Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Digamos que los buenos ratos fueron más,
como cuando me sonreías hasta con el escote
y se me olvidada parpadear, respirar,
y era lo mismo que estar de acuerdo en
no morir nunca
durante la siguiente media hora,
o como cuando me pedías que te dijera alguna tontería
que entendieras solo como cuando sientes sed
o ganas de llorar,
como si fuera verdad que el corazón y los pétalos
fueran asunto del apego a mirarnos y tenernos,
como si la fragilidad abriera bocas para atesorar silencios,
como si la suma de nuestras manos
nos salvara de caer en nuestras sombras.
Y era verdad porque tú lo creías, como crees en cosas insensatas,
lo mismo en el álgebra que en las conjunciones,
y yo juro que alguna vez vi a todas las lámparas del pueblo
apagarse en tus ojos,
como si el negro más brillante en ese fondo de posibilidad
fuera a reventar en una luciérnaga, en un Big Bang.
Acordemos que los malos ratos fueron pocos,
pero que se reunieron de último momento
hasta sumar uno solo, corolario, testamento de agravios,
esperar la media vuelta para soltar el llanto,
y esperar que no fuera cierto el no vernos nunca más.
Y también fue verdad.
Entonces, sí, el tiempo sigue siendo todo el tiempo,
y el nunca, para siempre, jamás.
Los buenos momentos fueron pocos, pero únicos.
como cuando me sonreías hasta con el escote
y se me olvidada parpadear, respirar,
y era lo mismo que estar de acuerdo en
no morir nunca
durante la siguiente media hora,
o como cuando me pedías que te dijera alguna tontería
que entendieras solo como cuando sientes sed
o ganas de llorar,
como si fuera verdad que el corazón y los pétalos
fueran asunto del apego a mirarnos y tenernos,
como si la fragilidad abriera bocas para atesorar silencios,
como si la suma de nuestras manos
nos salvara de caer en nuestras sombras.
Y era verdad porque tú lo creías, como crees en cosas insensatas,
lo mismo en el álgebra que en las conjunciones,
y yo juro que alguna vez vi a todas las lámparas del pueblo
apagarse en tus ojos,
como si el negro más brillante en ese fondo de posibilidad
fuera a reventar en una luciérnaga, en un Big Bang.
Acordemos que los malos ratos fueron pocos,
pero que se reunieron de último momento
hasta sumar uno solo, corolario, testamento de agravios,
esperar la media vuelta para soltar el llanto,
y esperar que no fuera cierto el no vernos nunca más.
Y también fue verdad.
Entonces, sí, el tiempo sigue siendo todo el tiempo,
y el nunca, para siempre, jamás.
Los buenos momentos fueron pocos, pero únicos.
08 de julio de 2022
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