Ángel Jesús Vazquez Ménde
Poeta recién llegado
LA CASA ABANDONADA
Me senté ante la puerta
de la casa abandonada
evocando tu figura
por el dintel enmarcada.
Y ante mis ojos compuse
viejas escenas pasadas
que, raídas por el tiempo,
ya las tenía olvidadas.
Mis oídos se llenaron
con las risas y canciones
que expresaban tu alegría,
sentimiento y emociones.
Y volví a ver la ternura
de tus ojos zalameros
y note sobre mis labios
aquellos besos primeros.
Y de nuevo vi mis manos
acariciando tu cuerpo,
abandonado al amor,
que nos juramos eterno.
Y reviví aquellas noches,
en que velaba tu sueño,
pidiendo a Dios que me hiciera
de tu pensamiento el dueño.
Y recordé aquel momento,
cuando la casa dejabas,
con la mirada perdida
porque la mía evitabas.
Y como si fuera un desgarro,
allá en el fondo del pecho,
sentí subir el dolor
desde el corazón maltrecho.
Y lloré mi desconsuelo,
ante la puerta cerrada,
allí sentado en el suelo,
de la casa abandonada.
Me senté ante la puerta
de la casa abandonada
evocando tu figura
por el dintel enmarcada.
Y ante mis ojos compuse
viejas escenas pasadas
que, raídas por el tiempo,
ya las tenía olvidadas.
Mis oídos se llenaron
con las risas y canciones
que expresaban tu alegría,
sentimiento y emociones.
Y volví a ver la ternura
de tus ojos zalameros
y note sobre mis labios
aquellos besos primeros.
Y de nuevo vi mis manos
acariciando tu cuerpo,
abandonado al amor,
que nos juramos eterno.
Y reviví aquellas noches,
en que velaba tu sueño,
pidiendo a Dios que me hiciera
de tu pensamiento el dueño.
Y recordé aquel momento,
cuando la casa dejabas,
con la mirada perdida
porque la mía evitabas.
Y como si fuera un desgarro,
allá en el fondo del pecho,
sentí subir el dolor
desde el corazón maltrecho.
Y lloré mi desconsuelo,
ante la puerta cerrada,
allí sentado en el suelo,
de la casa abandonada.