La mente, cuando quiere,
es un mar sin orillas,
un viento que desordena
las habitaciones del alma.
Te conduce a senderos
que nunca elegiste recorrer,
te pinta el mundo de gris
cuando el cielo aún sigue siendo azul.
Te derrumba
incluso cuando todo permanece en pie;
siembra tormentas
en el jardín de la calma
y hace del silencio
un lugar lleno de ruido.
Crees entonces
que serás para siempre
prisionero del caos,
atrapado en una telaraña
tejida por tus propios pensamientos.
Pero un día,
sin anunciarse,
la luz encuentra una rendija.
Vuelves a mirar el cielo,
a sentir el calor del sol,
a descubrir el abrazo de los tuyos,
a recordar que la vida sigue latiendo
más allá de la tormenta.
Entonces comprendes
que existen días
que no puedes borrar,
como tampoco puedes detener
la llegada de la noche.
Pero también existen amaneceres
que devuelven la esperanza,
instantes que te reconcilian
con el simple milagro de estar vivo.
Y así es la vida:
un océano de olas serenas,
de olas furiosas,
de luces y sombras
que se abrazan sin pedir permiso.
Hasta que, después de cada batalla,
cuando el corazón deja de luchar
contra sí mismo,
el equilibrio llega...
no como una victoria,
sino como un volver a la vida
es un mar sin orillas,
un viento que desordena
las habitaciones del alma.
Te conduce a senderos
que nunca elegiste recorrer,
te pinta el mundo de gris
cuando el cielo aún sigue siendo azul.
Te derrumba
incluso cuando todo permanece en pie;
siembra tormentas
en el jardín de la calma
y hace del silencio
un lugar lleno de ruido.
Crees entonces
que serás para siempre
prisionero del caos,
atrapado en una telaraña
tejida por tus propios pensamientos.
Pero un día,
sin anunciarse,
la luz encuentra una rendija.
Vuelves a mirar el cielo,
a sentir el calor del sol,
a descubrir el abrazo de los tuyos,
a recordar que la vida sigue latiendo
más allá de la tormenta.
Entonces comprendes
que existen días
que no puedes borrar,
como tampoco puedes detener
la llegada de la noche.
Pero también existen amaneceres
que devuelven la esperanza,
instantes que te reconcilian
con el simple milagro de estar vivo.
Y así es la vida:
un océano de olas serenas,
de olas furiosas,
de luces y sombras
que se abrazan sin pedir permiso.
Hasta que, después de cada batalla,
cuando el corazón deja de luchar
contra sí mismo,
el equilibrio llega...
no como una victoria,
sino como un volver a la vida