MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Gracias hermano
por concurrir mi soledad.
Vengo del alto médano,
y un hongo me dijo
que estabas esperando.
Por el camino he visto
que se han formado unos lagos,
bonitos si, pero muertos.
Es que luego de la tormenta,
cambiaron muchas cosas.
Pero es bueno saber,
que sólo es el comienzo
de un juicio tan aplazado,
como inevitable.
Y era cierto nomás,
lo de la espada,
y esa agonía del tiempo,
en una herida que no cesa.
Los jinetes
se mostraron inquietos,
y ya en camino
hacia el planeta de la roja tierra.
Se ve un caballo blanco
y un jinete despierto,
surcando un universo nuevo.
La madrugada ha dicho
que ese triunfo está cerca.
Ya se viene un tiempo
que no hay más.
Ya nada de lo que ves,
será lo que verás.
Hay un cuerpo en la esquina,
se mató, deprimida, la rutina,
y un vagabundo dijo
que fue por soledad.
Pero gracias a Dios,
por los callejones de la tarde,
vimos que jugaban descalzos,
unos niños alegres.
Parece que nada verdadero
se perdió en el suicidio.
Hermano.
Ya sabemos que el dinero
no compra la alegría.
Ya sabemos que el Amor
no tiene oferta,
ni facilidades de posesión.
¿Y qué pasó con el poder,
que no pudo maniatar el pecho?
¿Qué pasó con esa gloria,
de doblegar el grano de arena
que terminó venciendo?
¿Dónde está esa riqueza,
que había de devolvernos
la Libertad?
¡Qué los capitales de la sangre
vayan contando los días!
Porque de la corona de oro,
sólo quedarán las grietas.
Hay una tierra sedienta
de que los billetes sangren,
junto con todos los bolsillos
de las mentes enfermas.
¿Quién se apiadará de nosotros,
si la condena es propia
y escogida?
Crujen dientes sobre las cabezas.
Y ya es tarde para desandarse
de todas las abominaciones,
siempre lo ha sido.
No podemos borrar ni una coma
de todos nuestros homicidios.
Aunque es cierto
que la sangre se evapora
con el paso del tiempo.
Habrá que estar atentos,
porque ese mismo vapor
se eleva hacia el balcón celeste,
desde donde divisa
las manchas del tormento.
Esperando en silencio,
el mandato imperioso
de la espada del viento.
En estos tiempos de cosecha
y selección:
¿Cuál será ese madero
que no tiemble
al ver el filo en sus raíces?
Hermano:
Habrá que esperar a la rompiente,
para que el amanecer
nos encuentre velando.
Porque
¿Adónde se esconderá tanta muerte,
cuando llegue la espada
del que todo lo ha visto?
¿Adónde se podrá comprar alivio,
cuando el fuego se coma la carne,
y todos los deleites
engrandezcan la hoguera?
Hermano:
No te apenes por toda esta tormenta.
Es el horizonte
el que llega a nuestros pies,
para vernos de cerca.
Ya se dijo
que el fuego limpiará
toda maldad sobre la tierra.
Y parece que es hora,
hermano,
de enfrentar esa puerta.
por concurrir mi soledad.
Vengo del alto médano,
y un hongo me dijo
que estabas esperando.
Por el camino he visto
que se han formado unos lagos,
bonitos si, pero muertos.
Es que luego de la tormenta,
cambiaron muchas cosas.
Pero es bueno saber,
que sólo es el comienzo
de un juicio tan aplazado,
como inevitable.
Y era cierto nomás,
lo de la espada,
y esa agonía del tiempo,
en una herida que no cesa.
Los jinetes
se mostraron inquietos,
y ya en camino
hacia el planeta de la roja tierra.
Se ve un caballo blanco
y un jinete despierto,
surcando un universo nuevo.
La madrugada ha dicho
que ese triunfo está cerca.
Ya se viene un tiempo
que no hay más.
Ya nada de lo que ves,
será lo que verás.
Hay un cuerpo en la esquina,
se mató, deprimida, la rutina,
y un vagabundo dijo
que fue por soledad.
Pero gracias a Dios,
por los callejones de la tarde,
vimos que jugaban descalzos,
unos niños alegres.
Parece que nada verdadero
se perdió en el suicidio.
Hermano.
Ya sabemos que el dinero
no compra la alegría.
Ya sabemos que el Amor
no tiene oferta,
ni facilidades de posesión.
¿Y qué pasó con el poder,
que no pudo maniatar el pecho?
¿Qué pasó con esa gloria,
de doblegar el grano de arena
que terminó venciendo?
¿Dónde está esa riqueza,
que había de devolvernos
la Libertad?
¡Qué los capitales de la sangre
vayan contando los días!
Porque de la corona de oro,
sólo quedarán las grietas.
Hay una tierra sedienta
de que los billetes sangren,
junto con todos los bolsillos
de las mentes enfermas.
¿Quién se apiadará de nosotros,
si la condena es propia
y escogida?
Crujen dientes sobre las cabezas.
Y ya es tarde para desandarse
de todas las abominaciones,
siempre lo ha sido.
No podemos borrar ni una coma
de todos nuestros homicidios.
Aunque es cierto
que la sangre se evapora
con el paso del tiempo.
Habrá que estar atentos,
porque ese mismo vapor
se eleva hacia el balcón celeste,
desde donde divisa
las manchas del tormento.
Esperando en silencio,
el mandato imperioso
de la espada del viento.
En estos tiempos de cosecha
y selección:
¿Cuál será ese madero
que no tiemble
al ver el filo en sus raíces?
Hermano:
Habrá que esperar a la rompiente,
para que el amanecer
nos encuentre velando.
Porque
¿Adónde se esconderá tanta muerte,
cuando llegue la espada
del que todo lo ha visto?
¿Adónde se podrá comprar alivio,
cuando el fuego se coma la carne,
y todos los deleites
engrandezcan la hoguera?
Hermano:
No te apenes por toda esta tormenta.
Es el horizonte
el que llega a nuestros pies,
para vernos de cerca.
Ya se dijo
que el fuego limpiará
toda maldad sobre la tierra.
Y parece que es hora,
hermano,
de enfrentar esa puerta.
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