¡Extra!, ¡Extra! ¡Se desmiente la llegada del hombre a la Luna! ¡Otro montaje de los “americanos”!
Estos eran los titulares de los periódicos en el kiosco de la avenida. Corrían los años de dentro de siete u ocho años en el futuro, cuando se descubrió el mayor bluf de la Historia: la llegada de los “americanos” a la Luna.
Pero estamos en los tiempos del “ahora”, en los rabiosos tiempos del “ahora” donde a la gente parece darle todo igual y no le interesa otra cosa más que sus asuntos.
Bueno, empecemos desde el principio. ¿En qué clase de suceso o idea histórica se podrían enmarcar esos viajes a la Luna? Habría que hacerlo, pues, dentro de la estela de los viajes de exploración y descubrimiento. Esta clase de hechos históricos son muy famosos desde la antigüedad y cada una de ellos habría sido minuciosamente preparado con vistas a su éxito y a los beneficios de poder y prestigio, económicos, geográficos, sociales y políticos, que ese viaje o ese descubrimiento habría que traer consigo..
Desde los tiempos de la Antigüedad, los viajes de exploración y descubrimiento llenaron las páginas de la Historia y algunos de esos viajes se pierden en los vagarosos parajes de los Dioses. El gran Dionisos fue el primero que con un increíble séquito de dioses amigos, criados y bacantes cruzó el espacio del mediodía en Asia Menor y se llegó a la India para saber lo que allí había. Hay otros viajes de ese tipo que se pierden entre los reinos de la fantasía y las creencias populares como la expedición de los Argonautas en busca del Vellocino de Oro o el increíble viaje a través de los mares de Eneas fundador de Roma.
Abandonando la región de la leyenda y en el plano de lo real se datan los viajes de descubrimiento de los Fenicios cuyas naves, una vez cruzado el Mediterráneo, rodeaban las costas de África occidental, navegaban hasta las regiones del Ecuador y regresaban por tierra en alucinantes caravanas que, a través del continente, llegaban a Etiopía y Egipto hasta alcanzar de nuevo su casa. Sólo porque esa era su idea.
En 1.271, Marco Polo, un mercader y armador de Venecia, acompañado de su padre y su tío, emprenden el viaje hacia el Oriente más extremo con la misión de visitar la corte del emperador mongol en Pekín y establecer contactos comerciales y nuevas rutas entre oriente y occidente. Marco Polo, dictó sus viajes a un compañero escritor que tituló: El descubrimiento del Mundo, o El Millón, Libro de las Maravillas del Mundo.
Entre los años 1.325 y 1.355, un marinero y descubridor de Tánger, en la costa del norte africano, de nombre Ibn Battuta viajó durante treinta años por Oriente Medio, África, Asia Central, India y China.
En tiempos modernos hay que citar los viajes de exploración de los marinos portugueses hacia el sur para conquistar las costas de todo el continente africano y su posterior proyección hacia los mares y tierras del sur de Asia y Oriente.
Por esa misma época los increíbles viajes de Cristóbal Colón en busca del Continente Perdido, la Atlántida, América, como la llamaron después. También mentar aquí el Primer Viaje de Circunvalación del Planeta iniciado por Fernando de Magallanes y terminado por Juan Sebastián Elcano, todo ello promocionado por el bolsillo del emperador Carlos V y que sucediera entre los años 1.519 y 1.521.
Bien, ahora, ya se podría asegurar que la Tierra era redonda.
Después de los fantásticos descubrimientos de los principios de la era moderna, la mayor parte del mundo habría quedado a la vista de los exploradores y reflejada en los mapas y las rutas de navegación. De manera curiosa las dos regiones que faltaban por descubrir serían, pues, los dos Polos del planeta, El polo Norte y el Polo Sur. A partir de 1.818, diversos buques y expedicionarios ingleses, americanos, noruegos y alemanes, intentaron por medio de buques y expediciones con trineo alcanzar la codiciada meta del Polo Norte.
Ya en el siglo pasado, el XX, hay que citar las expediciones para la conquista del Polo Sur, sobre todo las realizadas por Roald Amundsen en descubrimiento de la Antártida.
En todas esas ocasiones los hombres encuentran su recompensa, las nuevas tierras, los nuevos mapas, las nuevas rutas por descubrir y recorrer. Ese era el riesgo, esa era la recompensa de honor histórico y gloria para sus naciones.
Un vez descubiertos y conquistados todos y cada uno de los lugares planetarios ¿por dónde continuaría la aventura del descubrimiento? Pues sin duda alguna por el espacio que rodea el planeta, por el lugar más allá de la atmósfera de la Tierra y los satélites y planetas más cercanos del Sistema Solar.
Veamos pues lo que sucede en el concreto caso de la Carrera Espacial, los supuestos viajes del hombre a la superficie de la Luna, el satélite de la Tierra.
Para ello analizaremos por separado los dos proyectos más importantes de conquista y colonización del espacio y del satélite: de aquel que son dueños los rusos y de aquel que son dueños los americanos. Procederemos a analizarlos por separado, ya que en las múltiples ocasiones en las que dicho proyecto aparece con fechas y hechos mezclados, esa Carrera Espacial se enmaraña y emborrona y no permite enjuiciarlo de forma correcta.
En realidad la Carrera Espacial es casi contemporánea del desarrollo de la industria aeronáutica, nació casi al mismo tiempo, un poco después que los trastos que surcan los aires, los aviones.
El 18 de agosto de 1933 la Unión Soviética lanza el primer cohete hacia el espacio de nombre Gird. Ese tipo de prácticas continúan en el país del norte hasta que el 4 de octubre de 1957 consiguen poner un satélite, el Sputnik 1, en órbita alrededor de la Tierra. ¡Esa es la maravilla! Con cohetes de propulsión de hidrógeno consiguen mandar una máquina más allá del límite de atracción de la atmósfera y se queda allí orbitando para su diferentes usos, meteorológicos, de comunicación, etc. En el año 1959 los mismos soviéticos ponen en marcha el programa Luna, de los cuales el Luna 1 orbita alrededor de la Tierra, se acerca a la Luna y órbita después alrededor del Sol; el Luna 2 impacta en el satélite y el Luna 3 consigue las primeras imágenes del lado oscuro del satélite. Mandan después algunas sondas hacia Venus y Marte y en 1961 comienza la serie Vostok, en cuyo primer satélite viaja el primer hombre en orbitar el planeta, Yuri Gagarin. En 1964 el Vosjod 1 realiza el primer vuelo multitripulado; en 1966, el Luna 9, es la primera sonda que desciende a la Luna y transmite datos e imágenes desde allí; en 1969, la Soyuz 4 y 5, hacen maniobras de módulos en el espacio e intercambios de tripulación en órbita. En 1970, el Luna 16, trae a la Tierra las primeras muestras de polvo y rocas de la superficie lunar; en 1971 los mismos soviéticos mandan al espacio la primera estación espacial, la Salyut 1; en 1986 ponen en órbita la primera estación permanente, la Mir, que queda en el espacio hasta el 2001 y en el año 1987 consiguen la primera tripulación en vivir un año entero en órbita.
Esto es una exposición particularmente abreviada, de toda la historia de proyectos puestos en marcha por la URSS en conquista del espacio y de la Luna el satélite de la Tierra.
Señalemos ahora el programa espacial de los EE.UU.
En el año 1958 ponen en marcha el proyecto Mercury. En 1961, en el módulo Freedom 7, A. Shephard hace un vuelo suborbital de 15 minutos; en 1962 en la Friendship los astronautas orbitan la Tierra; en 1965, en la Gemini 4, realizan la primera caminata espacial americana. Hasta marzo de 1966 todo va bien, es en esas fechas cuando D. Scott y Neil Armstrong hacen maniobras de módulos en el espacio.
Es a partir de esos años cuando se pone en marcha el programa Apolo, que analizaremos a parte por sus especiales características.
La historia empezó el 25 de Mayo de 1961 cuando el señor Kennedy anuncia a la nación que se compromete a “aterrizar a un hombre en la Luna y devolverle sano y salvo a la Tierra antes del fin de la década”.
Los Apolos 7, 8, 9 y 10 son misiones tripuladas que realizan maniobras en la órbita terrestre y es de estas misiones de donde proceden los primeros “films” del espacio. Llegan a decir que la cápsula Apolo 10, tripulada con tres astronautas, se acerca hasta 15 kilómetros de la superficie lunar. Aquí está el nudo de la cuestión, después de las palabras de Kennedy es la segunda cosa que se va de órbita. ¿Cómo hicieron ese acercamiento, con qué medios técnicos, cómo pasaron con un módulo de ese tamaño y tripulado, los 400.000 kilómetros que median entre la Tierra y su satélite?
El 20 de julio de 1969 el Apolo 11 realiza el famoso alunizaje en el Mar de la Tranquilidad. Los “americanos” aseguran que han conseguido lo que andaban buscando: poner a un hombre, Neil Armstrong, en la superficie de la Luna.
En los años siguientes desde 1969 a 1972 las misiones Apolo 12, 14, 15, 16 y 17 con diversas clases de astronautas realizan misiones en la superficie del satélite, y la secuencia termina el 17 de diciembre de 1972 cuando se bate el record de permanencia en la Luna.
Después las misiones Apolo se desvían hacia las estaciones espaciales como la Skylab y la Soyuz soviética.
Tenemos entonces que si exceptuamos las misiones Apolo hacia la Luna, las enjuiciamos como falsas, han sido los rusos quienes han fabricado en su mayor parte la Carrera Espacial en sus principios.
De cualquier forma es de asegurar el interés y la magnífica carrera espacial emprendida en la actualidad por aquel país Norteamérica en conquista del espacio y los planetas, muestra de ello, la Estación Espacial Internacional y los diferentes envíos de trastos al planeta Marte.
Ahí están, pues, las dos formas de ver el asunto, las dos perspectivas: ¿el hombre ha llegado a la Luna, o sólo ha conseguido los límites del espacio, manipular estaciones espaciales y orbitar, sin más, alrededor de la Tierra?
De cualquier forma, la pregunta más crucial que se planteó la gente por esos años 70, la gente del Gran Mundo Público que ya empezaba a manifestarse, siempre fue: ¿por qué no siguen esos viajes, por qué no continúa la colonización del satélite, por qué no existe una sola noticia que avise a las otras naciones sobre ello, sobre los territorios en el Mar de la Tranquilidad?
Pues porque esos viajes no existen y en lugar de a la Luna donde fueron fue a “otro sitio”, que vaya usted a saber cuál de las dos cosas consigue antes el “fuera de lugar” en la estética y la educación.
El error es algo a lo que se da mucha importancia al principio, pero cuando ese mismo error se repite y aparece ante los ojos de la gente como algo normal, puede volver sin más una y otra vez. Por eso los viajes no fueron uno o dos, sino cinco o seis. Y todos ellos hasta la Luna.
¿Quién se acuerda en aquellos días del año 69, por la mañana después del desayuno, las voces del profesor W. Von Braum que decía y aseguraba que ese día construirían el más grande cohete de todos los tiempos para ir a la Luna? Y, al día siguiente igual, las mismas voces. Menos mal que llegaban a Europa seis horas después… ¡Hace falta combustible, mucho combustible, Hidrógeno, hacen falta tres, cuatro o diez pisos de combustible para ir a la Luna. ¡Cincuenta, cien pisos para ir a la Luna!
Y así gritaba y aseguraba el profesor para darse ánimos, para hacer posible el mito, para hacérselo creer a la gente. Cuando ese inmenso cigarrillo de carburante de los cohetes se quema tan sólo para cruzar la atmósfera. ¡Cómo para tirar 400.000 kilómetros! Que al final no se sabe si trataba con gigantes o con molinos. Hace ya 55 años de aquella barbaridad.
Y es que claro, en el territorio de las órbitas sólo se puede jugar con pequeños aparatos parecidos a triciclos, no más grandes porque se escapan, -parece que está comprobado-, como para conducir una banasta con tres hombres dentro.
Pero Von Braum creía en ello y otra mucha gente, incluido el presidente Nixon, también.
Allí se quedaron, pues, las misiones Apolo como enormes fantasmas espaciales que viajaran hacia ningún sitio, como fantásticas naves aparcadas en los inverosímiles territorios de la imaginería popular y la ciencia-ficción.
De cualquier forma la gente del mundo está muy avisada de todas esas cosas y optan por una serie de actitudes que van desde el más frío desinterés, hasta la evasión o el pasotismo, pasando por la ausencia más total de crítica como en otros muchos problemas que se le plantean al ciudadano de a pie hoy en día.
Es que además el asunto, el problema en sí, no es de la gente ni de la humanidad, y el hombre, acaso no quiera ir a ningún sitio, acaso quiera quedarse en la Tierra y que le dejen en paz, sino que es un negocio de los EE.UU sean o no verdad esos viajes, hayan llegado o no, a la Luna, los astronautas.
La impresión que existe en la actualidad del asunto, en el año 2024 es que la cosa está pasando de castaño oscuro y no tiene vías de solución. En efecto los planes de presupuesto para la Nasa del señor Bush en el año 2.004 en los que se incluía la continuación de las misiones tripuladas a la Luna no fueron contestadas de forma correcta por los empleados del organismo espacial y más que poner los medios para otra expedición, lo que dijeron fue: ¿qué Luna señor presidente?, ¡aquí no hay ninguna Luna!
Son los viajes Apolo otra cosa que habría que catalogar entre las insignes obras de los genios, algo insuperable, lo nunca visto, ningún número de circo llegó tan alto, ninguna superproducción cinematográfica consiguió tales efectos. Algo perfecto y escalofriante.
Pero también puede ser que esas expediciones espaciales sean verdad y estemos haciendo un mal juicio sobre el asunto. De cualquier forma si esos viajes existen habrá que esperar la posible exploración hacia el planeta Marte.
Total, sólo estamos hablando de los gemelos de la camisa.
Lunisferio propuesto por ingenieros chinos.
Estos eran los titulares de los periódicos en el kiosco de la avenida. Corrían los años de dentro de siete u ocho años en el futuro, cuando se descubrió el mayor bluf de la Historia: la llegada de los “americanos” a la Luna.
Pero estamos en los tiempos del “ahora”, en los rabiosos tiempos del “ahora” donde a la gente parece darle todo igual y no le interesa otra cosa más que sus asuntos.
Bueno, empecemos desde el principio. ¿En qué clase de suceso o idea histórica se podrían enmarcar esos viajes a la Luna? Habría que hacerlo, pues, dentro de la estela de los viajes de exploración y descubrimiento. Esta clase de hechos históricos son muy famosos desde la antigüedad y cada una de ellos habría sido minuciosamente preparado con vistas a su éxito y a los beneficios de poder y prestigio, económicos, geográficos, sociales y políticos, que ese viaje o ese descubrimiento habría que traer consigo..
Desde los tiempos de la Antigüedad, los viajes de exploración y descubrimiento llenaron las páginas de la Historia y algunos de esos viajes se pierden en los vagarosos parajes de los Dioses. El gran Dionisos fue el primero que con un increíble séquito de dioses amigos, criados y bacantes cruzó el espacio del mediodía en Asia Menor y se llegó a la India para saber lo que allí había. Hay otros viajes de ese tipo que se pierden entre los reinos de la fantasía y las creencias populares como la expedición de los Argonautas en busca del Vellocino de Oro o el increíble viaje a través de los mares de Eneas fundador de Roma.
Abandonando la región de la leyenda y en el plano de lo real se datan los viajes de descubrimiento de los Fenicios cuyas naves, una vez cruzado el Mediterráneo, rodeaban las costas de África occidental, navegaban hasta las regiones del Ecuador y regresaban por tierra en alucinantes caravanas que, a través del continente, llegaban a Etiopía y Egipto hasta alcanzar de nuevo su casa. Sólo porque esa era su idea.
En 1.271, Marco Polo, un mercader y armador de Venecia, acompañado de su padre y su tío, emprenden el viaje hacia el Oriente más extremo con la misión de visitar la corte del emperador mongol en Pekín y establecer contactos comerciales y nuevas rutas entre oriente y occidente. Marco Polo, dictó sus viajes a un compañero escritor que tituló: El descubrimiento del Mundo, o El Millón, Libro de las Maravillas del Mundo.
Entre los años 1.325 y 1.355, un marinero y descubridor de Tánger, en la costa del norte africano, de nombre Ibn Battuta viajó durante treinta años por Oriente Medio, África, Asia Central, India y China.
En tiempos modernos hay que citar los viajes de exploración de los marinos portugueses hacia el sur para conquistar las costas de todo el continente africano y su posterior proyección hacia los mares y tierras del sur de Asia y Oriente.
Por esa misma época los increíbles viajes de Cristóbal Colón en busca del Continente Perdido, la Atlántida, América, como la llamaron después. También mentar aquí el Primer Viaje de Circunvalación del Planeta iniciado por Fernando de Magallanes y terminado por Juan Sebastián Elcano, todo ello promocionado por el bolsillo del emperador Carlos V y que sucediera entre los años 1.519 y 1.521.
Bien, ahora, ya se podría asegurar que la Tierra era redonda.
Después de los fantásticos descubrimientos de los principios de la era moderna, la mayor parte del mundo habría quedado a la vista de los exploradores y reflejada en los mapas y las rutas de navegación. De manera curiosa las dos regiones que faltaban por descubrir serían, pues, los dos Polos del planeta, El polo Norte y el Polo Sur. A partir de 1.818, diversos buques y expedicionarios ingleses, americanos, noruegos y alemanes, intentaron por medio de buques y expediciones con trineo alcanzar la codiciada meta del Polo Norte.
Ya en el siglo pasado, el XX, hay que citar las expediciones para la conquista del Polo Sur, sobre todo las realizadas por Roald Amundsen en descubrimiento de la Antártida.
En todas esas ocasiones los hombres encuentran su recompensa, las nuevas tierras, los nuevos mapas, las nuevas rutas por descubrir y recorrer. Ese era el riesgo, esa era la recompensa de honor histórico y gloria para sus naciones.
Un vez descubiertos y conquistados todos y cada uno de los lugares planetarios ¿por dónde continuaría la aventura del descubrimiento? Pues sin duda alguna por el espacio que rodea el planeta, por el lugar más allá de la atmósfera de la Tierra y los satélites y planetas más cercanos del Sistema Solar.
Veamos pues lo que sucede en el concreto caso de la Carrera Espacial, los supuestos viajes del hombre a la superficie de la Luna, el satélite de la Tierra.
Para ello analizaremos por separado los dos proyectos más importantes de conquista y colonización del espacio y del satélite: de aquel que son dueños los rusos y de aquel que son dueños los americanos. Procederemos a analizarlos por separado, ya que en las múltiples ocasiones en las que dicho proyecto aparece con fechas y hechos mezclados, esa Carrera Espacial se enmaraña y emborrona y no permite enjuiciarlo de forma correcta.
En realidad la Carrera Espacial es casi contemporánea del desarrollo de la industria aeronáutica, nació casi al mismo tiempo, un poco después que los trastos que surcan los aires, los aviones.
El 18 de agosto de 1933 la Unión Soviética lanza el primer cohete hacia el espacio de nombre Gird. Ese tipo de prácticas continúan en el país del norte hasta que el 4 de octubre de 1957 consiguen poner un satélite, el Sputnik 1, en órbita alrededor de la Tierra. ¡Esa es la maravilla! Con cohetes de propulsión de hidrógeno consiguen mandar una máquina más allá del límite de atracción de la atmósfera y se queda allí orbitando para su diferentes usos, meteorológicos, de comunicación, etc. En el año 1959 los mismos soviéticos ponen en marcha el programa Luna, de los cuales el Luna 1 orbita alrededor de la Tierra, se acerca a la Luna y órbita después alrededor del Sol; el Luna 2 impacta en el satélite y el Luna 3 consigue las primeras imágenes del lado oscuro del satélite. Mandan después algunas sondas hacia Venus y Marte y en 1961 comienza la serie Vostok, en cuyo primer satélite viaja el primer hombre en orbitar el planeta, Yuri Gagarin. En 1964 el Vosjod 1 realiza el primer vuelo multitripulado; en 1966, el Luna 9, es la primera sonda que desciende a la Luna y transmite datos e imágenes desde allí; en 1969, la Soyuz 4 y 5, hacen maniobras de módulos en el espacio e intercambios de tripulación en órbita. En 1970, el Luna 16, trae a la Tierra las primeras muestras de polvo y rocas de la superficie lunar; en 1971 los mismos soviéticos mandan al espacio la primera estación espacial, la Salyut 1; en 1986 ponen en órbita la primera estación permanente, la Mir, que queda en el espacio hasta el 2001 y en el año 1987 consiguen la primera tripulación en vivir un año entero en órbita.
Esto es una exposición particularmente abreviada, de toda la historia de proyectos puestos en marcha por la URSS en conquista del espacio y de la Luna el satélite de la Tierra.
Señalemos ahora el programa espacial de los EE.UU.
En el año 1958 ponen en marcha el proyecto Mercury. En 1961, en el módulo Freedom 7, A. Shephard hace un vuelo suborbital de 15 minutos; en 1962 en la Friendship los astronautas orbitan la Tierra; en 1965, en la Gemini 4, realizan la primera caminata espacial americana. Hasta marzo de 1966 todo va bien, es en esas fechas cuando D. Scott y Neil Armstrong hacen maniobras de módulos en el espacio.
Es a partir de esos años cuando se pone en marcha el programa Apolo, que analizaremos a parte por sus especiales características.
La historia empezó el 25 de Mayo de 1961 cuando el señor Kennedy anuncia a la nación que se compromete a “aterrizar a un hombre en la Luna y devolverle sano y salvo a la Tierra antes del fin de la década”.
Los Apolos 7, 8, 9 y 10 son misiones tripuladas que realizan maniobras en la órbita terrestre y es de estas misiones de donde proceden los primeros “films” del espacio. Llegan a decir que la cápsula Apolo 10, tripulada con tres astronautas, se acerca hasta 15 kilómetros de la superficie lunar. Aquí está el nudo de la cuestión, después de las palabras de Kennedy es la segunda cosa que se va de órbita. ¿Cómo hicieron ese acercamiento, con qué medios técnicos, cómo pasaron con un módulo de ese tamaño y tripulado, los 400.000 kilómetros que median entre la Tierra y su satélite?
El 20 de julio de 1969 el Apolo 11 realiza el famoso alunizaje en el Mar de la Tranquilidad. Los “americanos” aseguran que han conseguido lo que andaban buscando: poner a un hombre, Neil Armstrong, en la superficie de la Luna.
En los años siguientes desde 1969 a 1972 las misiones Apolo 12, 14, 15, 16 y 17 con diversas clases de astronautas realizan misiones en la superficie del satélite, y la secuencia termina el 17 de diciembre de 1972 cuando se bate el record de permanencia en la Luna.
Después las misiones Apolo se desvían hacia las estaciones espaciales como la Skylab y la Soyuz soviética.
Tenemos entonces que si exceptuamos las misiones Apolo hacia la Luna, las enjuiciamos como falsas, han sido los rusos quienes han fabricado en su mayor parte la Carrera Espacial en sus principios.
De cualquier forma es de asegurar el interés y la magnífica carrera espacial emprendida en la actualidad por aquel país Norteamérica en conquista del espacio y los planetas, muestra de ello, la Estación Espacial Internacional y los diferentes envíos de trastos al planeta Marte.
Ahí están, pues, las dos formas de ver el asunto, las dos perspectivas: ¿el hombre ha llegado a la Luna, o sólo ha conseguido los límites del espacio, manipular estaciones espaciales y orbitar, sin más, alrededor de la Tierra?
De cualquier forma, la pregunta más crucial que se planteó la gente por esos años 70, la gente del Gran Mundo Público que ya empezaba a manifestarse, siempre fue: ¿por qué no siguen esos viajes, por qué no continúa la colonización del satélite, por qué no existe una sola noticia que avise a las otras naciones sobre ello, sobre los territorios en el Mar de la Tranquilidad?
Pues porque esos viajes no existen y en lugar de a la Luna donde fueron fue a “otro sitio”, que vaya usted a saber cuál de las dos cosas consigue antes el “fuera de lugar” en la estética y la educación.
El error es algo a lo que se da mucha importancia al principio, pero cuando ese mismo error se repite y aparece ante los ojos de la gente como algo normal, puede volver sin más una y otra vez. Por eso los viajes no fueron uno o dos, sino cinco o seis. Y todos ellos hasta la Luna.
¿Quién se acuerda en aquellos días del año 69, por la mañana después del desayuno, las voces del profesor W. Von Braum que decía y aseguraba que ese día construirían el más grande cohete de todos los tiempos para ir a la Luna? Y, al día siguiente igual, las mismas voces. Menos mal que llegaban a Europa seis horas después… ¡Hace falta combustible, mucho combustible, Hidrógeno, hacen falta tres, cuatro o diez pisos de combustible para ir a la Luna. ¡Cincuenta, cien pisos para ir a la Luna!
Y así gritaba y aseguraba el profesor para darse ánimos, para hacer posible el mito, para hacérselo creer a la gente. Cuando ese inmenso cigarrillo de carburante de los cohetes se quema tan sólo para cruzar la atmósfera. ¡Cómo para tirar 400.000 kilómetros! Que al final no se sabe si trataba con gigantes o con molinos. Hace ya 55 años de aquella barbaridad.
Y es que claro, en el territorio de las órbitas sólo se puede jugar con pequeños aparatos parecidos a triciclos, no más grandes porque se escapan, -parece que está comprobado-, como para conducir una banasta con tres hombres dentro.
Pero Von Braum creía en ello y otra mucha gente, incluido el presidente Nixon, también.
Allí se quedaron, pues, las misiones Apolo como enormes fantasmas espaciales que viajaran hacia ningún sitio, como fantásticas naves aparcadas en los inverosímiles territorios de la imaginería popular y la ciencia-ficción.
De cualquier forma la gente del mundo está muy avisada de todas esas cosas y optan por una serie de actitudes que van desde el más frío desinterés, hasta la evasión o el pasotismo, pasando por la ausencia más total de crítica como en otros muchos problemas que se le plantean al ciudadano de a pie hoy en día.
Es que además el asunto, el problema en sí, no es de la gente ni de la humanidad, y el hombre, acaso no quiera ir a ningún sitio, acaso quiera quedarse en la Tierra y que le dejen en paz, sino que es un negocio de los EE.UU sean o no verdad esos viajes, hayan llegado o no, a la Luna, los astronautas.
La impresión que existe en la actualidad del asunto, en el año 2024 es que la cosa está pasando de castaño oscuro y no tiene vías de solución. En efecto los planes de presupuesto para la Nasa del señor Bush en el año 2.004 en los que se incluía la continuación de las misiones tripuladas a la Luna no fueron contestadas de forma correcta por los empleados del organismo espacial y más que poner los medios para otra expedición, lo que dijeron fue: ¿qué Luna señor presidente?, ¡aquí no hay ninguna Luna!
Son los viajes Apolo otra cosa que habría que catalogar entre las insignes obras de los genios, algo insuperable, lo nunca visto, ningún número de circo llegó tan alto, ninguna superproducción cinematográfica consiguió tales efectos. Algo perfecto y escalofriante.
Pero también puede ser que esas expediciones espaciales sean verdad y estemos haciendo un mal juicio sobre el asunto. De cualquier forma si esos viajes existen habrá que esperar la posible exploración hacia el planeta Marte.
Total, sólo estamos hablando de los gemelos de la camisa.
Lunisferio propuesto por ingenieros chinos.