Era la simple calma de una tarde veraniega
justo cuando el ocaso te ciega cayendo sobre
el horizonte dando paso a la blanca luna.
Con el aire refrescando mi cara del calor cotidiano,
con tus ojos clavados en los míos me sostenías la mano
temiendo a que yo soltara la tuya, te amo dijiste
y entonces callado perdí la mirada al horizonte.
Tu imaginaste quizá que dude en decir lo mismo
o al menos por mínimo rastro de cinismo repetirlo
y con el llanto en el borde de tus lindos ojos buscaste
en mi rostro un señal de respuesta.
Yo callado miraba al agonizante sol rosado que se
ahogaba, mientras que mi mente no se tragaba la
idea de que tú me amaras, después de pensarlo
creo haber tardado en discernirlo pues te mire
y tus lagrimas me estremecieron.
Levante nuestras manos a la altura de mi boca y
besando tu piel exclame "Yo también te amo y no
sabes cuanto", te soltaste a llorar sobre mi pecho
como en gesto de agradecimiento a mi corazón
por corresponder a tu cariño.
justo cuando el ocaso te ciega cayendo sobre
el horizonte dando paso a la blanca luna.
Con el aire refrescando mi cara del calor cotidiano,
con tus ojos clavados en los míos me sostenías la mano
temiendo a que yo soltara la tuya, te amo dijiste
y entonces callado perdí la mirada al horizonte.
Tu imaginaste quizá que dude en decir lo mismo
o al menos por mínimo rastro de cinismo repetirlo
y con el llanto en el borde de tus lindos ojos buscaste
en mi rostro un señal de respuesta.
Yo callado miraba al agonizante sol rosado que se
ahogaba, mientras que mi mente no se tragaba la
idea de que tú me amaras, después de pensarlo
creo haber tardado en discernirlo pues te mire
y tus lagrimas me estremecieron.
Levante nuestras manos a la altura de mi boca y
besando tu piel exclame "Yo también te amo y no
sabes cuanto", te soltaste a llorar sobre mi pecho
como en gesto de agradecimiento a mi corazón
por corresponder a tu cariño.