Paolo Luna
Poeta adicto al portal
Descansa don Avelino en las tardes
en brazos de aquella amante ensalzada,
los miran algunos ojos cobardes,
que saben pero que no dicen nada,
y sueñan don Avelino y su amante,
debajo de alguna noche estrellada,
con darle la libertad a sus besos,
que en bello y triste redil viven presos.
- “La gorda”- todos decían callados,
- “Montaña” - cuando querían ofenderla.
Ahora todos la ven extrañados,
no aceptan que alguien se atreva a quererla,
pues pasa don Avelino temprano,
por frente al balcón tan solo por verla.
Quisiera ser Avelino un gigante,
tan fuerte que pueda alzar a su amante.
Aquella, la “sucursal” de Avelino,
no puede por más que quiera esconderse,
de niña ya se marcaba el destino,
de joven comió cuan pudo comerse.
Ahora que alguien le brinda cariño
no sabe cuál ropa debe ponerse.
Comida y bebida nunca dejaba,
y al cabo de los manjares soñaba.
El viejo ya tiene seis herederos
y todos ya se marcharon de casa,
ya cuenta cincuenta y cuatro febreros,
yo digo que hasta esa cuenta ya pasa,
su esposa simple y fugaz cual muñeco,
se extraña cuando Avelino la abraza.
Los tiempos de amores tibios se alejan,
y cuántos momentos fríos nos dejan.
A diario sale Avelino temprano,
su esposa tiene su ropa pendiente,
entonces toma Avelino su mano
y suave le brinda un beso en la frente.
- No esperes, que de seguro me tardo –
- Te espero, trae una flor por presente –
y mientras su esposa tiempos evoca,
su amante recibe un beso en la boca.
en brazos de aquella amante ensalzada,
los miran algunos ojos cobardes,
que saben pero que no dicen nada,
y sueñan don Avelino y su amante,
debajo de alguna noche estrellada,
con darle la libertad a sus besos,
que en bello y triste redil viven presos.
- “La gorda”- todos decían callados,
- “Montaña” - cuando querían ofenderla.
Ahora todos la ven extrañados,
no aceptan que alguien se atreva a quererla,
pues pasa don Avelino temprano,
por frente al balcón tan solo por verla.
Quisiera ser Avelino un gigante,
tan fuerte que pueda alzar a su amante.
Aquella, la “sucursal” de Avelino,
no puede por más que quiera esconderse,
de niña ya se marcaba el destino,
de joven comió cuan pudo comerse.
Ahora que alguien le brinda cariño
no sabe cuál ropa debe ponerse.
Comida y bebida nunca dejaba,
y al cabo de los manjares soñaba.
El viejo ya tiene seis herederos
y todos ya se marcharon de casa,
ya cuenta cincuenta y cuatro febreros,
yo digo que hasta esa cuenta ya pasa,
su esposa simple y fugaz cual muñeco,
se extraña cuando Avelino la abraza.
Los tiempos de amores tibios se alejan,
y cuántos momentos fríos nos dejan.
A diario sale Avelino temprano,
su esposa tiene su ropa pendiente,
entonces toma Avelino su mano
y suave le brinda un beso en la frente.
- No esperes, que de seguro me tardo –
- Te espero, trae una flor por presente –
y mientras su esposa tiempos evoca,
su amante recibe un beso en la boca.
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