José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el jardín las rosas florecen,
símbolos de amor y pasión.
Sus pétalos suaves resplandecen,
colores radiantes, perfume sutil.
Nos envuelven con su fragancia pura,
regalo sin condición de la vida.
Nos cautivan con su hermosura,
encanto eterno que al alma purifica.
Entre sus tallos las espinas aguardan,
ocultas, vigilantes, son el fuego maldito;
antiguo saber que el tiempo guarda,
rigor y ternura en un mismo lecho.
Las rosas, testigos del amor eterno,
belleza y espinas, dualidad en su encanto;
en su abrazo hallamos un dulce invierno,
y en sus espinas, el rigor de su manto.
En cada rosa, un susurro de vida,
nos recuerdan que lo bello puede herir;
en su fragancia, una lección escondida,
que el amor también nos hace sufrir.
El amor y el dolor van de la mano,
entrelazados en un eterno vaivén.
Lo sublime y lo adverso, en este plano,
son las caras de un destino común,
En cada pétalo, un amor se anida,
en cada espina, una lágrima retenida.
La rosa muestra el curso del querer,
donde el dolor y la pasión han de correr.
Así es el camino humano, lleno de matices,
donde florece el amor entre espinas felices.
Es la vida, con sus rosas y espinas,
belleza y dolor entretejiendo las rutinas.
Amar si en la dicha hay penas
que hasta lo más dulce, a veces, envenena.
Por eso amo las rosas con sus espinas
Pues en su dualidad, la vida se refina.
En cada herida, un susurro de la flor
recordándonos que el amor es un fulgor.
En el jardín del tiempo florecen pasiones,
entre luz y sombra, nacen corazones,
la esencia del alma en cada latir,
descubriendo en la vida su sutil elixir.
Si vienes a mí, yo voy contigo,
pues,
¿Qué seré si no te olvido?
hasta lo que no tengo entrego con fe,
por regresar junto a ti, mi querida.
En cada paso que doy, tu sombra me guía,
el eco de tu voz en mi mente perdura,
anhelando el reencuentro cada día,
nuestro amor, en la distancia, perdura.
El tiempo se detiene al recordarte,
en mis sueños siempre estás presente,
mi corazón late por volverte a abrazar,
por recuperar ese amor latente.
¡Vuelve a mí, que iré sin vacilar!.
Juntos de nuevo, nuestro destino sellado,
enlazados por un lazo sin igual,
por siempre a tu lado,
enamorado sin más.
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