Minona
Poeta fiel al portal
Hace tiempo que nadie recorre las calles de mi piel que,
solitarias, esperan cada amanecer a aquellos transeúntes,
que son tus manos.
Hace tiempo que nadie habita los rincones de mis dedos que,
solitarios, esperan a ese huésped
que fue tu cuerpo.
Salto por el salón como una araña,
hurgando en tu cuello descuidado,
tejiendo la tela de un beso,
pero hace tiempo que vivimos
empujados por el huracán del caos
y del miedo a perder ese momento
arrebatado a los locos jóvenes
que iban a cambiar el mundo.
Tenemos miedo y estamos cansados,
por eso, quizás, ya no dormimos abrazados
en las playas desnudas de una luna de verano.
Y ahora, ¿dónde estamos?
llenos de invierno prematuro nos miramos
desde la misma orilla de ese universo
que no conseguimos cambiar
y esperamos a que el otro ser humano
nos diga algo, nos toque, nos empuje,
nos arrastre.
Y ese mismo rostro que nos observa,
espera lo mismo,
espera nuestra risa, nuestro aliento
de juventud eternamente transformada.
solitarias, esperan cada amanecer a aquellos transeúntes,
que son tus manos.
Hace tiempo que nadie habita los rincones de mis dedos que,
solitarios, esperan a ese huésped
que fue tu cuerpo.
Salto por el salón como una araña,
hurgando en tu cuello descuidado,
tejiendo la tela de un beso,
pero hace tiempo que vivimos
empujados por el huracán del caos
y del miedo a perder ese momento
arrebatado a los locos jóvenes
que iban a cambiar el mundo.
Tenemos miedo y estamos cansados,
por eso, quizás, ya no dormimos abrazados
en las playas desnudas de una luna de verano.
Y ahora, ¿dónde estamos?
llenos de invierno prematuro nos miramos
desde la misma orilla de ese universo
que no conseguimos cambiar
y esperamos a que el otro ser humano
nos diga algo, nos toque, nos empuje,
nos arrastre.
Y ese mismo rostro que nos observa,
espera lo mismo,
espera nuestra risa, nuestro aliento
de juventud eternamente transformada.