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Hermanos

penabad57

Poeta veterano en el portal
Vosotras, las que saltáis el árbol de los sueños con trenzas de niña:

tú la que amanecía con el sol negro en las pupilas, tú y tu breve tez

alba, rubio cáliz de un azar genealógico y tú la que holló la primavera

con los ojos rasgados y nunca pregunto por qué el silencio

caía como un alud sobre su corazón en llamas.



Vosotros, que rasgáis los velos de la quietud, tú el muro que alienta

bajo un equinoccio sin ecuador, sereno y noble como un barco

en el río fugaz de la costumbre, tú el de la voz que se eleva

desde la mínima estatura de tu sitio en el azar,

lo mismo que una bandera recorriendo el mástil de la luz.



Hermanos y hermanas que aún lloráis por el ayer de las amapolas

en nuestro jardín silvestre, venid a mí si la nostalgia es un telar

compartido donde los rostros de la niñez se enhebran en un tapiz

al que la memoria regala el secreto en ciernes de la flor más viva.
 
Última edición:
Vosotras, las que saltáis el árbol de los sueños con trenzas de niña:

tú la que amanecía con el sol negro en las pupilas, tú y tu breve tez

alba, rubio cáliz de un azar genealógico y tú la que holló la primavera

con los ojos rasgados y nunca preguntó por qué el silencio

caía como un alud sobre su corazón en llamas.



Vosotros, que rasgáis los velos de la quietud, tú el muro que alienta

bajo un equinoccio sin ecuador, sereno y noble como un barco

en el río fugaz de la costumbre, tú el de la voz que se eleva

desde la mínima estatura de tu sitio en el azar,

lo mismo que una bandera recorriendo el mástil de la luz.



Hermanos y hermanas que aún lloráis por el ayer de las amapolas

en nuestro jardín silvestre, venid a mí si la nostalgia es un telar

compartido donde los rostros de la niñez se enhebran en un tapiz

al que la memoria regala el secreto en ciernes de la flor más viva.

Los hermanos son la primera sociedad en la que nos desenvolvemos y enfrentamos. Y a pesar de los cambios posteriores los recuerdos son imborrables.
Un abrazo, Ramón.
 
Vosotras, las que saltáis el árbol de los sueños con trenzas de niña:

tú la que amanecía con el sol negro en las pupilas, tú y tu breve tez

alba, rubio cáliz de un azar genealógico y tú la que holló la primavera

con los ojos rasgados y nunca pregunto por qué el silencio

caía como un alud sobre su corazón en llamas.



Vosotros, que rasgáis los velos de la quietud, tú el muro que alienta

bajo un equinoccio sin ecuador, sereno y noble como un barco

en el río fugaz de la costumbre, tú el de la voz que se eleva

desde la mínima estatura de tu sitio en el azar,

lo mismo que una bandera recorriendo el mástil de la luz.



Hermanos y hermanas que aún lloráis por el ayer de las amapolas

en nuestro jardín silvestre, venid a mí si la nostalgia es un telar

compartido donde los rostros de la niñez se enhebran en un tapiz

al que la memoria regala el secreto en ciernes de la flor más viva.
Maravilla de poema, imágenes esplendorosas. El telar, imagen memorable. Un placer leerte.
 
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