La habitación

penabad57

Poeta veterano en el portal
La habitación me habla con sus cosas ciegas.
Ha vivido la estación perpetua de los sucesos,
estática como un confesor que escucha las conversaciones,
que mira el transcurrir con el breve pulso de su corazón
en bruma. Y respira- las hojas del gladiolo no paran
de crecer, el reloj recita puntual su letanía de tiempo,
la radio conversa conmigo y con la noche-acompasando
mis momentos de caída, o mi risa cuando alegre el hijo
se acerca con sus pasos de gaviota y abraza mi vientre.
La habitación me dice que sus recuerdos son los míos
y yo le digo que sí, que es mi eco, mi huella, el rumor
del pasado en los cajones, la imagen ya ida en los espejos,
las palabras que se posan en la mesa al despedirnos
cada día como naves de ausencia o pájaros sin Ítaca.
 
La habitación me habla con sus cosas ciegas.
Ha vivido la estación perpetua de los sucesos,
estática como un confesor que escucha las conversaciones,
que mira el transcurrir con el breve pulso de su corazón
en bruma. Y respira- las hojas del gladiolo no paran
de crecer, el reloj recita puntual su letanía de tiempo,
la radio conversa conmigo y con la noche-acompasando
mis momentos de caída, o mi risa cuando alegre el hijo
se acerca con sus pasos de gaviota y abraza mi vientre.
La habitación me dice que sus recuerdos son los míos
y yo le digo que sí, que es mi eco, mi huella, el rumor
del pasado en los cajones, la imagen ya ida en los espejos,
las palabras que se posan en la mesa al despedirnos
cada día como naves de ausencia o pájaros sin Ítaca.
Me encuentro por primera vez contigo y me parece estar en esa habitación a la que aludes, repleta de nostalgia. La nostagia se pega a los objetos y nos sigue recordando presencias que añoramos.
Te felicito por este poema cargado de sensibilidad.
Un abrazo.
Jazmín
 
Vaya que si, ningún rincón tiene mas recuerdos que la habitación donde reposamos, sueños y vivencias andan ahí por siempre.
Bello lo que escribe poeta.
Abrazo de domingo
 
La habitación me habla con sus cosas ciegas.
Ha vivido la estación perpetua de los sucesos,
estática como un confesor que escucha las conversaciones,
que mira el transcurrir con el breve pulso de su corazón
en bruma. Y respira- las hojas del gladiolo no paran
de crecer, el reloj recita puntual su letanía de tiempo,
la radio conversa conmigo y con la noche-acompasando
mis momentos de caída, o mi risa cuando alegre el hijo
se acerca con sus pasos de gaviota y abraza mi vientre.
La habitación me dice que sus recuerdos son los míos
y yo le digo que sí, que es mi eco, mi huella, el rumor
del pasado en los cajones, la imagen ya ida en los espejos,
las palabras que se posan en la mesa al despedirnos
cada día como naves de ausencia o pájaros sin Ítaca.
muy original, a veces la soledad nos sirve para intimidar con nosotros mismos, saludos
 

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