La ciudad, el otoño y tú

penabad57

Poeta veterano en el portal
Huele a humus agrio, fermentación de la hojarasca,
el ocre color del otoño pinta la arboleda, dorados
y verdes ambiguos, el orín de la estatua sin reflejo de luz.
La ciudad con sus cabellos de plata como dientes de corona,
espigas de granito, tejas que la lluvia bendice, las torres
de la catedral, agujas impenetrables, alfileres sin vigor
entre la niebla. Un canto de espuma, lejos del mar,
una oración de almas, soliloquio estéril de los ángeles,
coros breves igual que latidos en el ámbar de las calles.
Tus pasos de avecilla, saltimbanqui de la virtud, escondidas
las alas bajo el sayo de tu nombre, atraviesas la claridad
y el reverbero, como un enjambre de candiles, ilumina tu faz
dormida en los charcos. Qué fácil si la huella te alza y hay
una doblez-de cuerpo, de canción, de beso y frenesí-
en los hombros, en la ternura del viaje, en el fluir vacuo,
estela núbil que escribe, sobre el agua estancada, los versos
de tu vida. Octubre no es real, me moja la lluvia del ayer, soy
nostalgia entre los álamos de este parque que me lleva al sueño
de perseguir, sin pausa, el aire que ha vestido de otoño tu luz.
 
Última edición:
Huele a humus agrio, fermentación de la hojarasca,
el ocre color del otoño pinta la arboleda, dorados
y verdes ambiguos, el orín de la estatua sin reflejo de luz.
La ciudad con sus cabellos de plata como dientes de corona,
espigas de granito, tejas que la lluvia bendice, las torres
de la catedral, agujas impenetrables, alfileres sin vigor
entre la niebla. Un canto de espuma, lejos del mar,
una oración de almas, soliloquio estéril de los ángeles,
coros breves igual que latidos en el ámbar de las calles.
Tus pasos de avecilla, saltimbanqui de la virtud, escondidas
las alas bajo el sayo de tu nombre, atraviesas la claridad
y el reverbero, como un enjambre de candiles, ilumina tu faz
dormida en los charcos. Qué fácil si la huella te alza y hay
una doblez-de cuerpo, de canción, de beso y frenesí-
en los hombros, en la ternura del viaje, en el fluir vacuo,
estela núbil que escribe, sobre el agua estancada, los versos
de tu vida. Octubre no es real, me moja la lluvia del ayer, soy
nostalgia entre los álamos de este parque que me lleva al sueño
de perseguir, sin pausa, el aire que ha vestido de otoño tu luz.

Amo el otoño y este poema es una verdadera joya. Tendría que escribirte un ensayo entero para explicar por qué es tan hermoso. Arte puro.
Un abrazo.
 
Que grato es encontrar en la mañana lecturas tan amenas como esta. Cuando uno escribe con el corazón, la sensibilidad se ve reflejada en sus versos. Si acaso pusieran tus poemas sin colocar el nombre del autor, creo que reconocería en el acto que son tuyos, estimado poeta Penabad... la huella de la humildad y la nobleza se conoce a leguas
Saludo caluroso
 
Huele a humus agrio, fermentación de la hojarasca,
el ocre color del otoño pinta la arboleda, dorados
y verdes ambiguos, el orín de la estatua sin reflejo de luz.
La ciudad con sus cabellos de plata como dientes de corona,
espigas de granito, tejas que la lluvia bendice, las torres
de la catedral, agujas impenetrables, alfileres sin vigor
entre la niebla. Un canto de espuma, lejos del mar,
una oración de almas, soliloquio estéril de los ángeles,
coros breves igual que latidos en el ámbar de las calles.
Tus pasos de avecilla, saltimbanqui de la virtud, escondidas
las alas bajo el sayo de tu nombre, atraviesas la claridad
y el reverbero, como un enjambre de candiles, ilumina tu faz
dormida en los charcos. Qué fácil si la huella te alza y hay
una doblez-de cuerpo, de canción, de beso y frenesí-
en los hombros, en la ternura del viaje, en el fluir vacuo,
estela núbil que escribe, sobre el agua estancada, los versos
de tu vida. Octubre no es real, me moja la lluvia del ayer, soy
nostalgia entre los álamos de este parque que me lleva al sueño
de perseguir, sin pausa, el aire que ha vestido de otoño tu luz.

Es impresionante lo que escribes.
Un abrazo, Ramón.
 
Huele a humus agrio, fermentación de la hojarasca,
el ocre color del otoño pinta la arboleda, dorados
y verdes ambiguos, el orín de la estatua sin reflejo de luz.
La ciudad con sus cabellos de plata como dientes de corona,
espigas de granito, tejas que la lluvia bendice, las torres
de la catedral, agujas impenetrables, alfileres sin vigor
entre la niebla. Un canto de espuma, lejos del mar,
una oración de almas, soliloquio estéril de los ángeles,
coros breves igual que latidos en el ámbar de las calles.
Tus pasos de avecilla, saltimbanqui de la virtud, escondidas
las alas bajo el sayo de tu nombre, atraviesas la claridad
y el reverbero, como un enjambre de candiles, ilumina tu faz
dormida en los charcos. Qué fácil si la huella te alza y hay
una doblez-de cuerpo, de canción, de beso y frenesí-
en los hombros, en la ternura del viaje, en el fluir vacuo,
estela núbil que escribe, sobre el agua estancada, los versos
de tu vida. Octubre no es real, me moja la lluvia del ayer, soy
nostalgia entre los álamos de este parque que me lleva al sueño
de perseguir, sin pausa, el aire que ha vestido de otoño tu luz.
El aire que lo envuelve todo cambia con las estaciones y pone nueva luz en todo cuanto haces. Me gustó tu poema, gracias mil por compartirlo. Abrazos cordiales.
 
Que grato es encontrar en la mañana lecturas tan amenas como esta. Cuando uno escribe con el corazón, la sensibilidad se ve reflejada en sus versos. Si acaso pusieran tus poemas sin colocar el nombre del autor, creo que reconocería en el acto que son tuyos, estimado poeta Penabad... la huella de la humildad y la nobleza se conoce a leguas
Saludo caluroso
Gracias por el bonito comentario. Un abrazo, Antonio.
 

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