Brise
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me alcanza la distancia como en otros inviernos;
desmembrar el corazón cuando es necesario
y dejar brotar todo el óxido por los días que callaré,
estos dedos trémulos cortan la piel.
Comemos lo que nos dejan aspirar;
la mueca vacía y el vicio
aprietan la cadena de los débiles.
La cárcel traspasa y gastarse en escribir
sobre las torturas o lo que deprime a los hombres,
enciende el rencor y el odio,
porque secuestraron la expresión
de sentimientos genuinos e íntimos.
Subyugar y confundir viven sin rebelión.
En mediodías carentes de protagonismo,
animados a la barbarie, a la mediocridad
llevamos la condena como un niño cargado.
El desenfreno provocado por el poder y la moneda,
sonríen como los últimos héroes
de los que duermen tranquilos.
Los inocentes cobran las rabietas y los látigos
para que otros conserven los puestos fijos
con los productos acordados.
La sociedad miserable hemos construido,
hipotecados por la hipocresía
desalojamos hasta la ironía.
La hiedra espinosa embiste las calles
y juzgan los políticos si intentas comerla.