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La crónica del suicidio

danie

solo un pensamiento...
Huesos descansando en el aposento,
grilletes escarchados la sostienen​
arrullando su sueño con el manto gélido​
del oscurecido atisbo sempiterno de Hades,​
con las manos atadas al rosal marchito
y un fino bálsamo de flores convenciendo al tiempo​
de que todavía no es momento.​

El rímel de sus labios se despliega en la ventana
como entregando el último beso​
¿Es qué su seducción puede acaso persuadir a la muerte?
¿Mitigar a la guadaña y a su verdugo, pidiéndole más tiempo?​
Tal vez pueda, pero la intensión de la nodriza​
es de finiquitar por siempre con esa punzante pena.​

El hedor a hierbas fértiles
proveniente del suelo árido del camposanto,
se mezclan con los sentimientos,​
la nodriza pulcra y refinada
temerosa de ofrecerse a las sábanas polvorientas​
con su manta de muscíneas escardadas,​
piensa en el pavor de no sentir mas su cuerpo,​
pero en un santiamén el miedo se convierte​
en un cálido fulgor que la alivia de toda dolencia​
por el simple hecho del bautizado y excomulgado padecimiento.​

¡Va ha pernoctar, ya sin despertar,
su inmolado cuerpo yacerá inerte​
bajo las sábanas que la cobijaran,​
desvaneciendo sus abatidas y tormentosas penas!​
La menesterosa nodriza por fin contuvo la mueca​
de una sonrisa pletórica, acompañando al frío hálito​
que dejaba la guillotina por el sendero terrenal.​

Se despide de su empañado martirio,
tanto tiempo lo ha tenido que ya hasta lo consideraba un fiel amigo;​
esta vez tiene la fuerza para hacer añicos​
esos barrotes que fragmentan su vidorria,​
esas mazmorras sofrías que la albergaron de por vida…​
La mece un pedestal celestial desde lo alto
y un truhán cuervo le traza los compases del olvido...​
Ella da las gracias por mostrarle el camino,​
toma fuerza y voluntad inhalando el aliento perturbado juicio.​

¡Antes de partir, un último compromiso!
Toma un sobre y una hoja con un manuscrito,​
en ella posa una mosqueta,​
lacrando el sobre con el beso de la despedida.​
¡Esto es para que sepan que no fue una desquiciada y cobarde,​
tomando el camino mas sencillo,​
pues no tiene nada de fácil​
ver a los ojos a la muerte y servir a su designo!​
 
Évano;4745789 dijo:
Es una crónica de un suicidio medio surrealista, un poco gótico y melancólico, señor Danie jajajjajaja. Pero bello y elaborado. Un placer haber pasado y saludarlo.

Surrealista no lo veo tanto asi, pero gótico al extremo, es que lo pensé publicar en el foro para eso y no me dejaron, es que ya tengo publicado ahí otra obra. Que puedo decir me fascina el misticismo de lo gótico y medieval. jejeje

Gracias por tu visita es un honor
 
No me atrae lo gótico y si lo medieval, admiro tu gran inspiración.
Un placer, saludos.
 
Huesos descansando en el aposento,
grilletes escarchados la sostienen​
arrullando su sueño con el manto gélido​
del oscurecido atisbo sempiterno de Hades,​
con las manos atadas al rosal marchito
y un fino bálsamo de flores convenciendo al tiempo​
de que todavía no es momento.​

El rímel de sus labios se despliega en la ventana
como entregando el último beso​
¿Es qué su seducción puede acaso persuadir a la muerte?
¿Mitigar a la guadaña y a su verdugo, pidiéndole más tiempo?​
Tal vez pueda, pero la intensión de la nodriza​
es de finiquitar por siempre con esa punzante pena.​

El hedor a hierbas fértiles
proveniente del suelo árido del camposanto,
se mezclan con los sentimientos,​
la nodriza pulcra y refinada
temerosa de ofrecerse a las sábanas polvorientas​
con su manta de muscíneas escardadas,​
piensa en el pavor de no sentir mas su cuerpo,​
pero en un santiamén el miedo se convierte​
en un cálido fulgor que la alivia de toda dolencia​
por el simple hecho del bautizado y excomulgado padecimiento.​

¡Va ha pernoctar, ya sin despertar,
su inmolado cuerpo yacerá inerte​
bajo las sábanas que la cobijaran,​
desvaneciendo sus abatidas y tormentosas penas!​
La menesterosa nodriza por fin contuvo la mueca​
de una sonrisa pletórica, acompañando al frío hálito​
que dejaba la guillotina por el sendero terrenal.​

Se despide de su empañado martirio,
tanto tiempo lo ha tenido que ya hasta lo consideraba un fiel amigo;​
esta vez tiene la fuerza para hacer añicos​
esos barrotes que fragmentan su vidorria,​
esas mazmorras sofrías que la albergaron de por vida…​
La mece un pedestal celestial desde lo alto
y un truhán cuervo le traza los compases del olvido...​
Ella da las gracias por mostrarle el camino,​
toma fuerza y voluntad inhalando el aliento perturbado juicio.​

¡Antes de partir, un último compromiso!
Toma un sobre y una hoja con un manuscrito,​
en ella posa una mosqueta,​
lacrando el sobre con el beso de la despedida.​
¡Esto es para que sepan que no fue una desquiciada y cobarde,​
tomando el camino mas sencillo,​
pues no tiene nada de fácil​
ver a los ojos a la muerte y servir a su designo!​

vaya lo que a veces no sabemos de ello, saludos
 
Ayyyy Danie, sobrecoge la lectura de este bello y melancólico poema. La muerte y la vida son la misma cosa, vivir es estar muriendo a cada momento para resurgir en un nuevo instante, siempre diferente e inigualable, todo se renueva... Ahora bien, triste decisión es la del suicidio, ojalá nunca lleguemos a tomarla... pero somos humanos y nada humano nos debe ser ajeno. Tu poema es hondo, se presta a la meditación, es rico en vocabulario e imágenes y me ha encantado mogollón de mogollones. Besazos mi querido amigo, estrellas a porrillo y repu si me deja la carajotilla jejeje.

Huesos descansando en el aposento,
grilletes escarchados la sostienen​
arrullando su sueño con el manto gélido​
del oscurecido atisbo sempiterno de Hades,​
con las manos atadas al rosal marchito
y un fino bálsamo de flores convenciendo al tiempo​
de que todavía no es momento.​

El rímel de sus labios se despliega en la ventana
como entregando el último beso​
¿Es qué su seducción puede acaso persuadir a la muerte?
¿Mitigar a la guadaña y a su verdugo, pidiéndole más tiempo?​
Tal vez pueda, pero la intensión de la nodriza​
es de finiquitar por siempre con esa punzante pena.​

El hedor a hierbas fértiles
proveniente del suelo árido del camposanto,
se mezclan con los sentimientos,​
la nodriza pulcra y refinada
temerosa de ofrecerse a las sábanas polvorientas​
con su manta de muscíneas escardadas,​
piensa en el pavor de no sentir mas su cuerpo,​
pero en un santiamén el miedo se convierte​
en un cálido fulgor que la alivia de toda dolencia​
por el simple hecho del bautizado y excomulgado padecimiento.​

¡Va ha pernoctar, ya sin despertar,
su inmolado cuerpo yacerá inerte​
bajo las sábanas que la cobijaran,​
desvaneciendo sus abatidas y tormentosas penas!​
La menesterosa nodriza por fin contuvo la mueca​
de una sonrisa pletórica, acompañando al frío hálito​
que dejaba la guillotina por el sendero terrenal.​

Se despide de su empañado martirio,
tanto tiempo lo ha tenido que ya hasta lo consideraba un fiel amigo;​
esta vez tiene la fuerza para hacer añicos​
esos barrotes que fragmentan su vidorria,​
esas mazmorras sofrías que la albergaron de por vida…​
La mece un pedestal celestial desde lo alto
y un truhán cuervo le traza los compases del olvido...​
Ella da las gracias por mostrarle el camino,​
toma fuerza y voluntad inhalando el aliento perturbado juicio.​

¡Antes de partir, un último compromiso!
Toma un sobre y una hoja con un manuscrito,​
en ella posa una mosqueta,​
lacrando el sobre con el beso de la despedida.​
¡Esto es para que sepan que no fue una desquiciada y cobarde,​
tomando el camino mas sencillo,​
pues no tiene nada de fácil​
ver a los ojos a la muerte y servir a su designo!​
 

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