Mujer Morena
Poeta asiduo al portal
Allá detrás de los juncos
corrió a esconderse la lluvia
cansada de que el viento la dirija,
quería ser siempre libre,
ataviada tan solo con su voluntad.
Y el viento lo supo entonces
era momento de soltar a la lluvia
dejarla ir y venir a donde quisiera,
sin siquiera rozarla,
sin pedirle un beso de madrugada,
sin desearle dulces sueños
cuando se tiene a descansar sobre su nube.
Y se alejó el viento
llorando en silencio,
sintiendo que nada
de lo que le había querido dar a la lluvia
valía la pena,
sintiendo que nunca
había sido necesario en su camino.
Se perdió tras la montaña,
se arrastró pegado a la tierra,
enegreciendo a su paso el camino,
se confundió con las rocas y las hierbas
hasta perderse de vista.
Y la lluvia cayó a su ritmo
inundando todo a su paso,
fue feliz al sentirse libre,
conoció el mundo con otros ojos
sin pensar en lo que dejaba atrás,
descubrió nuevos senderos
produjo otros milagros,
caminó sin cansarse
y se tiró sobre los prados
en los montes y los valles,
olvidando las regiones menos agraciadas
aquellas por donde de vez en cuando
el viento la llevaba.
El tiempo pasó
y aquellos sitios polvorientos
en donde solo se revuelve el viento,
se acostumbraron a la miseria,
incluso él, se olvidó lo que sentía
al danzar en medio de la lluvia;
entendió entonces
que aquel amor siempre fue un imposible.
corrió a esconderse la lluvia
cansada de que el viento la dirija,
quería ser siempre libre,
ataviada tan solo con su voluntad.
Y el viento lo supo entonces
era momento de soltar a la lluvia
dejarla ir y venir a donde quisiera,
sin siquiera rozarla,
sin pedirle un beso de madrugada,
sin desearle dulces sueños
cuando se tiene a descansar sobre su nube.
Y se alejó el viento
llorando en silencio,
sintiendo que nada
de lo que le había querido dar a la lluvia
valía la pena,
sintiendo que nunca
había sido necesario en su camino.
Se perdió tras la montaña,
se arrastró pegado a la tierra,
enegreciendo a su paso el camino,
se confundió con las rocas y las hierbas
hasta perderse de vista.
Y la lluvia cayó a su ritmo
inundando todo a su paso,
fue feliz al sentirse libre,
conoció el mundo con otros ojos
sin pensar en lo que dejaba atrás,
descubrió nuevos senderos
produjo otros milagros,
caminó sin cansarse
y se tiró sobre los prados
en los montes y los valles,
olvidando las regiones menos agraciadas
aquellas por donde de vez en cuando
el viento la llevaba.
El tiempo pasó
y aquellos sitios polvorientos
en donde solo se revuelve el viento,
se acostumbraron a la miseria,
incluso él, se olvidó lo que sentía
al danzar en medio de la lluvia;
entendió entonces
que aquel amor siempre fue un imposible.
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