Yo vengo del grito, de la vida misma,
que ardió en la semilla, del sueño desvelado.
Allá donde la urgencia, del chango, se abisma,
y se vuelve a veces, sueño silenciado.
que ardió en la semilla, del sueño desvelado.
Allá donde la urgencia, del chango, se abisma,
y se vuelve a veces, sueño silenciado.
Vengo del grito, del abuelo gringo
que allá en el año trece, del siglo pasado
ahogó por el surco, su fiesta de domingo
y ofrendó a la tierra, su sudor salado.
que allá en el año trece, del siglo pasado
ahogó por el surco, su fiesta de domingo
y ofrendó a la tierra, su sudor salado.
Vengo del grito, de la vieja espera
y de aquella infancia siempre postergada.
De la vejez que duerme sin su primavera,
de la mujer que llora, su ilusión quebrada.
y de aquella infancia siempre postergada.
De la vejez que duerme sin su primavera,
de la mujer que llora, su ilusión quebrada.
Vengo del grito del hombre que mendiga,
y de aquel sin techo, que duerme bajo el puente.
de aquel al que sólo, un perro lo abriga,
detrás de la espalda, de un mundo indiferente.
y de aquel sin techo, que duerme bajo el puente.
de aquel al que sólo, un perro lo abriga,
detrás de la espalda, de un mundo indiferente.
Vengo desde el grito de esta tierra inquieta,
que cruzó ríos, montes, selvas, valles,
el mismo grito que alzó aquel poeta
el que habló de un niño, que andaba en la calle.
que cruzó ríos, montes, selvas, valles,
el mismo grito que alzó aquel poeta
el que habló de un niño, que andaba en la calle.
Vengo del grito que dejó en la noche,
el hombre manso, herido por el vino.
De la Madre buena, que calló el reproche,
para abrazar al hijo, que devolvió el camino.
el hombre manso, herido por el vino.
De la Madre buena, que calló el reproche,
para abrazar al hijo, que devolvió el camino.
Vengo del grito, de aquel peón hachero,
y del indio pobre, de la tierra perdida.
De aquel gaucho noble, que murió primero,
por no ver su patria, esclava ni vencida.
y del indio pobre, de la tierra perdida.
De aquel gaucho noble, que murió primero,
por no ver su patria, esclava ni vencida.
Vengo de aquel grito, de aquella Argentina
tantas veces viva, nunca tan lejana.
De aquel soldadito, que quedó en Malvinas
como una bandera, alta y soberana.
tantas veces viva, nunca tan lejana.
De aquel soldadito, que quedó en Malvinas
como una bandera, alta y soberana.
Vengo desde el grito del viejo coraje,
el coraje hoy roto, herido, vulnerado.
Abre tus oídos, al grito que traje,
que es morir gritando...o subsistir callado.
el coraje hoy roto, herido, vulnerado.
Abre tus oídos, al grito que traje,
que es morir gritando...o subsistir callado.
Marino Fabianesi
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