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LA DAMA DE LAS PERLAS
Yo tengo una amiga
que se llama Sancha
y dos perlas tiene
divinas de blancas
tras un velo negro
y nunca las saca
ni a la luz del sol
ni al frío de escarcha.
Estando un domingo
solita sentada
hilando en su rueca
frente a la ventana
pasó un caballero
llegado de Francia:
Alondra, ¿me enseñas
las perlas que guardas?
No porque las hiere
usted con su espada.
Pasó un marinero
que dejó su barca:
Lucero, ¿me das
dos lunas de nácar?
No joven, no puedo
que la luz las daña.
Y pasó un poeta,
lo llamó la dama
y le dijo : ¿Quieren
en esta mañana
contemplar sus ojos
a la luz del alba
dos montes chiquitos
de cumbres rosadas?
Y en abriendo el velo
cayó enamorada
la boca que dijo
verlos deseara;
si es que usted quisiera
yo los contemplara
y si me lo pide
mis labios besaran
los picos que crecen
sobre sus montañas.
Eladio Parreño Elías
25-Marzo-2014
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LA DAMA DE LAS PERLAS
Yo tengo una amiga
que se llama Sancha
y dos perlas tiene
divinas de blancas
tras un velo negro
y nunca las saca
ni a la luz del sol
ni al frío de escarcha.
Estando un domingo
solita sentada
hilando en su rueca
frente a la ventana
pasó un caballero
llegado de Francia:
Alondra, ¿me enseñas
las perlas que guardas?
No porque las hiere
usted con su espada.
Pasó un marinero
que dejó su barca:
Lucero, ¿me das
dos lunas de nácar?
No joven, no puedo
que la luz las daña.
Y pasó un poeta,
lo llamó la dama
y le dijo : ¿Quieren
en esta mañana
contemplar sus ojos
a la luz del alba
dos montes chiquitos
de cumbres rosadas?
Y en abriendo el velo
cayó enamorada
la boca que dijo
verlos deseara;
si es que usted quisiera
yo los contemplara
y si me lo pide
mis labios besaran
los picos que crecen
sobre sus montañas.
Eladio Parreño Elías
25-Marzo-2014
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LA DAMA DE LAS PERLAS
Yo tengo una amiga
que se llama Sancha
y dos perlas tiene
divinas de blancas
tras un velo negro
y nunca las saca
ni a la luz del sol
ni al frío de escarcha.
Estando un domingo
solita sentada
hilando en su rueca
frente a la ventana
pasó un caballero
llegado de Francia:
Alondra, ¿me enseñas
las perlas que guardas?
No porque las hiere
usted con su espada.
Pasó un marinero
que dejó su barca:
Lucero, ¿me das
dos lunas de nácar?
No joven, no puedo
que la luz las daña.
Y pasó un poeta,
lo llamó la dama
y le dijo : ¿Quieren
en esta mañana
contemplar sus ojos
a la luz del alba
dos montes chiquitos
de cumbres rosadas?
Y en abriendo el velo
cayó enamorada
la boca que dijo
verlos deseara;
si es que usted quisiera
yo los contemplara
y si me lo pide
mis labios besaran
los picos que crecen
sobre sus montañas.
Eladio Parreño Elías
25-Marzo-2014
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LA DAMA DE LAS PERLAS
Yo tengo una amiga
que se llama Sancha
y dos perlas tiene
divinas de blancas
tras un velo negro
y nunca las saca
ni a la luz del sol
ni al frío de escarcha.
Estando un domingo
solita sentada
hilando en su rueca
frente a la ventana
pasó un caballero
llegado de Francia:
Alondra, ¿me enseñas
las perlas que guardas?
No porque las hiere
usted con su espada.
Pasó un marinero
que dejó su barca:
Lucero, ¿me das
dos lunas de nácar?
No joven, no puedo
que la luz las daña.
Y pasó un poeta,
lo llamó la dama
y le dijo : ¿Quieren
en esta mañana
contemplar sus ojos
a la luz del alba
dos montes chiquitos
de cumbres rosadas?
Y en abriendo el velo
cayó enamorada
la boca que dijo
verlos deseara;
si es que usted quisiera
yo los contemplara
y si me lo pide
mis labios besaran
los picos que crecen
sobre sus montañas.
Eladio Parreño Elías
25-Marzo-2014
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