La luna

Lucevelio

Surrealismo, realismo, terror.
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Moderadores
Moderador enseñante
La luna es ella misma, no hay otra que la sustituya. No
habrá qué la restituya sin alguna vez se funde.

No imita, no cuelga para imponer, no encubre supercherías.
Cuando la noche estalló sus rizos negros,
allí estuvo la luna para completarla con su círculo
nocturno no fúnebre. Fue la cuchara
que mezcló el caldo para extenderla.

Cuando los mares intensificaron su sal, allí estuvo
para agitarlos en sus cunas recientes.

Cuando se juntaron los amantes, colocó su metal
para que los besos no se perdieran sin la llama.
Fueron los ancianos pacientes quienes la arrojaron
en la órbita cuando el hombre aún no era un concepto
para este mundo.

Los americanos antiguos le descubrieron su vulva,
le exhibieron sus caderas, para alzarla como la madre
que balanceara sus sueños, hasta que un día, un ocaso,
las alabardas impusieron sus barbas.

La luna, jamás fue de queso, porque ningún roedor
hasta ahora, la ha sostenido entre dientes. La luna
jamás ha escupido
meteoros, es un escudo cósmico. La luna jamás se interpuso con el sol,
no porque pudiera quemarse, sino para no abandonar
su habitación y dejarla en la anarquía.

La luna es eso, no lo que impongan los cretinos,
la medalla oportuna para enganchar nuestras esperanzas.
 
Última edición:
La luna es ella misma, no hay otra que la sustituya. No
habrá que la restituya sin alguna vez se funde.

No imita, no cuelga para imponer, no encubre supercherías.
Cuando la noche estalló sus rizos negros,
allí estuvo la luna para completarla con su círculo
nocturno no fúnebre. Fue la cuchara
que mezcló el caldo para extenderla.

Cuando los mares intensificaron su sal, allí estuvo
para agitarlos en sus cunas recientes.

Cuando se juntaron los amantes, colocó su metal
para que los besos no se perdieran sin la llama.
Fueron los ancianos pacientes quienes la arrojaron
en la órbita cuando el hombre aún no era un concepto
para este mundo.

Los americanos antiguos le descubrieron su vulva,
le exhibieron sus caderas, para alzarla como la madre
que balanceara sus sueños, hasta que un día, un ocaso,
las alabardas impusieron sus barbas.

La luna, jamás fue de queso, porque ningún roedor
hasta ahora, no la ha sostenido entre dientes. La luna
jamás ha escupido
meteoros, es un escudo cósmico. La luna jamás se interpuso con el sol,
no porque podía quemarse, sino para no abandonar
su habitación y dejarla en la anarquía.

La luna es eso, no lo que impongan los cretinos,
la medalla oportuna para enganchar nuestras esperanzas.

Intensa obra, plenas imagenes descriptivas que dan distintas
visiones de ella;
todo en ese umbral donde se agolpa el jadeo de un sentimiento
que se funde hacia ella.
Me ha gustado el sentir de una oracion otorgada a esa luz que
es ocasiones es magia. saludos. excelente. luzyabsenta
 
La luna es ella misma, no hay otra que la sustituya. No
habrá que la restituya sin alguna vez se funde.

No imita, no cuelga para imponer, no encubre supercherías.
Cuando la noche estalló sus rizos negros,
allí estuvo la luna para completarla con su círculo
nocturno no fúnebre. Fue la cuchara
que mezcló el caldo para extenderla.

Cuando los mares intensificaron su sal, allí estuvo
para agitarlos en sus cunas recientes.

Cuando se juntaron los amantes, colocó su metal
para que los besos no se perdieran sin la llama.
Fueron los ancianos pacientes quienes la arrojaron
en la órbita cuando el hombre aún no era un concepto
para este mundo.

Los americanos antiguos le descubrieron su vulva,
le exhibieron sus caderas, para alzarla como la madre
que balanceara sus sueños, hasta que un día, un ocaso,
las alabardas impusieron sus barbas.

La luna, jamás fue de queso, porque ningún roedor
hasta ahora, no la ha sostenido entre dientes. La luna
jamás ha escupido
meteoros, es un escudo cósmico. La luna jamás se interpuso con el sol,
no porque podía quemarse, sino para no abandonar
su habitación y dejarla en la anarquía.

La luna es eso, no lo que impongan los cretinos,
la medalla oportuna para enganchar nuestras esperanzas.


Cuando la veo llena y cercana me pregunto, qué sentirá ella al vernos aquí, tan vulnerables, tan moldeables y tan demoledores...

Hermoso poema que permite soñar.

Un abrazo,

Palmira
 
La luna es ella misma, no hay otra que la sustituya. No
habrá que la restituya sin alguna vez se funde.

No imita, no cuelga para imponer, no encubre supercherías.
Cuando la noche estalló sus rizos negros,
allí estuvo la luna para completarla con su círculo
nocturno no fúnebre. Fue la cuchara
que mezcló el caldo para extenderla.

Cuando los mares intensificaron su sal, allí estuvo
para agitarlos en sus cunas recientes.

Cuando se juntaron los amantes, colocó su metal
para que los besos no se perdieran sin la llama.
Fueron los ancianos pacientes quienes la arrojaron
en la órbita cuando el hombre aún no era un concepto
para este mundo.

Los americanos antiguos le descubrieron su vulva,
le exhibieron sus caderas, para alzarla como la madre
que balanceara sus sueños, hasta que un día, un ocaso,
las alabardas impusieron sus barbas.

La luna, jamás fue de queso, porque ningún roedor
hasta ahora, no la ha sostenido entre dientes. La luna
jamás ha escupido
meteoros, es un escudo cósmico. La luna jamás se interpuso con el sol,
no porque podía quemarse, sino para no abandonar
su habitación y dejarla en la anarquía.

La luna es eso, no lo que impongan los cretinos,
la medalla oportuna para enganchar nuestras esperanzas.

Excelente poema amigo Lucevelio, un placer leer. Enhorabuena. Un cálido saludo, feliz fin de semana.
 
La luna es eso, no lo que impongan los cretinos,
la medalla oportuna para enganchar nuestras esperanzas.
Me reconozco incapaz de analizar los versos del maestro Lucevelio con la minuciosidad y erudición con la que el suele diseccionar los nuestros. Pero, en todo caso, sí reconocer su maestría en la forja de metáforas, en el diseño de universos oníricos en los que situar cómodamente esa luna que nos propone tan vinculada a lo humano en su faceta más poética. Felicitaciones, amigo mío. Un cordial saludo,
miguel
 
La luna es ella misma, no hay otra que la sustituya. No
habrá que la restituya sin alguna vez se funde.

No imita, no cuelga para imponer, no encubre supercherías.
Cuando la noche estalló sus rizos negros,
allí estuvo la luna para completarla con su círculo
nocturno no fúnebre. Fue la cuchara
que mezcló el caldo para extenderla.

Cuando los mares intensificaron su sal, allí estuvo
para agitarlos en sus cunas recientes.

Cuando se juntaron los amantes, colocó su metal
para que los besos no se perdieran sin la llama.
Fueron los ancianos pacientes quienes la arrojaron
en la órbita cuando el hombre aún no era un concepto
para este mundo.

Los americanos antiguos le descubrieron su vulva,
le exhibieron sus caderas, para alzarla como la madre
que balanceara sus sueños, hasta que un día, un ocaso,
las alabardas impusieron sus barbas.

La luna, jamás fue de queso, porque ningún roedor
hasta ahora, no la ha sostenido entre dientes. La luna
jamás ha escupido
meteoros, es un escudo cósmico. La luna jamás se interpuso con el sol,
no porque podía quemarse, sino para no abandonar
su habitación y dejarla en la anarquía.

La luna es eso, no lo que impongan los cretinos,
la medalla oportuna para enganchar nuestras esperanzas.
Aunque es mérito del Sol la luz de esa Luna siempre será foco de atención para quienes desean encumbrar sus sueños nocturnos. Saludos cordiales para ti, Lucevelio.
 
Intensa obra, plenas imagenes descriptivas que dan distintas
visiones de ella;
todo en ese umbral donde se agolpa el jadeo de un sentimiento
que se funde hacia ella.
Me ha gustado el sentir de una oracion otorgada a esa luz que
es ocasiones es magia. saludos. excelente. luzyabsenta

Gracias, LuzYAbsenta. Creo en el versilibrismo, en mi caso, porque me permite extender el valor de la palabra dentro del verso. Saludos.
 
Cuando la veo llena y cercana me pregunto, qué sentirá ella al vernos aquí, tan vulnerables, tan moldeables y tan demoledores...

Hermoso poema que permite soñar.

Un abrazo,

Palmira

Uqbar, así esté llena, así esté vacía, así esté cortada, la luna siempre será la primera que miremos en la noche para saber de ella. Saludos.
 
Me reconozco incapaz de analizar los versos del maestro Lucevelio con la minuciosidad y erudición con la que el suele diseccionar los nuestros. Pero, en todo caso, sí reconocer su maestría en la forja de metáforas, en el diseño de universos oníricos en los que situar cómodamente esa luna que nos propone tan vinculada a lo humano en su faceta más poética. Felicitaciones, amigo mío. Un cordial saludo,
miguel

Por eso me canta y me encanta el surrealismo, te conecta profundamente con las palabras, que, al desenfundarlas en un poema quedan sujetas al misterio de cada quien. Saludos.

Alguna vez alguien me consideró como un psicoanalista de los poetas. Estoy convencido que al leer los poemas de cada poeta siempre hallo un elemento identificador de sus emociones y a partir de ese instante desgloso lo que ha intentado decir.
 
Aunque es mérito del Sol la luz de esa Luna siempre será foco de atención para quienes desean encumbrar sus sueños nocturnos. Saludos cordiales para ti, Lucevelio.

Muy cierto, Sergio, sino fuera por el Sol la Luna no brillaría, pero es cierto que la Luna es más romántica, aunque se sienta fría, es más notoria porque no nos quemaría. Saludos.
 
La luna es ella misma, no hay otra que la sustituya. No
habrá que la restituya sin alguna vez se funde. *

No imita, no cuelga para imponer, no encubre supercherías.
Cuando la noche estalló sus rizos negros,
allí estuvo la luna para completarla con su círculo
nocturno no fúnebre. Fue la cuchara
que mezcló el caldo para extenderla.

Cuando los mares intensificaron su sal, allí estuvo
para agitarlos en sus cunas recientes.

Cuando se juntaron los amantes, colocó su metal
para que los besos no se perdieran sin la llama.
Fueron los ancianos pacientes quienes la arrojaron
en la órbita cuando el hombre aún no era un concepto
para este mundo.

Los americanos antiguos le descubrieron su vulva,
le exhibieron sus caderas, para alzarla como la madre
que balanceara sus sueños, hasta que un día, un ocaso,
las alabardas impusieron sus barbas.

La luna, jamás fue de queso, porque ningún roedor
hasta ahora, no la ha sostenido entre dientes. La luna **
jamás ha escupido
meteoros, es un escudo cósmico. La luna jamás se interpuso con el sol,
no porque podía quemarse, sino para no abandonar ***
su habitación y dejarla en la anarquía.

La luna es eso, no lo que impongan los cretinos,
la medalla oportuna para enganchar nuestras esperanzas.
Hay un material poético muy interesante en estos versos; más que fuerza expresiva, imaginación y cierto desorden sintáctico que incomoda, pero que es compensado por la profundidad de algunas imágenes y la originalidad con la que han sido creadas, especialmente la que corresponde al segmento «Cuando la noche estalló sus rizos negros, / allí estuvo la luna para completarla con su círculo nocturno». A veces caes en excesos narrativos, pero pocas cosas hay superfluas en el poema, así que todo se equilibra perfectamente. | En el verso * el «que» lleva acento; en el verso **, sobra el no; en el verso *** parece adecuarse mucho mejor la forma verbal «pudiera»
Has hecho un trabajo estupendo, Enrique. Me dio mucho gusto volver a encontrarme con tu poesía y ser nuevamente testigo y admirador de tu creatividad poética.

Un abrazo y felices fiestas.
 
Última edición por un moderador:
Hay un material poético muy interesante en estos versos; más que fuerza expresiva, imaginación y cierto desorden sintáctico que incomoda, pero que es compensado por la profundidad de algunas imágenes y la originalidad con la que han sido creadas, especialmente la que corresponde al segmento «Cuando la noche estalló sus rizos negros, / allí estuvo la luna para completarla con su círculo nocturno». A veces caes en excesos narrativos, pero pocas cosas hay superfluas en el poema, así que todo se equilibra perfectamente. | En el verso * el «que» lleva acento; en el verso **, sobra el no; en el verso *** parece adecuarse mucho mejor la forma verbal «pudiera»
Has hecho un trabajo estupendo, Enrique. Me dio mucho gusto volver a encontrarme con tu poesía y ser nuevamente testigo y admirador de tu creatividad poética.

Un abrazo y felices fiestas.

Saludos, José. Primeramente agradecido por haber pasado a leer mi poema. Por otro lado, tomaré en cuenta las correcciones pertinentes que has planteado. En cuanto a los excesos narrativos, debo decirte que ello es deliberado. Trato de alejarme de la fluidez melódica implantada por la versificación clásica, jugando con incisos intercalados, o pausas sintácticas, para provocar un "arturdimiento" en la lectura. Aunque suelo caer en excesos: allí estuvo la luna para completarla con su círculo/nocturno no fúnebre, en negrita pongo el exceso que pudieras haber visto y que considero has acertado. Respecto al desorden sintáctico, es consecuencia de aquel. Lo que trato de decir es que, para el verso libre no me gusta oír esa melodía rutinaria que da efusividad al verso, y ese desorden -aunque tengo que trabajarlo para ajustarlo a lo que intento lograr- me parece a la medida. En resumen, creo en la perífrasis como una gerramienta para estructurar el versículo.
 
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