Salvador Santiago
Poeta adicto al portal
Mujer que siembras el espíritu
alientas y estimulas su designio.
Apareces y desapareces,
reminiscencia del factor sublimación.
Cariño, por no decir amor.
Tú y yo, dos cómplices inseparables
cruzados por la baraja de la vida
que trasciende nuestras cartas.
Amor platónico de mí amparo,
fluyes bajo el alero del libre albedrío.
Alegre resaltas en la fusión del todo.
Tu ideal, dos libertades enlazadas.
Aunque el ingenio nos rebase y aclare,
ha llegado el final del principio…,
la eterna juventud desafiante nos tienta
a cruzar el trance de lo desconocido…
Evoco el despertar de nuestros espíritus
en un largo, apretado, sentido y sensual abrazo.
Sensibles y emocionadas nuestras almas
se anudan tanto o mejor que al hacer el amor.
La ilusión existe.
La imaginación existe.
La voz silente de tu espíritu, también existe.
Gracias, gracias por existir.
alientas y estimulas su designio.
Apareces y desapareces,
reminiscencia del factor sublimación.
Cariño, por no decir amor.
Tú y yo, dos cómplices inseparables
cruzados por la baraja de la vida
que trasciende nuestras cartas.
Amor platónico de mí amparo,
fluyes bajo el alero del libre albedrío.
Alegre resaltas en la fusión del todo.
Tu ideal, dos libertades enlazadas.
Aunque el ingenio nos rebase y aclare,
ha llegado el final del principio…,
la eterna juventud desafiante nos tienta
a cruzar el trance de lo desconocido…
Evoco el despertar de nuestros espíritus
en un largo, apretado, sentido y sensual abrazo.
Sensibles y emocionadas nuestras almas
se anudan tanto o mejor que al hacer el amor.
La ilusión existe.
La imaginación existe.
La voz silente de tu espíritu, también existe.
Gracias, gracias por existir.
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