Desde el borde,
hacia los truenos.
Empapados yacíamos.
Perplejos.
Infantiles.
Ya no fue la fatiga.
Ya no fue aquel cansancio.
Porque nos vimos ciertos.
Y más que ciertos,
siendo,
y nada más que aliento,
viento.
Esta vez no preguntamos
por los que se quedaron
en la vías,
esperando un detalle,
una alcancía,
un mundo cierto y a la mano
del cuervo que se devora la valía.
Esta vez nos callamos,
sin perder la memoria.
Todo nos une y nos trasciende.
Sólo presente puedo darte.
La espuma sube por la cañada.
El carcelero derribó mi tienda,
Pero nunca me vio.
Ahora soy forastero
Y cuento estrellas
cuando duermo.
El universo es mi morada.
Ya se anuncia el otoño
en el poniente.
Princesita de oriente:
Aquí la gente muere
sin saber abrazar.
hacia los truenos.
Empapados yacíamos.
Perplejos.
Infantiles.
Ya no fue la fatiga.
Ya no fue aquel cansancio.
Porque nos vimos ciertos.
Y más que ciertos,
siendo,
y nada más que aliento,
viento.
Esta vez no preguntamos
por los que se quedaron
en la vías,
esperando un detalle,
una alcancía,
un mundo cierto y a la mano
del cuervo que se devora la valía.
Esta vez nos callamos,
sin perder la memoria.
Todo nos une y nos trasciende.
Sólo presente puedo darte.
La espuma sube por la cañada.
El carcelero derribó mi tienda,
Pero nunca me vio.
Ahora soy forastero
Y cuento estrellas
cuando duermo.
El universo es mi morada.
Ya se anuncia el otoño
en el poniente.
Princesita de oriente:
Aquí la gente muere
sin saber abrazar.