Gritos

marinof

Poeta adicto al portal
Yo vengo del grito, de la vida misma,
que ardió en la semilla, del sueño desvelado.
Allá donde la urgencia, del chango, se abisma,
y se vuelve a veces, sueño silenciado.

Vengo del grito, del abuelo gringo
que allá en el año trece, del siglo pasado
ahogó por el surco, su fiesta de domingo
y ofrendó a la tierra, su sudor salado.

Vengo del grito, de la vieja espera
y de aquella infancia siempre postergada.
De la vejez que duerme sin su primavera,
de la mujer que llora, su ilusión quebrada.

Vengo del grito del hombre que mendiga,
y de aquel sin techo, que duerme bajo el puente.
de aquel al que sólo, un perro lo abriga,
detrás de la espalda, de un mundo indiferente.

Vengo desde el grito de esta tierra inquieta,
que cruzó ríos, montes, selvas, valles,
el mismo grito que alzó aquel poeta
el que habló de un niño, que andaba en la calle.

Vengo del grito que dejó en la noche,
el hombre manso, herido por el vino.
De la Madre buena, que calló el reproche,
para abrazar al hijo, que devolvió el camino.

Vengo del grito, de aquel peón hachero,
y del indio pobre, de la tierra perdida.
De aquel gaucho noble, que murió primero,
por no ver su patria, esclava ni vencida.

Vengo de aquel grito, de aquella Argentina
tantas veces viva, nunca tan lejana.
De aquel soldadito, que quedó en Malvinas
como una bandera, alta y soberana.

Vengo desde el grito del viejo coraje,
el coraje hoy roto, herido, vulnerado.
Abre tus oídos, al grito que traje,
que es morir gritando...o subsistir callado.

Marino Fabianesi
 
Última edición:
Yo vengo del grito, de la vida misma,

que ardió en la semilla, del sueño desvelado.
Allá donde la urgencia, del chango, se abisma,
y se vuelve a veces, sueño silenciado.

Vengo del grito, del abuelo gringo
que allá en el año trece, del siglo pasado
ahogó por el surco, su fiesta de domingo
y ofrendó a la tierra, su sudor salado.

Vengo del grito, de la vieja espera
y de aquella infancia siempre postergada.
De la vejez que duerme sin su primavera,
de la mujer que llora, su ilusión quebrada.

Vengo del grito del hombre que mendiga,
y de aquel sin techo, que duerme bajo el puente.
de aquel al que sólo, un perro lo abriga,
detrás de la espalda, de un mundo indiferente.

Vengo desde el grito de esta tierra inquieta,
que cruzó ríos, montes, selvas, valles,
el mismo grito que alzó aquel poeta
el que habló de un niño, que andaba en la calle.

Vengo del grito que dejó en la noche,
el hombre manso, herido por el vino.
De la Madre buena, que calló el reproche,
para abrazar al hijo, que devolvió el camino.

Vengo del grito, de aquel peón hachero,
y del indio pobre, de la tierra perdida.
De aquel gaucho noble, que murió primero,
por no ver su patria, esclava ni vencida.

Vengo de aquel grito, de aquella Argentina
tantas veces viva, nunca tan lejana.
De aquel soldadito, que quedó en Malvinas
como una bandera, alta y soberana.

Vengo desde el grito del viejo coraje,
el coraje hoy roto, herido, vulnerado.
Abre tus oídos, al grito que traje,
que es morir gritando...o subsistir callado.


Marino Fabianesi


una oda por la memoria, un coro de voces ciegas en el tumulto implorando las fuerzas necesarias para no terminar formando parte de las huestes de esa tan repelente tangente del tiempo, el -olvido-.

magnífico, conmovedor.
compadre, salud!
 
Te Agradezco amigo, a veces es difícil transmitir, o hacerse entender. y causa alegría cuando se encuentran corazones tan abiertos. Un abrazo, desde mi corazón.
Marino.
 
Recorriendo la historia desde los que hicieron la verdadera patriada de volvernos libres y soberanos hasta esta patria sobreviviente a tantas auto cachetadas por mesías de barro y por ciegos que no vemos ni nuestras propias muertes lentas.
Hermano, ojalá llegue ese gran grito de patria recuperada y soberana que justifique las tantas muertes que defendieron el nombre de Patria.
Gracias por tus gritos, humanos y profundos.
Un abrazo poeta Marino, hermano.
Daniel
 
Gracias Dani, la noche se presta para este tipo de poesìas, entonces uno se pone(vinito adentro) un poco filosófico y profundo. Gracias nuevamente hermano,
y que cada poesía sea un abrazo nuevo.
Marino.
 
Versos elocuentes y decididos, vigorosos y dignos. Me gustan.
Estrellas todas y un abrazo para ti,:)
 
Gracias Reltih, querido amigo, es una gran alegría compartir esta noche de poesía contigo. Mi corazón se siente complacido de tener comentarios como el tuyo.
Un abrazo...Marino.
 
Gracias Maravillosa Liz, tus palabras tienen la luz de los que aman la poesía. Así que mi alegría es inmensa al tenerte de visita.
Un abrazo, y mil besitos...Marino.
 
que sublime escrito amigo, tiene una fuerza inefable que trasciende la tierra prometida con un grito que mueve los cimientos de esta vida rebelde,
ante la utópica existencia de la que hoy, ya ni siquiera se quiere hablar,
excelente poeta, saludos y estrellas.
 
Sinceramente, te agradezco Mauricio, uno grita a veces. Y no es solamente por gritar, sino por declarar una identidad, sin temor. Yo vengo de esos sentimientos.
Pero con una bandera blanca.
Un abrazo...Marino.
 
no vayas a ser como hortenia, que se molesto por el comentario que deje, así que solo dire: buen poema.
 
No tengo porqué molestarme Azucena, al contrario. Si pasas por aquí serás bien recibida siempre, sea cual sea el comentario que hagas.
Un abrazo, y mil besos...Marino.
 
Marino: qué belleza de canto. Todo un compendio emocionado de la esencia multicolor y multifascética de un pueblo que sufre y lucha diariamente dando de sí lo mejor por el futuro. Hermoso. Un abrazo.
 
Te agradezco, querida Clara, me llenas el corazón de ganas de seguir escribiendo,
un beso grande, grande...Marino.
 
Yo vengo del grito, de la vida misma,
que ardió en la semilla, del sueño desvelado.
Allá donde la urgencia, del chango, se abisma,
y se vuelve a veces, sueño silenciado.

Vengo del grito, del abuelo gringo
que allá en el año trece, del siglo pasado
ahogó por el surco, su fiesta de domingo
y ofrendó a la tierra, su sudor salado.

Vengo del grito, de la vieja espera
y de aquella infancia siempre postergada.
De la vejez que duerme sin su primavera,
de la mujer que llora, su ilusión quebrada.

Vengo del grito del hombre que mendiga,
y de aquel sin techo, que duerme bajo el puente.
de aquel al que sólo, un perro lo abriga,
detrás de la espalda, de un mundo indiferente.

Vengo desde el grito de esta tierra inquieta,
que cruzó ríos, montes, selvas, valles,
el mismo grito que alzó aquel poeta
el que habló de un niño, que andaba en la calle.

Vengo del grito que dejó en la noche,
el hombre manso, herido por el vino.
De la Madre buena, que calló el reproche,
para abrazar al hijo, que devolvió el camino.

Vengo del grito, de aquel peón hachero,
y del indio pobre, de la tierra perdida.
De aquel gaucho noble, que murió primero,
por no ver su patria, esclava ni vencida.

Vengo de aquel grito, de aquella Argentina
tantas veces viva, nunca tan lejana.
De aquel soldadito, que quedó en Malvinas
como una bandera, alta y soberana.

Vengo desde el grito del viejo coraje,
el coraje hoy roto, herido, vulnerado.
Abre tus oídos, al grito que traje,
que es morir gritando...o subsistir callado.

Marino Fabianesi

Qué maravilloso verso has escrito Marino. Representa el grito de los pueblos del mundo, pisados y dominados por las botas imperiales; masacrados, vejados, destruídos en su educación y cultura; destruídas sus riquezas naturales; destruídos en su libertad de expresión, pues no existen medios que quieran escucharlos. Gracias a Dios siempre han contado con mártires que han entregado sus vidas por liberarlos; por poetas como tú que han transmitido la palabra cierta; por ello los pueblos han logrado sobrevivir en medio de tanta ignorancia y atraso. Hoy mismo, en este momento lucha el pueblo Hondureño, eleva sus gritos al mundo para no caer completamente en ese atraso y miseria en que se encontraba, ahora que el Alba estaba llegando. Ahora que se abrían las anchas alamedas como expresó nuestro mártir Allende, ese hermoso pueblo está siendo castigado por la dictadura troglodita-prehistórica que ese pueblo pensó había superado.

Por ello este verso es especial Marino; representa el sufrimiento de los pueblos. Posee además tu verso una maravillosa rima. Te felicito por tu verso bien logrado y cargado de sentimiento.

Recibe aplausos, estrellas, besos y abrazos de Dilia.
 
Gracias Dilia, hermosas palabras me regalas, si...es como tú dices yo tambien me siento una gota de sangre de esta américa desangrada y tantas veces desangrada, pero aquí está mi grito, si de algo sirve, gritar, es algo que no dejaré de hacer nunca.
Aquí te dejo un poema de un compatriota mio, del cual aprendí, que gritar por los derechos del pueblo, es algo que nos está mandado hacer a los poetas.

“Mi canto se hace grito porque el canto
me ha quedado pequeño en la garganta.
Yo traigo el grito de aquel que no ha podido gritar
que lo que gana no le alcanza.
Yo no temo gritar porque este grito
me viene arando el corazón y el aire.
Es el mismo grito que en el Chaco
gritó mi abuelo y no lo escuchó nadie.

Quieren que calle, porque mi silencio
les ayuda a golpear al indefenso,
le tienen miedo al puñal de mi guitarra
y las voces que escucho de los vientos.
Quieren que calle, quieren que tan solo
mi canto hable de amor o de paisajes.
A mi me duele el dolor de tanta gente
que le han talado con hambre su coraje.

Amo el amor de las muchachas dulces,
amo el romance del sáuce con el río.
Pero amo al hombre de la espalda rota
y a su hambre y su dolor los hago mios.
Vengo a gritar aquello que otros callan,
de amor y besos abundan los cantores.
Yo traigo el grito herido de mi pueblo,
no es culpa mia si no traigo flores.
 
Yo vengo del grito, de la vida misma,
que ardió en la semilla, del sueño desvelado.
Allá donde la urgencia, del chango, se abisma,
y se vuelve a veces, sueño silenciado.

Vengo del grito, del abuelo gringo
que allá en el año trece, del siglo pasado
ahogó por el surco, su fiesta de domingo
y ofrendó a la tierra, su sudor salado.

Vengo del grito, de la vieja espera
y de aquella infancia siempre postergada.
De la vejez que duerme sin su primavera,
de la mujer que llora, su ilusión quebrada.

Vengo del grito del hombre que mendiga,
y de aquel sin techo, que duerme bajo el puente.
de aquel al que sólo, un perro lo abriga,
detrás de la espalda, de un mundo indiferente.

Vengo desde el grito de esta tierra inquieta,
que cruzó ríos, montes, selvas, valles,
el mismo grito que alzó aquel poeta
el que habló de un niño, que andaba en la calle.

Vengo del grito que dejó en la noche,
el hombre manso, herido por el vino.
De la Madre buena, que calló el reproche,
para abrazar al hijo, que devolvió el camino.

Vengo del grito, de aquel peón hachero,
y del indio pobre, de la tierra perdida.
De aquel gaucho noble, que murió primero,
por no ver su patria, esclava ni vencida.

Vengo de aquel grito, de aquella Argentina
tantas veces viva, nunca tan lejana.
De aquel soldadito, que quedó en Malvinas
como una bandera, alta y soberana.

Vengo desde el grito del viejo coraje,
el coraje hoy roto, herido, vulnerado.
Abre tus oídos, al grito que traje,
que es morir gritando...o subsistir callado.

Marino Fabianesi

Un placer leerte amigo, mis saludos y te felicito por tu tema excelente.
 
Infinitas gracias Blanca, me llenas el alma de ganas de seguir escribiendo. Siempre te estaré agradecido. Un abrazo...Marino.
 
Gracias Marino, es hermoso el verso que me regalas de tu amigo, con razón aprendiste tanto, la rima y el sentido de tu verso tiene un toque especial. Abrazos de Dilia.
 
El agradecimiento es mio, Dilia. Por acercarte a este humilde aposento, donde la poesía es un fueguito, que trato de soplar cada dia, para que no se apague, gracias por darme fuerzas para soplar.
Marino.
 

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