La aparición del cementerio

de temer!...me encantan los perros, pero me daría miedo un suceso así, entretenido relato!,
 
No me podría poner en la piel de ese pobre hombre... Escalofriante amigo, me suelen gustar mucho tus relatos.

Un abrazo, saludos
 
Amigo Eladio, como siempre algo extraordinario, reconozco tu calidad en estos escritos, pero creo que ahora después de leer este tema, debemos hablar con el amigo Cesarfco, para que cambie su avatar, jjajajajj. estrellas y hasta pronto amigo.
 
Escalofriante relato, muy bueno en realidad, entretenida,muy entretenida la manera en que escribes , me encanto el suspenso de tuescrito

 
Querido amigo Eladio. Me saco el sombrero, tu pluma y tu mente, hacen muy buenos ejercicios.
Eso merece Estrellas Reputación. Besos y Abrazos Uruguayos.Blanca
 
Tus trabajos iluminan, para hacer visible las vísceras... produces muy bien tu intención de terror, por eso eres muy bueno. Abrazos maestro Dulcinista.
 
Pue creo yo hubiese hecho lo mismo no mas perros cerca mío que buenas letras amigo mío un abrazo genial prosaun abrazo
 
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Contaba mi padre que volviendo de cazar un día, uno de sus perros se adentró en el cementerio; lo llamó, pero el animal no acudía, lo que lo obligó a adentrarse en el camposanto para buscarlo. Era una ventosa tarde de noviembre que amenazaba lluvia. Una vez dentro, vio que de una de las tumbas salía un resplandor. Leyó el nombre de la lápida: Ceferino Anglada Tellez. Un escalofrío recorrió su cuerpo al leer el nombre de su propio padre, ahogado en el mar hacía muchos años, y cuyo cuerpo no había sido encontrado. Allí estaba el perro, ladrando frente a la lápida. Decía que vio salir el cuerpo de mi abuelo de la tumba y que los ojos de la aparición y los del perro eran rojos como la sangre, y que de pronto fue como si la aparición entrase en el cuerpo del perro, cuyos aullidos le erizaron la piel. El animal desapareció y no volvió a verlo; tampoco volvió a ver a su padre. Después de aquel suceso, dejó de cazar, ya que no soportaba la presencia de un perro a su lado.

Eladio Parreño Elías

20-Febrero-2012
me dio escalofríos leerte
un abrazo
 
Desde luego eres un caso, cuando cuentas algo del Campo Santo" se me ponen los pelos de punta, menos mal que me gusta como lo escribes . Seguire detras de tus letras. ABRAZOS
Dtsculpas amigo mio, pero tengo que ponerte en su foro.
 
A mí también se me ha erizado la piel!!! ¡¡¡que miedo!!! Eladio un relato muy terrorífico, bien narrado y con un cierre que ¡¡¡ay ay ay!!! no me extraña que tu padre no volviese a cazar nunca más. Te dejo estrellas y un abrazo fraterno rey.
 
¡Terrorífico!.. aunque ya se sabe que los fantasmas nos visitan a menudo y pueblan demasiados pasajes de nuestros recuerdos.. Lo del perro me ha dejado de piedra.. Uff. Un cordial abrazo.
 
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Contaba mi padre que volviendo de cazar un día, uno de sus perros se adentró en el cementerio; lo llamó, pero el animal no acudía, lo que lo obligó a adentrarse en el camposanto para buscarlo. Era una ventosa tarde de noviembre que amenazaba lluvia. Una vez dentro, vio que de una de las tumbas salía un resplandor. Leyó el nombre de la lápida: Ceferino Anglada Tellez. Un escalofrío recorrió su cuerpo al leer el nombre de su propio padre, ahogado en el mar hacía muchos años, y cuyo cuerpo no había sido encontrado. Allí estaba el perro, ladrando frente a la lápida. Decía que vio salir el cuerpo de mi abuelo de la tumba y que los ojos de la aparición y los del perro eran rojos como la sangre, y que de pronto fue como si la aparición entrase en el cuerpo del perro, cuyos aullidos le erizaron la piel. El animal desapareció y no volvió a verlo; tampoco volvió a ver a su padre. Después de aquel suceso, dejó de cazar, ya que no soportaba la presencia de un perro a su lado.

Eladio Parreño Elías

20-Febrero-2012



Eladio
y quién no dejaría de cazar después de semejante suceso
qué miedito me dio
te felicito por esta entrega genial como ya nos tienes acostumbrados
Estrellitas -no hay como más- y cariños
Ana
 
Tu excelente relato, -aunque al principio le tenía un poco de miedo-, me ha hecho recordar la historia real de un perro, que en un pueblo de aquí de Córdoba, acompañaba a todos los difuntos a su entierro desde la puerta de la iglesia hasta el mimo cementerio. Creo que hasta le han hecho una estatua en la plaza del pueblo.

No he podido dejarte reputación, pero es que la mereces en cada uno de tus relatos. Un abrazo amigo
 
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Contaba mi padre que volviendo de cazar un día, uno de sus perros se adentró en el cementerio; lo llamó, pero el animal no acudía, lo que lo obligó a adentrarse en el camposanto para buscarlo. Era una ventosa tarde de noviembre que amenazaba lluvia. Una vez dentro, vio que de una de las tumbas salía un resplandor. Leyó el nombre de la lápida: Ceferino Anglada Tellez. Un escalofrío recorrió su cuerpo al leer el nombre de su propio padre, ahogado en el mar hacía muchos años, y cuyo cuerpo no había sido encontrado. Allí estaba el perro, ladrando frente a la lápida. Decía que vio salir el cuerpo de mi abuelo de la tumba y que los ojos de la aparición y los del perro eran rojos como la sangre, y que de pronto fue como si la aparición entrase en el cuerpo del perro, cuyos aullidos le erizaron la piel. El animal desapareció y no volvió a verlo; tampoco volvió a ver a su padre. Después de aquel suceso, dejó de cazar, ya que no soportaba la presencia de un perro a su lado.

Eladio Parreño Elías

20-Febrero-2012

Amigo dulcinista,eres el alan poe de mundopoesia.me encantan tus relatos.se viven.estrellas para el.
 
Muy interesante relato, te voy a contar una cosa, es verdad, te lo juro, mi padre ha muerto, hace mucho tiempo, pero cuando estaba en vida, tenia un perro, su fiel amigo, ya viejo el perro también, habían pasado muchos años juntos, en fin, antes que mi padre muera, el perro desapareció, ni huella de el, a los tres días mi padre fue enterrado y en aquel día, entre las piernas de tanta gente triste y llorado, cuando lo pusieron el la tumba, apareció el perro, y salto en la tumba también, empezó a lamer le la cara Muchos abrazos y estrellas.
 
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Contaba mi padre que volviendo de cazar un día, uno de sus perros se adentró en el cementerio; lo llamó, pero el animal no acudía, lo que lo obligó a adentrarse en el camposanto para buscarlo. Era una ventosa tarde de noviembre que amenazaba lluvia. Una vez dentro, vio que de una de las tumbas salía un resplandor. Leyó el nombre de la lápida: Ceferino Anglada Tellez. Un escalofrío recorrió su cuerpo al leer el nombre de su propio padre, ahogado en el mar hacía muchos años, y cuyo cuerpo no había sido encontrado. Allí estaba el perro, ladrando frente a la lápida. Decía que vio salir el cuerpo de mi abuelo de la tumba y que los ojos de la aparición y los del perro eran rojos como la sangre, y que de pronto fue como si la aparición entrase en el cuerpo del perro, cuyos aullidos le erizaron la piel. El animal desapareció y no volvió a verlo; tampoco volvió a ver a su padre. Después de aquel suceso, dejó de cazar, ya que no soportaba la presencia de un perro a su lado.

Eladio Parreño Elías

20-Febrero-2012



Querido Eladio tus cuentos cortos son una obra de arte, muy originales y bien llevados, mi admiración siempre que llego a tus letras, aunque adoro los perros pienso que tiene algo de humano. Reputación, felicitacion, estrellas y besos. Marta.
 

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