaparates
se hacen dueños de las aceras húmedas y vacías,
de los coches que dan de cobijo a los amantes
y de la lluvia que cae fría dentro del alma.
En el cielo gritan las nubes inundadas
y la lluvia se extiende como una fuente
ahogando las alcantarillas con su cauce
que caen desde lo alto de los oscuros montes.
A lo lejos la ciudad parece reír con sus luces
mas la gente llora a solas en las habitaciones,
y las luciérnagas, flores de crisantemo,
se alimentan de las bocanadas de humo
con su vuelo errático y superficial,
mas ellas también ríen en los balcones
y parpadeantes lloran bajo las miradas
de aquellos que como yo buscan a su alma,
van al encuentro de la lluvia ruidosa
que huye de las calles vacías con sus gotas,
pero dentro de mí el agua es una melodía
insatisfecha, es el órgano desafinado
incapaz de elevar una nota sobre las copas
donde los árboles son voces de otro tiempo.
Fuera es de noche…
Dentro de mí hay un niño desamparado,
un niño que sueña con los dedos de su mano,
tiene miedo, teme que se derrumbe el techo
que se sacude angustiado en mi pecho,
y sé que cuanto más intento parecer normal
más complejo y extraño me vuelvo por dentro.
Fuera es de noche…
La ciudad sonríe a todo aquel que vende un sueño,
a los ciegos que miran tras los cristales vacíos,
a los que aman y después se vuelven etéreos,
a los que caminan bajo la lluvia con su recuerdo,
a los que como tú y yo contemplan al mundo
y lo ven como a una luciérnaga enferma
que se alimenta de unas bocanadas de humo
mientras los cristales de los escaparates
se hacen dueños de las aceras húmedas y vacías,
de los coches que dan de cobijo a los amantes
y de la lluvia que cae fría dentro del alma.