Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
Parpadea la prístina candela
que dibuja el rubor de tus mejillas,
me deshago en tus ojos. A tirillas
encamino mis pasos. ¡Damisela,
ven conmigo, dejemos la cautela!
Las entrañas me acusan, a cosquillas
serpentean tu amor y no maquillas
que lo sabes, tu risa lo revela.
No juguemos a gatos y ratones
retozando las sombras de unos focos,
si sabemos profundas las pasiones
¿Para qué nos hacemos ya los locos?
Entreguemos a nuestros corazones
palpitando en suspiros y sofocos.
Dvaldés