charlie ía
tru váyolens
hasekura tsunenaga
no pueden culparnos por pensar
que hasekura
observó con paciencia proverbial a las olas
reduciendo cada gramo diminuto
simplemente
a la dimensión de polvo de estrellas
quizás luego
se sentó cruzado de piernas
a la manera antigua del samurai
a disfrutar de un roncito con un gajo de limón
mezclándose en medio de la cumbia del océano,
imaginando talvez que miraba
a la mismísima susana san juan a los ojos:
antes de descifrar lo que
la palabra mesoamérica significaba.
pues entonces, aquellos que experimentamos
a las arenas opuestas
hasta podríamos llegar a conciliar
el hallazgo del amor y el odio
en una sola mirada
e incluso, el volver a descubrir a la pupila del deseo.
ahora, las expresiones incomprensibles
de sabiduría malgastada
en un contexto
de intolerable sobriedad
requieren golpear a las arenas del desierto
con algo más que un poco de paciencia,
desde el lado opuesto a los estúpidos
que se babean en doscientos ochenta caracteres
anhelando apenas
una palmadita en la espalda.
no pueden culparnos por pensar
que hasekura
observó con paciencia proverbial a las olas
reduciendo cada gramo diminuto
simplemente
a la dimensión de polvo de estrellas
- pero no del lado
que seguramente vos pensás.
que seguramente vos pensás.
quizás luego
se sentó cruzado de piernas
a la manera antigua del samurai
a disfrutar de un roncito con un gajo de limón
mezclándose en medio de la cumbia del océano,
imaginando talvez que miraba
a la mismísima susana san juan a los ojos:
antes de descifrar lo que
la palabra mesoamérica significaba.
pues entonces, aquellos que experimentamos
a las arenas opuestas
hasta podríamos llegar a conciliar
el hallazgo del amor y el odio
en una sola mirada
e incluso, el volver a descubrir a la pupila del deseo.
ahora, las expresiones incomprensibles
de sabiduría malgastada
- clase media
ventana sin lluvia
tersura
de unos muslos despiertos-
de intolerable sobriedad
requieren golpear a las arenas del desierto
con algo más que un poco de paciencia,
desde el lado opuesto a los estúpidos
que se babean en doscientos ochenta caracteres
anhelando apenas
una palmadita en la espalda.