Esler Jardiel Sobalvarro.
Poeta recién llegado
Así comienzan las heridas:
como la ilusión de un niño,
con saltos sentimentales
que retozan
como un potro
corcoveando
por primera vez.
En la médula de la existencia,
abren un punto en el espacio
donde el vacío
aprende a respirar.
Entonces
despierta el hervor de la vida.
Y el susto,
por primera vez,
conoce el miedo.
Es el Génesis.
Cada golpe
desgarra la inocencia,
o afina
su propio eco,
mientras la memoria
aprende,
en silencio,
la observancia
de los detalles.
La cicatriz recuerda.
La herida
solo duele una vez.
El eco,
en cambio,
permanece.
Lo que fue
ya no existe.
Pero cada trueno
llega
después del impacto.
Y es el estruendo
quien enseña
a otros
el lenguaje
de la herida.
como la ilusión de un niño,
con saltos sentimentales
que retozan
como un potro
corcoveando
por primera vez.
En la médula de la existencia,
abren un punto en el espacio
donde el vacío
aprende a respirar.
Entonces
despierta el hervor de la vida.
Y el susto,
por primera vez,
conoce el miedo.
Es el Génesis.
Cada golpe
desgarra la inocencia,
o afina
su propio eco,
mientras la memoria
aprende,
en silencio,
la observancia
de los detalles.
La cicatriz recuerda.
La herida
solo duele una vez.
El eco,
en cambio,
permanece.
Lo que fue
ya no existe.
Pero cada trueno
llega
después del impacto.
Y es el estruendo
quien enseña
a otros
el lenguaje
de la herida.