La dulzura del beso
es el azúcar de la vida,
el candor,
es una delicia.
El solo,
el beso
con sus rimas,
con su saber estar
entre las mejores páginas
de la poesía.
Por allí el beso
en boca de Bécquer
¡que fortuna!
Tan sujeto al estereotipo
de un romanticismo
que elevó el amor
a lo más altas cimas
de la literatura.
Besos que corren
hay en este poema
nacido
ya con el alba encima.
Besos que desfilan,
que toman
ese punto de salida
que se inicia
donde dos corazones
palpitan,
el tuyo y el mío,
el de todos y todas,
almas siempre unidas,
en estas navidades
tan repetidas,
tan las mismas,
tan llenas de esperanzas
y es que el mundo necesita
del amor diario,
de aquel que surge
en el día a día.
El beso que se arrima,
que se sujeta,
que se atina,
que se alarga
y estira,
que es fuego
que crece
en ese lugar
en el que anidan
sentimientos compartidos,
una verdadera locura.
es el azúcar de la vida,
el candor,
es una delicia.
El solo,
el beso
con sus rimas,
con su saber estar
entre las mejores páginas
de la poesía.
Por allí el beso
en boca de Bécquer
¡que fortuna!
Tan sujeto al estereotipo
de un romanticismo
que elevó el amor
a lo más altas cimas
de la literatura.
Besos que corren
hay en este poema
nacido
ya con el alba encima.
Besos que desfilan,
que toman
ese punto de salida
que se inicia
donde dos corazones
palpitan,
el tuyo y el mío,
el de todos y todas,
almas siempre unidas,
en estas navidades
tan repetidas,
tan las mismas,
tan llenas de esperanzas
y es que el mundo necesita
del amor diario,
de aquel que surge
en el día a día.
El beso que se arrima,
que se sujeta,
que se atina,
que se alarga
y estira,
que es fuego
que crece
en ese lugar
en el que anidan
sentimientos compartidos,
una verdadera locura.