Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡¿Has comido hambre?!,
desde una calle dolorida
donde la noche no se acuesta
y recorre mesas de bares con una flor que vender,
y se come las calles presentando un papel
pues no sabe leer,
la mirada dulce detrás de la tristeza
que le dan las tripas a doler,
sube a los buses en este invierno
ofreciendo chocolates a cien
con su voz carraspeando el cansancio del día recién.
¡¿Has comido miedos?!,
desde un puente oscuro donde llegas a dormir,
iluminado sólo por el neón,
la noche es fría más prefiere proseguir
pues el frío congela las ropas que alcanzó a vestir,
sosteniendo en una mano la rosa
y en la otra la desazón,
le veo esperando detrás del bar,
donde consiguió vender sólo una flor,
se adelanta a los perros con sus pasos cortos,
haber si su estomago consigue atenuar el dolor.
Me aniquilas el corazón
y yo no hago nada para mitigar tu dolor,
pasmado me quedo mirando tu clamor,
más me confieso inútil para ofender tu candor,
que se empina en los seis,
te he robado en mis versos tu canción,
canción amarga de mi ciudad,
que callada te esconde sin nombrar.
desde una calle dolorida
donde la noche no se acuesta
y recorre mesas de bares con una flor que vender,
y se come las calles presentando un papel
pues no sabe leer,
la mirada dulce detrás de la tristeza
que le dan las tripas a doler,
sube a los buses en este invierno
ofreciendo chocolates a cien
con su voz carraspeando el cansancio del día recién.
¡¿Has comido miedos?!,
desde un puente oscuro donde llegas a dormir,
iluminado sólo por el neón,
la noche es fría más prefiere proseguir
pues el frío congela las ropas que alcanzó a vestir,
sosteniendo en una mano la rosa
y en la otra la desazón,
le veo esperando detrás del bar,
donde consiguió vender sólo una flor,
se adelanta a los perros con sus pasos cortos,
haber si su estomago consigue atenuar el dolor.
Me aniquilas el corazón
y yo no hago nada para mitigar tu dolor,
pasmado me quedo mirando tu clamor,
más me confieso inútil para ofender tu candor,
que se empina en los seis,
te he robado en mis versos tu canción,
canción amarga de mi ciudad,
que callada te esconde sin nombrar.