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  • Herramienta de Métrica Española mejorada

    Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →

Infancia con mi madre




Recuerdo cuales fueron las rutinas
de nuestra casa llena con tu esencia,
voces que no supieron ser mezquinas
creciendo sanas por tu providencia.
Grabadas se quedaron en retinas
rendidas a tu cálida presencia.
Apenas si me basta breve pausa
para volver atrás por justa causa.

La radio con volumen estridente,
el agudo silbido de teteras,
el aroma del pan aún caliente,
las alarmas de risas tempraneras.
Le quitabas frazadas al durmiente,
anunciaban tus faldas primaveras,
leyendo la cartilla a mis hermanos.
Tus piernas hasta el cielo, meridianos.

Al pasar amoldado de estaciones
estrujaban tus manos al invierno,
silbabas, nunca supe qué canciones,
con gracia rechazabas lo moderno.
Tendías ropa bajo nubarrones,
desplegabas tu encanto, don materno.
Las tinajas de piedra estaban llenas,
las llaves goteaban por tus venas.

Ahogaban sonidos y hasta gritos
en paredes contiguas problemáticas.
Con interés veías mis escritos,
mis pequeñas hazañas matemáticas,
mis diseños de mundos infinitos.
¿Fueron motivos para tus orgullos?
¿Eran mis sueños copias de los tuyos?

En el patio tan lleno de tesoros,
chicos, grandes, plumíferos, peludos
perros, gatos, gallinas, patos, loros,
hormigas, moscas, grillos y zancudos.
A todas horas se escuchaban coros
que con el tiempo se quedaron mudos.
Coronaban a veces los ramales,
gorriones, golondrinas y zorzales.

Escogida y nutrida plantación
a base de natura, recetario,
aguas de menta, toronjil, cedrón,
un enfermo pasaba por usuario,
poleo y té con gotas de limón,
al rescate secreto milenario.
Adiós indigestión febril resfrío,
de vuelta al ruedo con un nuevo brío.

La mesa fue testigo con los años
del desfile de sillas y utensilios,
de manteles que luego fueron paños,
sentados viendo series, los idilios,
con tanto personal y pocos baños,
sobraban tus cuidados, tus auxilios.
Y nos quedábamos así dormidos,
envueltos otra vez en nuestros nidos.

Aprendimos de ti la austeridad,
del sencillo pasar sin tontos lujos.
Ir por la luz en vez de oscuridad,
abrir ventanas como hacer dibujos
cada vez con mayor complejidad,
héroes enfrentados a sus brujos
Visto así, tu cariño fue palpable
y fue el amor tu cara más amable.

Cedieron tus tutelas a pizarras,
en los libros estaban las respuestas,
con la mente doblábamos las barras
de falsas enseñanzas o supuestas.
Lento fuiste soltando las amarras,
sabías de tus prácticas modestas.
De la infancia quedaba suave título
cerrándose con él mejor capítulo.



 
Última edición:
Recuerdo cuales fueron las rutinas
de nuestra casa llena con tu esencia,
voces que no supieron ser mezquinas
creciendo sanas por tu providencia.
Grabadas se quedaron en retinas
rendidas a tu cálida presencia.
Apenas si me basta breve pausa
para volver atrás por justa causa.

La radio con volumen estridente,
el agudo silbido de teteras,
el aroma del pan aún caliente,
las alarmas de risas tempraneras.
Le quitabas frazadas al durmiente,
anunciaban tus faldas primaveras,
leyendo la cartilla a mis hermanos.
Tus piernas hasta el cielo, meridianos.

Al pasar amoldado de estaciones
estrujaban tus manos al invierno,
silbabas, nunca supe qué canciones,
con gracia rechazabas lo moderno.
Tendías ropa bajo nubarrones,
desplegabas tu encanto, don materno.
Las tinajas de piedra estaban llenas,
las llaves goteaban por tus venas.

Ahogaban sonidos y hasta gritos
en paredes contiguas problemáticas.
Con interés veías mis escritos,
mis pequeñas hazañas matemáticas,
mis diseños de mundos infinitos.
¿Fueron motivos para tus orgullos?
¿Eran mis sueños copias de los tuyos?

En el patio tan lleno de tesoros,
chicos, grandes, plumiferos, peludos
perros, gatos, gallinas, patos, loros,
hormigas, moscas, grillos y zancudos.
A todas horas se escuchaban coros
que con el tiempo se quedaron mudos.
Coronaban a veces los ramales,
gorriones, golondrinas y zorzales.

Escogida y nutrida plantación
a base de natura, recetario,
aguas de menta, toronjil, cedrón,
un enfermo pasaba por usuario,
poleo y té con gotas de limón,
al rescate secreto milenario.
Adiós indigestión febril resfrío,
de vuelta al ruedo con un nuevo brío.

La mesa fue testigo con los años
del desfile de sillas y utensilios,
de manteles que luego fueron paños,
sentados viendo series, los idilios,
con tanto personal y pocos baños,
sobraban tus cuidados, tus auxilios.
Y nos quedábamos así dormidos,
envueltos otra vez en nuestros nidos.

Aprendimos de ti la austeridad,
del sencillo pasar sin tontos lujos.
Ir por la luz en vez de oscuridad,
abrir ventanas como hacer dibujos
cada vez con mayor complejidad,
héroes enfrentados a sus brujos
Visto así, tu cariño fue palpable
y fue el amor tu cara más amable.

Cedieron tus tutelas a pizarras,
en los libros estaban las respuestas,
con la mente doblábamos las barras
de falsas enseñanzas o supuestas.
Lento fuiste soltando las amarras,
sabías de tus prácticas modestas.
De la infancia quedaba suave título
cerrándose con él mejor capitulo.​
Este poema, escrito en octavas reales nacidas de las entrañas, merece algo más que esta visita breve. Prometo, estimado Sergio, que volveré para comentarlo como debe ser. Estoy algo aquejado de salud, pero hoy he comenzado mi día de manera muy especial. Me sorprende gratamente el abordaje que has hecho a esta forma poética. Más tarde volveré para que contarte, de la manera más objetiva posible, lo que pienso de tu interesante, sensible y extraordinario trabajo. ¡Nos vemos!
 


Recuerdo cuales fueron las rutinas
de nuestra casa llena con tu esencia,
voces que no supieron ser mezquinas
creciendo sanas por tu providencia.
Grabadas se quedaron en retinas
rendidas a tu cálida presencia.
Apenas si me basta breve pausa
para volver atrás por justa causa.

La radio con volumen estridente,
el agudo silbido de teteras,
el aroma del pan aún caliente,
las alarmas de risas tempraneras.
Le quitabas frazadas al durmiente,
anunciaban tus faldas primaveras,
leyendo la cartilla a mis hermanos.
Tus piernas hasta el cielo, meridianos.

Al pasar amoldado de estaciones
estrujaban tus manos al invierno,
silbabas, nunca supe qué canciones,
con gracia rechazabas lo moderno.
Tendías ropa bajo nubarrones,
desplegabas tu encanto, don materno.
Las tinajas de piedra estaban llenas,
las llaves goteaban por tus venas.

Ahogaban sonidos y hasta gritos
en paredes contiguas problemáticas.
Con interés veías mis escritos,
mis pequeñas hazañas matemáticas,
mis diseños de mundos infinitos.
¿Fueron motivos para tus orgullos?
¿Eran mis sueños copias de los tuyos?

En el patio tan lleno de tesoros,
chicos, grandes, plumíferos, peludos
perros, gatos, gallinas, patos, loros,
hormigas, moscas, grillos y zancudos.
A todas horas se escuchaban coros
que con el tiempo se quedaron mudos.
Coronaban a veces los ramales,
gorriones, golondrinas y zorzales.

Escogida y nutrida plantación
a base de natura, recetario,
aguas de menta, toronjil, cedrón,
un enfermo pasaba por usuario,
poleo y té con gotas de limón,
al rescate secreto milenario.
Adiós indigestión febril resfrío,
de vuelta al ruedo con un nuevo brío.

La mesa fue testigo con los años
del desfile de sillas y utensilios,
de manteles que luego fueron paños,
sentados viendo series, los idilios,
con tanto personal y pocos baños,
sobraban tus cuidados, tus auxilios.
Y nos quedábamos así dormidos,
envueltos otra vez en nuestros nidos.

Aprendimos de ti la austeridad,
del sencillo pasar sin tontos lujos.
Ir por la luz en vez de oscuridad,
abrir ventanas como hacer dibujos
cada vez con mayor complejidad,
héroes enfrentados a sus brujos
Visto así, tu cariño fue palpable
y fue el amor tu cara más amable.

Cedieron tus tutelas a pizarras,
en los libros estaban las respuestas,
con la mente doblábamos las barras
de falsas enseñanzas o supuestas.
Lento fuiste soltando las amarras,
sabías de tus prácticas modestas.
De la infancia quedaba suave título
cerrándose con él mejor capítulo.



Me hace recorrer un camino ya transitado. Muchas gracias por compartir.
Abrazo, Sergio.
 
¿Ahora sí es a tu madre- madre? Pues ha sido fuente de un amplísimo caudal de inspiración. Creo que ha dado suficiente para transitar a lo largo y ancho de toda tu infancia.
Aprovecho y te felicito. Si lo he hecho antes, pues te refelicito, que mas vale que sobre.
Un abrazo.
 
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