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La lluvia de azúcar

penabad57

Poeta veterano en el portal
Hay una rosa de sangre en el viento.

Ya verás cómo relucen los copos blancos del aullido,
la memoria es un ramo celeste
en el ombligo de tu sed.

Fuiste árbol.
No sé qué árbol de horas sin luz,
fuiste la orilla de un río y su paz,
el ojo que dejas en las alcantarillas no nació ayer,
se despoja del sueño como una ninfa triste.

Si me oyes responde al sol,
el sol son tus hombros o las caderas que ocultas
bajo el horizonte de unos músculos en celo .

Y vendrás, porque eres ritmo y pálpito,
tu balanceo nubla el rumor del manantial,
te eliges en la sombra, en los cristales
en los ecos que reverberan al fulgor de tu paso.

La lluvia de azúcar cae sin cromosomas,
lánguida como la muerte, desnuda como el perdón,
hay raíces perfectas que adornan mi renuncia
a mojarte, a vivirte.

Solo busqué las alas imposibles de un dromedario
o la rapidez del caracol
o la senda amiga del águila
o la bondad del gusano lejos de su orificio.

Tan fácil el eclipse cuando tu espalda
acoge el sufrir de los atletas- su deidad es la fuga
y su laurel la razón-sin querer,
sin el azul de las mariposas,
entretenida en tu don de diamantes,
insolente como el cántaro que escupe su leche
contra la vida.

Me oirás en tus vocablos,
un adjetivo susurrará para ti el dulzor de la noche
y dos delfines arrullarán tu sueño junto a las hojas caídas,
al albor cuando nadie escucha cómo los párpados
y su musgo se excitan hasta doler,
hasta sentir el rocío fértil de la carne entre las ingles.
 
Última edición:
Hay una rosa de sangre en el viento.

Ya verás cómo relucen los copos blancos del aullido,
la memoria es un ramo celeste
en el ombligo de tu sed.

Fuiste árbol.
No sé qué árbol de horas sin luz,
fuiste la orilla de un río y su paz,
el ojo que dejas en las alcantarillas no nació ayer,
se despoja del sueño como una ninfa triste.

Si me oyes responde al sol,
el sol son tus hombros o las caderas que ocultas
bajo el horizonte de unos músculos en celo .

Y vendrás, porque eres ritmo y pálpito,
tu balanceo nubla el rumor del manantial,
te eliges en la sombra, en los cristales
en los ecos que reverberan al fulgor de tu paso.

La lluvia de azúcar cae sin cromosomas,
lánguida como la muerte, desnuda como el perdón,
hay raíces perfectas que adornan mi renuncia
a mojarte, a vivirte.

Solo busqué las alas imposibles de un dromedario
o la rapidez del caracol
o la senda amiga del águila
o la bondad del gusano lejos de su orificio.

Tan fácil el eclipse cuando tu espalda
acoge el sufrir de los atletas- su deidad es la fuga
y su laurel la razón-sin querer,
sin el azul de las mariposas,
entretenida en tu don de diamantes,
insolente como el cántaro que escupe su leche
contra la vida.

Me oirás en tus vocablos,
un adjetivo susurrará para ti el dulzor de la noche
y dos delfines arrullarán tu sueño junto a las hojas caídas,
al albor cuando nadie escucha cómo los párpados
y su musgo se excitan hasta doler,
hasta sentir el rocío fértil de la carne entre las ingles.
Tu caudal de imágenes terminará por horadar los oídos del más sordo. Un abrazo, penabad.
 
Desde el principio hasta el final las imágenes embriagan, así que para no demorar una respuesta me llevo estos versos
"Si me oyes responde al sol,
el sol son tus hombros o las caderas que ocultas
bajo el horizonte de unos músculos en celo."

Abrazos fraternos desde mi charca a su excelente obra,
Gracias, Guadalupe, por tu amable comentario. Un abrazo.
 
Hay una rosa de sangre en el viento.

Ya verás cómo relucen los copos blancos del aullido,
la memoria es un ramo celeste
en el ombligo de tu sed.

Fuiste árbol.
No sé qué árbol de horas sin luz,
fuiste la orilla de un río y su paz,
el ojo que dejas en las alcantarillas no nació ayer,
se despoja del sueño como una ninfa triste.

Si me oyes responde al sol,
el sol son tus hombros o las caderas que ocultas
bajo el horizonte de unos músculos en celo .

Y vendrás, porque eres ritmo y pálpito,
tu balanceo nubla el rumor del manantial,
te eliges en la sombra, en los cristales
en los ecos que reverberan al fulgor de tu paso.

La lluvia de azúcar cae sin cromosomas,
lánguida como la muerte, desnuda como el perdón,
hay raíces perfectas que adornan mi renuncia
a mojarte, a vivirte.

Solo busqué las alas imposibles de un dromedario
o la rapidez del caracol
o la senda amiga del águila
o la bondad del gusano lejos de su orificio.

Tan fácil el eclipse cuando tu espalda
acoge el sufrir de los atletas- su deidad es la fuga
y su laurel la razón-sin querer,
sin el azul de las mariposas,
entretenida en tu don de diamantes,
insolente como el cántaro que escupe su leche
contra la vida.

Me oirás en tus vocablos,
un adjetivo susurrará para ti el dulzor de la noche
y dos delfines arrullarán tu sueño junto a las hojas caídas,
al albor cuando nadie escucha cómo los párpados
y su musgo se excitan hasta doler,
hasta sentir el rocío fértil de la carne entre las ingles.
Poco a poco se va desvaneciendo todo. el sufrimiento y la no razon
para encaminarse a ese sonido que sera la forma donde los
espacios perdidos se ensueñan. una excelente obra. saludos
amables de luzyabsenta
 
Me oirás en tus vocablos,
un adjetivo susurrará para ti el dulzor de la noche

Maravilloso, cadencioso, leerte no es solo la palabra en su arte, también es el don de fluir y que suene armoniosa.
Es un placer encontrar tu trabajo, siempre.
Un abrazo con admiración.
 

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