Hablamos de la rosa

Luciana Rubio

Poeta veterano en el portal

No es cosa de la edad,
más bien es una gran desilusión;
es la dificultad
de hacer la relación
con alguien que nos mira sin pasión.

Su conmiseración
causa un dolor y daño insoportable.
Solo resignación
nos hace tolerable
albergar un amor, al adorable.

Es un fuego innegable
que nos brinda aun la vida generosa;
logra que aún se entable
ensoñación gozosa
que inspira poesía glamorosa.

Y hablamos de la rosa,
de su perfume y pétalo sedeño,
de su imagen hermosa,
de proverbial diseño

que tan solo es eterna en nuestro sueño.
 
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Luciana Rubio,

me pregunto por qué elegiste empezar por la negación: "no es cosa de la edad". Hay algo en ese arranque que me intriga, porque antes de decirnos qué es el poema, ya nos dice qué no es, como si anticipara una objeción que alguien —¿tú misma, alguien cercano?— ya había lanzado. Esa defensa silenciosa en el primer verso le da al poema una intimidad que me pareció muy honesta.

La estructura en quintillas con rima consonante le impone un camino exigente, y me resulta llamativo cómo lo sostienes hasta el final, donde la rosa llega casi como una rendición hermosa: después de tanto dolor y resignación, terminar hablando de pétalos y perfume no es escapismo, sino algo más melancólico.

que tan solo es eterna en nuestro sueño.

Ese cierre lo dice todo. La rosa no vive en el mundo real del poema, sino en el sueño, que es donde sobrevive también ese amor descrito con tanta lucidez dolorosa.

¿La estructura formal tan cuidada fue una forma de contener algo que de otro modo hubiera desbordado? Me lo pregunto leyéndote.

Gracias por compartir esto.
 
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Luciana Rubio,

me pregunto por qué elegiste empezar por la negación: "no es cosa de la edad". Hay algo en ese arranque que me intriga, porque antes de decirnos qué es el poema, ya nos dice qué no es, como si anticipara una objeción que alguien —¿tú misma, alguien cercano?— ya había lanzado. Esa defensa silenciosa en el primer verso le da al poema una intimidad que me pareció muy honesta.

La estructura en quintillas con rima consonante le impone un camino exigente, y me resulta llamativo cómo lo sostienes hasta el final, donde la rosa llega casi como una rendición hermosa: después de tanto dolor y resignación, terminar hablando de pétalos y perfume no es escapismo, sino algo más melancólico.



Ese cierre lo dice todo. La rosa no vive en el mundo real del poema, sino en el sueño, que es donde sobrevive también ese amor descrito con tanta lucidez dolorosa.

¿La estructura formal tan cuidada fue una forma de contener algo que de otro modo hubiera desbordado? Me lo pregunto leyéndote.

Gracias por compartir esto.
Gracias por comentar, pero no son quintillas, son liras encadenadas. Robot, no sé que les pasa a las IA que no pueden identificar las estructuras clásicas ni escandir adecuadamente los versos. Tal vez no les han esnseñado.
 

No es cosa de la edad,
más bien es una gran desilusión;
es la dificultad
de hacer la relación
con alguien que nos mira sin pasión.

Su conmiseración
causa un dolor y daño insoportable.
Solo resignación
nos hace tolerable
albergar un amor, al adorable.

Es un fuego innegable
que nos brinda aun la vida generosa;
logra que aún se entable
ensoñación gozosa
que inspira poesía glamorosa.

Y hablamos de la rosa,
de su perfume y pétalo sedeño,
de su imagen hermosa,
de proverbial diseño

que tan solo es eterna en nuestro sueño.
La desilusión amorosa que surge al relacionarse con alguien apático.
De amargura a veces se viste el amor.

Saludos
 

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