BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Recipientes
que ondulan entre los dedos,
manos asilvestradas que,
pronto, subsistirán solas,
y esas largas amanecidas
de pequeñas conversaciones
invisibles. Esos frutos
incipientes, de maderas
y madreselvas, enredaderas
terminantes de selvas reducidas.
Oh madre, espora diminuta
de mis anhelos, secuencias y sonidos
como de fronda, de fuentes inmóviles,
quietas.
Rosas que ruborizan tu rostro,
mármol cierto de mis deseos,
convertidos en llamas, ascuas,
finalmente cenizas.
©
que ondulan entre los dedos,
manos asilvestradas que,
pronto, subsistirán solas,
y esas largas amanecidas
de pequeñas conversaciones
invisibles. Esos frutos
incipientes, de maderas
y madreselvas, enredaderas
terminantes de selvas reducidas.
Oh madre, espora diminuta
de mis anhelos, secuencias y sonidos
como de fronda, de fuentes inmóviles,
quietas.
Rosas que ruborizan tu rostro,
mármol cierto de mis deseos,
convertidos en llamas, ascuas,
finalmente cenizas.
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