Habitación de hotel

penabad57

Poeta veterano en el portal
Hay un lenguaje de adioses,
una música de timbal
y una voz neutra.

El aeropuerto languidece
como un gran pájaro dormido,
dos de la madrugada,
las luces parpadean sin fe,
la brisa se arropa
en los semáforos,
calles fósiles,
el brillo de la luna
y el silencio de la noche
como un gato en celo.

El hotel es una flor blanca,
cartón piedra,
cal y la nomenclatura del ardid,
la playa y su ronquido
de olas clandestinas.

Qué duerman bien los señores
-se despide con amabilidad de plástico,
el veterano cómitre,
diligente-.

Habitación catorce
-mi amor-
tercera planta,
sin vistas.
 
Última edición:
Hay un lenguaje de adioses,
una música de timbal
y una voz neutra.

El aeropuerto languidece
como un gran pájaro dormido,
dos de la madrugada,
las luces parpadean sin fe,
la brisa se arropa
en los semáforos,
calles fósiles,
el brillo de la luna
y el silencio de la noche
como un gato en celo.

El hotel es una flor blanca,
cartón piedra,
cal y la nomenclatura del ardid,
la playa y su ronquido
de olas clandestinas.

Qué duerman bien los señores
-se despide con amabilidad de plástico,
el veterano cómitre,
diligente-.

Habitación catorce
-mi amor-
tercera planta,
sin vistas.

Hola amigo poeta. Me place tu narración original. Saludo afectuoso de Julius.
 
Hay un lenguaje de adioses,
una música de timbal
y una voz neutra.

El aeropuerto languidece
como un gran pájaro dormido,
dos de la madrugada,
las luces parpadean sin fe,
la brisa se arropa
en los semáforos,
calles fósiles,
el brillo de la luna
y el silencio de la noche
como un gato en celo.

El hotel es una flor blanca,
cartón piedra,
cal y la nomenclatura del ardid,
la playa y su ronquido
de olas clandestinas.

Qué duerman bien los señores
-se despide con amabilidad de plástico,
el veterano cómitre,
diligente-.

Habitación catorce
-mi amor-
tercera planta,
sin vistas.



Hay imágenes que impactan.

Grandioso tu poema.

Un placer leerte compañero.

Felices días!
 
Hay un lenguaje de adioses,
una música de timbal
y una voz neutra.

El aeropuerto languidece
como un gran pájaro dormido,
dos de la madrugada,
las luces parpadean sin fe,
la brisa se arropa
en los semáforos,
calles fósiles,
el brillo de la luna
y el silencio de la noche
como un gato en celo.

El hotel es una flor blanca,
cartón piedra,
cal y la nomenclatura del ardid,
la playa y su ronquido
de olas clandestinas.

Qué duerman bien los señores
-se despide con amabilidad de plástico,
el veterano cómitre,
diligente-.

Habitación catorce
-mi amor-
tercera planta,
sin vistas.
Queda esa imagen del hotel..., esos elementos conformados y el recuerdo de esa
pluma que se envuelve en las descripciones exactad para llamar la atencion
a ese amor en vuelo. excelente. saludos amables de luzyabsenta
 

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