Bailaba al son del laúd,
cítara, flautas tambores,
danzas de viento, de flores
la danza de las estrellas;
era una niña tan bella
todo en su cuerpo era albores.
Sus pasos de tierra y aire,
marcaban ritmo y cadencia;
se sabía por su esencia
condenada a concubina,
fulgurante bailarina
de sugerentes turgencias
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