Inocencia perdida

Alberto Alcoventosa

Poeta adicto al portal
Nunca olvidaré aquel día
que, del tiempo, la inclemencia,
en casa nos recluía,
esclavos de la impaciencia.

Juntos nos acurrucamos
cerca de la chimenea
y, allí, las horas pasamos,
mientras ardía una tea.

Herida por mil flechazos,
me regalaste tu flor,
arrojándote a mis brazos,
despreciando tu candor.

Yo, faltando a la prudencia,
me aproveché de tu ardor
y, el umbral de tu inocencia,
atravesé, sin pudor.



 
Nunca olvidaré aquel día
que, del tiempo, la inclemencia,
en casa nos recluía,
esclavos de la impaciencia.

Juntos nos acurrucamos
cerca de la chimenea
y, allí, las horas pasamos,
mientras ardía una tea.

Herida por mil flechazos,
me regalaste tu flor,
arrojándote a mis brazos,
despreciando tu candor.

Yo, faltando a la prudencia,
me aproveché de tu ardor
y, el umbral de tu inocencia,
atravesé, sin pudor.




Hermoso....si fue acuerdo mutuo, no hay problema
 
hermosa poesía, donde se tinta de delicadeza, abrazos
Nunca olvidaré aquel día
que, del tiempo, la inclemencia,
en casa nos recluía,
esclavos de la impaciencia.

Juntos nos acurrucamos
cerca de la chimenea
y, allí, las horas pasamos,
mientras ardía una tea.

Herida por mil flechazos,
me regalaste tu flor,
arrojándote a mis brazos,
despreciando tu candor.

Yo, faltando a la prudencia,
me aproveché de tu ardor
y, el umbral de tu inocencia,
atravesé, sin pudor.



 
He disfrutado de las dos partes del poema, esa imagen familiar, del clima y la lumbre en la chimenea.
Y de la segunda puro erotismo.
Grandes imágenes.

Un abrazo poeta.
 

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