Lisandro Sánchez
En la provincia de Neuquén, Patagonia Andina
Todos/as sabemos que últimamente, el signo de puntuación que llamamos "coma", está desapareciendo, víctima de que nos lo "comemos" cada vez más.
Por ejemplo es común leer en un anuncio de un vecino que hace comidas para vender: "pizzas hamburguesas y empanadas" (aclaro: la empanada es una comida típica aquí en Argentina).
Lógicamente el vecino se comió la coma que iba luego de la palabra "pizza". Esto es muy entendible, porque como sabemos, la lengua (y de ahí su nombre) es por antonomasia, oral (incluso la literatura durante milenios fue oral -un ejemplo de literatura oral es la obra homérica, aunque nosotros la conocemos en versión escrita-; y su etapa escrita, la actual, es relativamente incipiente).
Entonces el vecino, lo que ha hecho es pasar a texto escrito una consigna que en esencia para él es oral; y por supuesto, en la oralidad la coma es muda, por no decir inexistente. Por eso es fácil caer en el error de comérnosla cuando escribimos.
Si a esto le agregamos el hecho bien conocido por todos/as, de que la cultura y la educación en general están en retroceso (en las escuelas ya casi ni se lee, por mencionar algo entre tantísimas cosas); entonces es entendible que uno se coma una coma.
Pero hay un uso específico de la coma, que se encuentra en gravísimo peligro de extinción, casi terminal. Por ejemplo, cuando uno le escribe un mensaje a su amigo Juan, y empieza así: "Hola Juan".
Pues ahí me he comido una coma que iba luego de la palabra "Hola".
La explicación -para mi gusto- más simple y clara, es la que nos daba mi maestra en primer o segundo grado de la escuela primaria:
Si le escribo una carta a Juan, empiezo, por ejemplo, así:
“Querido Juan: Hola. Tanto tiempo. ¿Cómo estás?”
Entonces, si en vez de una carta es un simple mensaje de texto en algún medio electrónico (o, por ejemplo, la transcripción de un diálogo en un cuento), escribo:
“Hola, querido Juan. Tanto tiempo. ¿Cómo estás?”
Lo que ha pasado allí es que los dos puntos que, en la carta, estaban luego de la palabra “Juan”; fueron reemplazados por la coma que, en el mensaje, están luego de la palabra “hola”. En ambos casos, la función de ese signo de puntuación (los dos puntos o la coma) es separar dos cosas bien distintas: por un lado la identificación del destinatario del mensaje, y por otro lado el mensaje en sí; para que sepamos qué parte del texto es una cosa y qué parte es la otra.
Otro ejemplo sería: “Muy bien, Juan, te felicito”.
Ahí son dos comas, no una; porque allí tenemos primero mensaje, luego destinatario, y por último más mensaje.
Y hay montones de ejemplos:
No, Juan.
Gracias, Juan.
Andá, Juán (eso aquí en Argentina; en España y otros países -e incluso en algunos lugares de Argentina- será: “Anda, Juan”).
Para vos, Juan (en España: “Para ti, Juan”).
Juan, te fuiste (o: “Juan: te fuiste”).
¿Te fuiste, Juan?
Basta, Juan, de una buena vez.
Es tuya, Juan, tomala (en España: tómala).
Y así, miles.
Por ejemplo si en un intercambio de mensajes de texto por WhatsApp con mi amiga Juana, escribo: “Linda mañana amiga”; si Juana es una lectora que se atiene a los signos de puntuación, entenderá que estoy diciendo que la mañana es una mañana amiga, o sea, metafóricamente, una mañana amigable, que invita a ser disfrutada, o algo así. Pero si Juana no repara en los signos de puntuación, en la presencia o ausencia de los mismos; tal vez pensará que con la palabra “amiga” la estoy refiriendo a ella, como si yo hubiese escrito: “Linda mañana, amiga”.
En cada uno de estos ejemplos que vengo dando, el texto, y el hipotético contexto, seguramente harán que la posibilidad de confusión sea nula o intrascendente o poco menos. Pero a veces, estos casos de “deglución” de coma, provocan auténticas confusiones; sobre todo cuando se suman a otros errores que también se han vuelto habituales, tanto por error humano como por error electrónico -cuando los humanos dejamos que los sistemas actúen, no como nuestros auxiliares, sino directamente como “protagonistas” sin nuestro control- (ausencia de comas en general, ausencia de acentos, acentos mal puestos, iniciales minúsculas donde irían mayúsculas, comas donde irían puntos seguidos, etc.).
Aquí en Mundo Poesía he visto muchos ejemplos de este caso de deglución de coma que aquí he descripto, y por supuesto también errores de los otros que acabo de mencionar; incluso en mis propios textos, que he tenido que corregir oportunamente (claro; porque alguna vez se me dio por revisarlos).
Aquí debo decir -a continuación- algunas cosas en defensa de nosotros/as, mamíferos bípedos “escribidores”.
Primero, lo que ya dije más arriba: el lenguaje es ante todo oral, y al plasmarlo por escrito, inevitablemente se producen errores que son consecuencia de aquella esencia oral.
Segundo: la solución es revisar el texto para descubrir los errores. Pero para descubrir los errores en un texto, hay que descubrir el texto mismo. Y cuando uno revisa un texto que escribió uno mismo, y que -peor todavía- lo escribió hace poco; pues entonces no lo descubre, porque ya lo conoce de memoria; entonces, sin darse cuenta, uno lo que hace es “leer sin leer”, “leerlo” más en la memoria que en el papel o la pantalla (si es pantalla es peor: está comprobado que nos idiotizan, y todo lo que hagamos estando frente a ellas, lo haremos de peor forma). Y el recuerdo del texto, como el texto mismo cuando está a punto de ser escrito; es un contenido mental, que es, en esencia, oral, no escrito.
Uno puede ser buen corrector para corregir textos de otros, o textos de uno pero muy viejos, que uno ya ni recuerda; pero malo para corregir un texto que escribió uno mismo, y que lo escribió no hace mucho.
Entonces se pueden intentar algunas soluciones:
1- Pedirle a un tercero (o a varios) que revise el texto.
2- Guardarlo por un buen tiempo y corregirlo después.
3- Revisarlo con muchísimo detenimiento, mil veces (aunque puede no ser suficiente si el texto es nuevo y está “fresco” en nuestra memoria)
4- La auténtica solución: leer. Los lectores empedernidos, obedecen las reglas ortográficas y gramaticales, sin conocerlas, y sin proponérselo. Por supuesto, se trata de leer textos bien escritos. Empezar por revolver hasta el último libro de la biblioteca pública más cercana (aquí en Argentina no solo abundan las bibliotecas populares; también son abiertas a todo público las bibliotecas de las facultades de las universidades nacionales). Elegir los libros de las editoriales más serias (con el tiempo, uno va a aprendiendo a identificarlas -a veces la editorial más pequeña y desconocida es la más seria-). Seguir el consejo del escritor argentino Abelardo Castillo: leer, leer, leer. Y eso sí, siempre diccionario en mano -y consultarlo, no solamente tenerlo a mano- (en las mismas bibliotecas, uno siempre puede -y debería- pedir el libro que va a leer, y un diccionario).
Un fraterno saludo a todos/as.
Lisandro Sánchez
Las Ovejas, Neuquén, Argentina
pochosanchez1973@gmail.com
https://www.mundopoesia.com/foros/t...de-neuquen-patagonia-andina-argentina.772110/
PD: cuando encuentren errores en mis textos (incluso tal vez en este mismo), por favor avísenme. Yo no solamente cometo errores como todo el mundo; si no que además soy pedigüeño, quiero que me avisen.
PD 2: en cuanto a los dispositivos y sistemas, siempre se los puede configurar (y a mi criterio, debería hacérselo -yo siempre lo hago-) para que no modifiquen el texto, si no que solamente nos señalen el supuesto error.
PD 3: no se sientan mal si ustedes suelen cometer la deglución de coma que aquí he comentado. Para vuestro consuelo, les copio y pego a continuación, las primeras líneas de un correo electrónico que acabo de recibir de uno de los tres o cuatro diarios de mayor tirada de Argentina.
"
Hola Lisandro Sánchez,
Buen domingo:
Te ofrecemos acá el adelanto exclusivo de las columnas de las que más se va a hablar hoy y que se publican en la edición domingo de Diario (...)
"
Como ven, entre otros errores, estos muchachos se han comido la coma respectiva. O sea, como reza el dicho: sucede en las mejores familias.
PD 4: Desde la provincia de Neuquén, un llamado a los/as amantes de las letras, de aquí y de la zona:
https://www.mundopoesia.com/foros/t...es-de-las-letras-de-aqui-y-de-la-zona.789281/
Por ejemplo es común leer en un anuncio de un vecino que hace comidas para vender: "pizzas hamburguesas y empanadas" (aclaro: la empanada es una comida típica aquí en Argentina).
Lógicamente el vecino se comió la coma que iba luego de la palabra "pizza". Esto es muy entendible, porque como sabemos, la lengua (y de ahí su nombre) es por antonomasia, oral (incluso la literatura durante milenios fue oral -un ejemplo de literatura oral es la obra homérica, aunque nosotros la conocemos en versión escrita-; y su etapa escrita, la actual, es relativamente incipiente).
Entonces el vecino, lo que ha hecho es pasar a texto escrito una consigna que en esencia para él es oral; y por supuesto, en la oralidad la coma es muda, por no decir inexistente. Por eso es fácil caer en el error de comérnosla cuando escribimos.
Si a esto le agregamos el hecho bien conocido por todos/as, de que la cultura y la educación en general están en retroceso (en las escuelas ya casi ni se lee, por mencionar algo entre tantísimas cosas); entonces es entendible que uno se coma una coma.
Pero hay un uso específico de la coma, que se encuentra en gravísimo peligro de extinción, casi terminal. Por ejemplo, cuando uno le escribe un mensaje a su amigo Juan, y empieza así: "Hola Juan".
Pues ahí me he comido una coma que iba luego de la palabra "Hola".
La explicación -para mi gusto- más simple y clara, es la que nos daba mi maestra en primer o segundo grado de la escuela primaria:
Si le escribo una carta a Juan, empiezo, por ejemplo, así:
“Querido Juan: Hola. Tanto tiempo. ¿Cómo estás?”
Entonces, si en vez de una carta es un simple mensaje de texto en algún medio electrónico (o, por ejemplo, la transcripción de un diálogo en un cuento), escribo:
“Hola, querido Juan. Tanto tiempo. ¿Cómo estás?”
Lo que ha pasado allí es que los dos puntos que, en la carta, estaban luego de la palabra “Juan”; fueron reemplazados por la coma que, en el mensaje, están luego de la palabra “hola”. En ambos casos, la función de ese signo de puntuación (los dos puntos o la coma) es separar dos cosas bien distintas: por un lado la identificación del destinatario del mensaje, y por otro lado el mensaje en sí; para que sepamos qué parte del texto es una cosa y qué parte es la otra.
Otro ejemplo sería: “Muy bien, Juan, te felicito”.
Ahí son dos comas, no una; porque allí tenemos primero mensaje, luego destinatario, y por último más mensaje.
Y hay montones de ejemplos:
No, Juan.
Gracias, Juan.
Andá, Juán (eso aquí en Argentina; en España y otros países -e incluso en algunos lugares de Argentina- será: “Anda, Juan”).
Para vos, Juan (en España: “Para ti, Juan”).
Juan, te fuiste (o: “Juan: te fuiste”).
¿Te fuiste, Juan?
Basta, Juan, de una buena vez.
Es tuya, Juan, tomala (en España: tómala).
Y así, miles.
Por ejemplo si en un intercambio de mensajes de texto por WhatsApp con mi amiga Juana, escribo: “Linda mañana amiga”; si Juana es una lectora que se atiene a los signos de puntuación, entenderá que estoy diciendo que la mañana es una mañana amiga, o sea, metafóricamente, una mañana amigable, que invita a ser disfrutada, o algo así. Pero si Juana no repara en los signos de puntuación, en la presencia o ausencia de los mismos; tal vez pensará que con la palabra “amiga” la estoy refiriendo a ella, como si yo hubiese escrito: “Linda mañana, amiga”.
En cada uno de estos ejemplos que vengo dando, el texto, y el hipotético contexto, seguramente harán que la posibilidad de confusión sea nula o intrascendente o poco menos. Pero a veces, estos casos de “deglución” de coma, provocan auténticas confusiones; sobre todo cuando se suman a otros errores que también se han vuelto habituales, tanto por error humano como por error electrónico -cuando los humanos dejamos que los sistemas actúen, no como nuestros auxiliares, sino directamente como “protagonistas” sin nuestro control- (ausencia de comas en general, ausencia de acentos, acentos mal puestos, iniciales minúsculas donde irían mayúsculas, comas donde irían puntos seguidos, etc.).
Aquí en Mundo Poesía he visto muchos ejemplos de este caso de deglución de coma que aquí he descripto, y por supuesto también errores de los otros que acabo de mencionar; incluso en mis propios textos, que he tenido que corregir oportunamente (claro; porque alguna vez se me dio por revisarlos).
Aquí debo decir -a continuación- algunas cosas en defensa de nosotros/as, mamíferos bípedos “escribidores”.
Primero, lo que ya dije más arriba: el lenguaje es ante todo oral, y al plasmarlo por escrito, inevitablemente se producen errores que son consecuencia de aquella esencia oral.
Segundo: la solución es revisar el texto para descubrir los errores. Pero para descubrir los errores en un texto, hay que descubrir el texto mismo. Y cuando uno revisa un texto que escribió uno mismo, y que -peor todavía- lo escribió hace poco; pues entonces no lo descubre, porque ya lo conoce de memoria; entonces, sin darse cuenta, uno lo que hace es “leer sin leer”, “leerlo” más en la memoria que en el papel o la pantalla (si es pantalla es peor: está comprobado que nos idiotizan, y todo lo que hagamos estando frente a ellas, lo haremos de peor forma). Y el recuerdo del texto, como el texto mismo cuando está a punto de ser escrito; es un contenido mental, que es, en esencia, oral, no escrito.
Uno puede ser buen corrector para corregir textos de otros, o textos de uno pero muy viejos, que uno ya ni recuerda; pero malo para corregir un texto que escribió uno mismo, y que lo escribió no hace mucho.
Entonces se pueden intentar algunas soluciones:
1- Pedirle a un tercero (o a varios) que revise el texto.
2- Guardarlo por un buen tiempo y corregirlo después.
3- Revisarlo con muchísimo detenimiento, mil veces (aunque puede no ser suficiente si el texto es nuevo y está “fresco” en nuestra memoria)
4- La auténtica solución: leer. Los lectores empedernidos, obedecen las reglas ortográficas y gramaticales, sin conocerlas, y sin proponérselo. Por supuesto, se trata de leer textos bien escritos. Empezar por revolver hasta el último libro de la biblioteca pública más cercana (aquí en Argentina no solo abundan las bibliotecas populares; también son abiertas a todo público las bibliotecas de las facultades de las universidades nacionales). Elegir los libros de las editoriales más serias (con el tiempo, uno va a aprendiendo a identificarlas -a veces la editorial más pequeña y desconocida es la más seria-). Seguir el consejo del escritor argentino Abelardo Castillo: leer, leer, leer. Y eso sí, siempre diccionario en mano -y consultarlo, no solamente tenerlo a mano- (en las mismas bibliotecas, uno siempre puede -y debería- pedir el libro que va a leer, y un diccionario).
Un fraterno saludo a todos/as.
Lisandro Sánchez
Las Ovejas, Neuquén, Argentina
pochosanchez1973@gmail.com
https://www.mundopoesia.com/foros/t...de-neuquen-patagonia-andina-argentina.772110/
PD: cuando encuentren errores en mis textos (incluso tal vez en este mismo), por favor avísenme. Yo no solamente cometo errores como todo el mundo; si no que además soy pedigüeño, quiero que me avisen.
PD 2: en cuanto a los dispositivos y sistemas, siempre se los puede configurar (y a mi criterio, debería hacérselo -yo siempre lo hago-) para que no modifiquen el texto, si no que solamente nos señalen el supuesto error.
PD 3: no se sientan mal si ustedes suelen cometer la deglución de coma que aquí he comentado. Para vuestro consuelo, les copio y pego a continuación, las primeras líneas de un correo electrónico que acabo de recibir de uno de los tres o cuatro diarios de mayor tirada de Argentina.
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Hola Lisandro Sánchez,
Buen domingo:
Te ofrecemos acá el adelanto exclusivo de las columnas de las que más se va a hablar hoy y que se publican en la edición domingo de Diario (...)
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Como ven, entre otros errores, estos muchachos se han comido la coma respectiva. O sea, como reza el dicho: sucede en las mejores familias.
PD 4: Desde la provincia de Neuquén, un llamado a los/as amantes de las letras, de aquí y de la zona:
https://www.mundopoesia.com/foros/t...es-de-las-letras-de-aqui-y-de-la-zona.789281/
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