musador
esperando...
Se está poniendo de moda
la guasa inmisericorde,
caminando por el borde
de las frágiles cornisas,
hablando sin cortapisas
con algún cínico acorde.
Es cierto que si la crítica
ejercida con mesura
se tropieza con la oscura
noche de sordos oídos,
la burla encuentra sus nidos:
cucaracha en la basura.
No seré yo quien propicie
la línea del justo medio:
es el camino hacia el tedio
empedrado con mentiras,
ni las más horribles liras
llorarán bajo su asedio.
Y sin embargo la duda
me aqueja de cuando en cuando:
el sol no se está acabando,
¿no habrá lugar para todos?
¿No serán los malos modos
el camino más nefando?
Cuando las manos impías
invocan a lo sagrado
para lustrar el cromado
de su chatarra dilecta,
hay algo en mí que se infecta
con un rencor acendrado.
Paciencia, Jorge, paciencia,
con voz anciana me digo,
sin la paja no habrá trigo,
aunque hay incendios por suerte
donde el rayo de la muerte
nos trae su justo castigo.
Cómo me cansa el silencio
con sus siniestros clamores,
cómo me ahogan las flores
que en las tumbas se marchitan
mientras los muertos meditan
sobre sus dulces amores.
la guasa inmisericorde,
caminando por el borde
de las frágiles cornisas,
hablando sin cortapisas
con algún cínico acorde.
Es cierto que si la crítica
ejercida con mesura
se tropieza con la oscura
noche de sordos oídos,
la burla encuentra sus nidos:
cucaracha en la basura.
No seré yo quien propicie
la línea del justo medio:
es el camino hacia el tedio
empedrado con mentiras,
ni las más horribles liras
llorarán bajo su asedio.
Y sin embargo la duda
me aqueja de cuando en cuando:
el sol no se está acabando,
¿no habrá lugar para todos?
¿No serán los malos modos
el camino más nefando?
Cuando las manos impías
invocan a lo sagrado
para lustrar el cromado
de su chatarra dilecta,
hay algo en mí que se infecta
con un rencor acendrado.
Paciencia, Jorge, paciencia,
con voz anciana me digo,
sin la paja no habrá trigo,
aunque hay incendios por suerte
donde el rayo de la muerte
nos trae su justo castigo.
Cómo me cansa el silencio
con sus siniestros clamores,
cómo me ahogan las flores
que en las tumbas se marchitan
mientras los muertos meditan
sobre sus dulces amores.