musador
esperando...
Preludio
Envueltos en nuestro invierno
lentamente caminamos
por las piedras
hasta donde la mar rompe
envolviendo con espuma
la escollera.
Al rato la vi venir
ronroneando gallardía
sin sus velas,
con tripulantes de blanco
saludando muy corteses
a la gleba.
Con emoción la miraba
saludando en el navío
a mi bandera,
patria que un niño sostiene
poco a poco por la vida
y en la escuela.
Se alejó en el día claro,
ya cruzadas las rompientes,
de mi tierra,
haciendo senda en la mar
para nuevos horizontes
con su estela.
Vi maniobras en las gavias;
conteniendo la ansiedad
de mi espera
supe que el premio llegaba:
¡navegando con el viento
quise verla!
¡Qué momento tan hermoso
cuando el juego de la brisa
en las vergas
a su casco ya lejano
puso escora y puso alas
que no velas!
Los peros
A mi padre que lloraba
solo entonces lo miré
con su pena:
solo me dijo entre dientes:
«son marinos asesinos,
pura mierda».
Era niño y no sabía
de estas cosas casi nada,
ni de guerras,
ni de patria ni de pueblo,
entonaba con el himno
solo letras.
Las palabras de mi padre
me golpearon duramente
la inocencia,
quedaron en mi memoria
con dolor hasta que supe
entenderlas.
A mi padre lo mataron
los salvajes de mi patria
con estrellas,
premios a la cobardía
de su sangre de piratas,
¿marinera?
Navegaron la fragata
por la sangre de sus víctimas
y en sus velas
escribieron con sus heces
sus historias criminales:
sus cadenas.
Los hechos son conocidos
y bien sé que volverán,
no les pesan:
Libertad del barco es nombre
y su lastre toneladas
de vergüenza.
Envueltos en nuestro invierno
lentamente caminamos
por las piedras
hasta donde la mar rompe
envolviendo con espuma
la escollera.
Al rato la vi venir
ronroneando gallardía
sin sus velas,
con tripulantes de blanco
saludando muy corteses
a la gleba.
Con emoción la miraba
saludando en el navío
a mi bandera,
patria que un niño sostiene
poco a poco por la vida
y en la escuela.
Se alejó en el día claro,
ya cruzadas las rompientes,
de mi tierra,
haciendo senda en la mar
para nuevos horizontes
con su estela.
Vi maniobras en las gavias;
conteniendo la ansiedad
de mi espera
supe que el premio llegaba:
¡navegando con el viento
quise verla!
¡Qué momento tan hermoso
cuando el juego de la brisa
en las vergas
a su casco ya lejano
puso escora y puso alas
que no velas!
Los peros
A mi padre que lloraba
solo entonces lo miré
con su pena:
solo me dijo entre dientes:
«son marinos asesinos,
pura mierda».
Era niño y no sabía
de estas cosas casi nada,
ni de guerras,
ni de patria ni de pueblo,
entonaba con el himno
solo letras.
Las palabras de mi padre
me golpearon duramente
la inocencia,
quedaron en mi memoria
con dolor hasta que supe
entenderlas.
A mi padre lo mataron
los salvajes de mi patria
con estrellas,
premios a la cobardía
de su sangre de piratas,
¿marinera?
Navegaron la fragata
por la sangre de sus víctimas
y en sus velas
escribieron con sus heces
sus historias criminales:
sus cadenas.
Los hechos son conocidos
y bien sé que volverán,
no les pesan:
Libertad del barco es nombre
y su lastre toneladas
de vergüenza.
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