La herida que aprendió a amar: versos unidireccionales.

F. Noctívago

Poeta recién llegado
Nací de un polvo… creo.
Por eso hablo sin máscara.
Arrastro heridas difíciles de medir,
pero no miento.
Ardo con una llama que no es mía.
Siempre quise ser otro:
alguien que no tiemble frente al espejo.

Contigo, el tiempo se desmorona.
No hay minutos, no hay lógica,
solo un sorbo de misericordia.

Camino con los pies rotos al amanecer,
pero no me quiebro.
Mi brújula es tozuda,
aunque el mundo me empuje a la guerra.
Buscar paz en este circo
es como sembrar en el asfalto.
Vivimos en una trampa brillante:
un sistema que aplaude al que destruye.

Lo que escribo sangra.
Rasgo el papel con las uñas del alma.
Quisiera romper cada verso al nacer…
pero tú me sostienes.
Creerte me salva del silencio.
Por ti, lanzo versos como puñales de absenta.
Cada línea es una cicatriz que arde al sol.

No tengo más que certezas gastadas.
Sé quién me envenena y quién me cura.
Sé cerrar la puerta y cuidar la promesa.
Reconozco a los que no exigen,
y, aun así, se quedan.
Ellos son mi escudo.

Vuelvo a manchar la hoja
con tinta que sabe a llanto.
La rompería, lo juro,
si no fueras tú
quien me enseña a respirar.
A escribir.
A dejar migas de mí en el desierto.
Soy solo una marioneta del tiempo,
y tú,
la pasión, en las manos, que da alivio en este teatrillo
 
Nací de un polvo… creo.
Por eso hablo sin máscara.
Arrastro heridas difíciles de medir,
pero no miento.
Ardo con una llama que no es mía.
Siempre quise ser otro:
alguien que no tiemble frente al espejo.

Contigo, el tiempo se desmorona.
No hay minutos, no hay lógica,
solo un sorbo de misericordia.

Camino con los pies rotos al amanecer,
pero no me quiebro.
Mi brújula es tozuda,
aunque el mundo me empuje a la guerra.
Buscar paz en este circo
es como sembrar en el asfalto.
Vivimos en una trampa brillante:
un sistema que aplaude al que destruye.

Lo que escribo sangra.
Rasgo el papel con las uñas del alma.
Quisiera romper cada verso al nacer…
pero tú me sostienes.
Creerte me salva del silencio.
Por ti, lanzo versos como puñales de absenta.
Cada línea es una cicatriz que arde al sol.

No tengo más que certezas gastadas.
Sé quién me envenena y quién me cura.
Sé cerrar la puerta y cuidar la promesa.
Reconozco a los que no exigen,
y, aun así, se quedan.
Ellos son mi escudo.

Vuelvo a manchar la hoja
con tinta que sabe a llanto.
La rompería, lo juro,
si no fueras tú
quien me enseña a respirar.
A escribir.
A dejar migas de mí en el desierto.
Soy solo una marioneta del tiempo,
y tú,
la pasión, en las manos, que da alivio en este teatrillo
Escribir a veces nos hace escapar el dolor cuando se nos atora la melancolía.

Saludos
 
Escribir a veces nos hace escapar el dolor cuando se nos atora la melancolía.

Saludos
Hay una melancolía que no viene del dolor, sino del amor profundo. Es esa emoción que te invade cuando miras a quien te ama y sientes que, sin esa persona, tu mundo perdería su centro. No hay tristeza, pero sí una ternura tan grande que se vuelve casi lágrima. Saber que alguien te sostiene, que eres refugio y también refugiado, despierta una nostalgia suave, como si ya añoraras el presente mientras lo vives. Es una melancolía luminosa, hecha de amor y gratitud.
Gracias por tu comentario, Alde.
Un abrazo
 
Lo dijo la Trinca: del polvo venimos y al polvo volvemos siempre que podemos. Poema con rasgos realistas, muy conseguido. Luis
Nunca confíes en quien dice
"Yo no necesito el polvo" Está mintiendo o es un cactus. Excepto los que tienen gato, hijos o suegra en casa. Esos ya se rindieron.
Gracias, Luis, por leer y comentar.
Un abrazo.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba