La luna es ella misma, no hay otra que la sustituya. No
habrá qué la restituya sin alguna vez se funde.
No imita, no cuelga para imponer, no encubre supercherías.
Cuando la noche estalló sus rizos negros,
allí estuvo la luna para completarla con su círculo
nocturno no fúnebre. Fue la cuchara
que mezcló el caldo para extenderla.
Cuando los mares intensificaron su sal, allí estuvo
para agitarlos en sus cunas recientes.
Cuando se juntaron los amantes, colocó su metal
para que los besos no se perdieran sin la llama.
Fueron los ancianos pacientes quienes la arrojaron
en la órbita cuando el hombre aún no era un concepto
para este mundo.
Los americanos antiguos le descubrieron su vulva,
le exhibieron sus caderas, para alzarla como la madre
que balanceara sus sueños, hasta que un día, un ocaso,
las alabardas impusieron sus barbas.
La luna, jamás fue de queso, porque ningún roedor
hasta ahora, la ha sostenido entre dientes. La luna
jamás ha escupido
meteoros, es un escudo cósmico. La luna jamás se interpuso con el sol,
no porque pudiera quemarse, sino para no abandonar
su habitación y dejarla en la anarquía.
La luna es eso, no lo que impongan los cretinos,
la medalla oportuna para enganchar nuestras esperanzas.
habrá qué la restituya sin alguna vez se funde.
No imita, no cuelga para imponer, no encubre supercherías.
Cuando la noche estalló sus rizos negros,
allí estuvo la luna para completarla con su círculo
nocturno no fúnebre. Fue la cuchara
que mezcló el caldo para extenderla.
Cuando los mares intensificaron su sal, allí estuvo
para agitarlos en sus cunas recientes.
Cuando se juntaron los amantes, colocó su metal
para que los besos no se perdieran sin la llama.
Fueron los ancianos pacientes quienes la arrojaron
en la órbita cuando el hombre aún no era un concepto
para este mundo.
Los americanos antiguos le descubrieron su vulva,
le exhibieron sus caderas, para alzarla como la madre
que balanceara sus sueños, hasta que un día, un ocaso,
las alabardas impusieron sus barbas.
La luna, jamás fue de queso, porque ningún roedor
hasta ahora, la ha sostenido entre dientes. La luna
jamás ha escupido
meteoros, es un escudo cósmico. La luna jamás se interpuso con el sol,
no porque pudiera quemarse, sino para no abandonar
su habitación y dejarla en la anarquía.
La luna es eso, no lo que impongan los cretinos,
la medalla oportuna para enganchar nuestras esperanzas.
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