Cuando estrofas desarreglas,
las reglas,
tenlo en cuenta con afán,
están
(y no es que yo sobresalgo)
por algo.
Hasta aquel chalado Hidalgo
supo normas entender.
Aunque no nos den placer
las reglas están por algo.
Coincido con Maramín. Parte del encanto del ovillejo es su dificultad si se lo confecciona estrictamente en su conocido formato. Es, desafortunadamente, una estructura que fácilmente nos sale ripiosa en los primeros intentos, y creo que es porque producir una lectura coherente de los tres pareados casi nunca resulta algo trivial.
Es verdad que hasta incluso Cervantes se otorgó la licencia, en su celebrado ovillejo titulado “La ilustre fregona”, de incorporar un artículo en uno de los pies quebrados para mantenerle la métrica trisilábica. Sin embargo, igual notamos que prácticamente la totalidad de la sustancia de los tres pies quebrados se conserva en el último verso de la redondilla:
¿Quién mejorará mi suerte?
¡La muerte!
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
¡Mudanza!
Y sus males, ¿quién los cura?
¡Locura!
Dese modo no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.
En mi caso, salvo algunas excepciones en donde he usado dos pareados octosílabos para cerrarlos en vez de una redondilla (recordemos que una “crueldad” de los dichos populares es que se los suele ver rimados en una o dos líneas, por ejemplo, “más primo, más me arrimo”) si no encuentro algo que me permita respetar la estructura
8a3a-8b3b-8c3c-8c8d8d8c prefiero no subirlo, y menos si no me permite formar el verso final de la redondilla con lo tres pies. Sin embargo, también hay que ver que Pi-Radianes propuso flexibilizar un poco el ovillejo en este hilo, permitiendo pies quebrados no necesariamente trisilábicos. De todas formas, entiendo que el espíritu aquí siempre ha sido usarlos para cerrar la redondilla.
¡Salud y buenas letras!