INTERLUDIO DEL SUEÑO QUE NO LLEGA
Ilust.: "La melancolía según M.V. Manalo
“El hombre es la más bella creación del aire”.
Juan Larrea
Una dormida querencia se despierta
y trae olvidados alborozos
Las cañas junto al río suenan y ahuyentan los recuerdos
sigo esperando la mañana que me traiga aquella noche
en la que un ruiseñor evocó la catedral perdida
Los ojos verdinegros de los pinos dejaban escapar
sus lágrimas de sueño y yo me hundía con la cara frente al sol
La noche como legítima defensa
noche amalgamada de luna y arcoiris
mientras yo esperaba al lado de la tumba recién abierta
Una sensación gelatinosa me adormecía entre los lirios
y desde mi lejana infancia me llegaban trinos y cartillas de escritura
por la asíntota de mi vida que buscaba la grandeza de una nube
yo ascendía como un ave carcomida por las faltas de ortografía
El río traía rumores escarlatas y pequeños juncos
invadidos por el temor de ser cestos u homenajes a las bellas
En los extremos del cielo se balancean los equinoccios
bellos en su inconsciencia de ser excusa del viento
y las nubes son como escalas adornadas de futuro
No estaremos convencidos de nuestra vocación de árbol
mientras en los jardines no resuenen los clarines del pasado
Viejas batallas que nos tallaron en mármol
ocultando entre los ropajes rígidos
mensajes que anunciaban la paz que nunca llegó
La niebla que inunda los espejos trae las pequeñas barcas
que escaparon del naufragio
ya es madrugada de adviento y los estorninos sollozan
en la desolada ausencia de las ramas
Las ruinas de deshacen entre los pianos vacíos de sonido
¡que amargo el despertar sin el fulgor de sus sombras!
¿Porqué las amatistas resuenan en el piar de los pájaros?
Ecos malvas en la refracción obligada de los velos
bajo los que las miradas de las doncellas impuras
hacen oscilar los lampadarios y asustan a los viejos sacristanes
Vuelvo a las catedrales sin sombra que alimentan a un solo ciprés
Vuelvo a las plazuelas ignoradas de mi infancia
depositadas en los cofres que contienen los trigos de mi pasado
Aunque yo nunca tuve pasado
nunca me perdí entre tus brazos en flor
siempre dormí junto al río de los besos que no fueron
entre los juncos temerosos de ser cestos u homenajes a las bellas.
Nunca fui.
Ilust.: "La melancolía según M.V. Manalo
“El hombre es la más bella creación del aire”.
Juan Larrea
Una dormida querencia se despierta
y trae olvidados alborozos
Las cañas junto al río suenan y ahuyentan los recuerdos
sigo esperando la mañana que me traiga aquella noche
en la que un ruiseñor evocó la catedral perdida
Los ojos verdinegros de los pinos dejaban escapar
sus lágrimas de sueño y yo me hundía con la cara frente al sol
La noche como legítima defensa
noche amalgamada de luna y arcoiris
mientras yo esperaba al lado de la tumba recién abierta
Una sensación gelatinosa me adormecía entre los lirios
y desde mi lejana infancia me llegaban trinos y cartillas de escritura
por la asíntota de mi vida que buscaba la grandeza de una nube
yo ascendía como un ave carcomida por las faltas de ortografía
El río traía rumores escarlatas y pequeños juncos
invadidos por el temor de ser cestos u homenajes a las bellas
En los extremos del cielo se balancean los equinoccios
bellos en su inconsciencia de ser excusa del viento
y las nubes son como escalas adornadas de futuro
No estaremos convencidos de nuestra vocación de árbol
mientras en los jardines no resuenen los clarines del pasado
Viejas batallas que nos tallaron en mármol
ocultando entre los ropajes rígidos
mensajes que anunciaban la paz que nunca llegó
La niebla que inunda los espejos trae las pequeñas barcas
que escaparon del naufragio
ya es madrugada de adviento y los estorninos sollozan
en la desolada ausencia de las ramas
Las ruinas de deshacen entre los pianos vacíos de sonido
¡que amargo el despertar sin el fulgor de sus sombras!
¿Porqué las amatistas resuenan en el piar de los pájaros?
Ecos malvas en la refracción obligada de los velos
bajo los que las miradas de las doncellas impuras
hacen oscilar los lampadarios y asustan a los viejos sacristanes
Vuelvo a las catedrales sin sombra que alimentan a un solo ciprés
Vuelvo a las plazuelas ignoradas de mi infancia
depositadas en los cofres que contienen los trigos de mi pasado
Aunque yo nunca tuve pasado
nunca me perdí entre tus brazos en flor
siempre dormí junto al río de los besos que no fueron
entre los juncos temerosos de ser cestos u homenajes a las bellas.
Nunca fui.