La mente

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Mayca

ES EL MOMENTO DE DESPERTAR A LA ESPIRITUALIDAD
Mecenas
La mente, cuando quiere,
es un mar sin orillas,
un viento que desordena
las habitaciones del alma.

Te conduce a senderos
que nunca elegiste recorrer,
te pinta el mundo de gris
cuando el cielo aún sigue siendo azul.

Te derrumba
incluso cuando todo permanece en pie;
siembra tormentas
en el jardín de la calma
y hace del silencio
un lugar lleno de ruido.

Crees entonces
que serás para siempre
prisionero del caos,
atrapado en una telaraña
tejida por tus propios pensamientos.

Pero un día,
sin anunciarse,
la luz encuentra una rendija.

Vuelves a mirar el cielo,
a sentir el calor del sol,
a descubrir el abrazo de los tuyos,
a recordar que la vida sigue latiendo
más allá de la tormenta.

Entonces comprendes
que existen días
que no puedes borrar,
como tampoco puedes detener
la llegada de la noche.

Pero también existen amaneceres
que devuelven la esperanza,
instantes que te reconcilian
con el simple milagro de estar vivo.

Y así es la vida:
un océano de olas serenas,
de olas furiosas,
de luces y sombras
que se abrazan sin pedir permiso.

Hasta que, después de cada batalla,
cuando el corazón deja de luchar
contra sí mismo,
el equilibrio llega...
no como una victoria,
sino como un volver a la vida
 
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Mayca,

este poema traza con honestidad el mapa completo de una mente en conflicto: no se queda en el dolor ni en la salida fácil, sino que transita todo el recorrido, y eso le da peso y credibilidad.

Lo que más me retiene es la tensión que construyes entre imágenes opuestas que coexisten sin cancelarse. El jardín y la tormenta, el silencio y el ruido, la noche y el amanecer. No pelean: se abrazan, como dices tú misma. Eso es lo que hace que el poema no resulte un consuelo vacío, porque reconoce que las sombras no desaparecen, solo aprenden a compartir espacio con la luz.

el equilibrio llega...
no como una victoria,
sino como un volver a la vida

Este cierre es la pieza que ancla todo. Rechazar la metáfora del triunfo para elegir la del retorno es un gesto maduro: no se trata de ganar nada, sino de reconocerse viva de nuevo. La elipsis antes del verso final le da al lector un instante de silencio justo donde lo necesita.

Un poema que habla de la mente con esta clase de claridad es siempre necesario. Gracias por compartirlo.
 
La mente, cuando quiere,
es un mar sin orillas,
un viento que desordena
las habitaciones del alma.

Te conduce a senderos
que nunca elegiste recorrer,
te pinta el mundo de gris
cuando el cielo aún sigue siendo azul.

Te derrumba
incluso cuando todo permanece en pie;
siembra tormentas
en el jardín de la calma
y hace del silencio
un lugar lleno de ruido.

Crees entonces
que serás para siempre
prisionero del caos,
atrapado en una telaraña
tejida por tus propios pensamientos.

Pero un día,
sin anunciarse,
la luz encuentra una rendija.

Vuelves a mirar el cielo,
a sentir el calor del sol,
a descubrir el abrazo de los tuyos,
a recordar que la vida sigue latiendo
más allá de la tormenta.

Entonces comprendes
que existen días
que no puedes borrar,
como tampoco puedes detener
la llegada de la noche.

Pero también existen amaneceres
que devuelven la esperanza,
instantes que te reconcilian
con el simple milagro de estar vivo.

Y así es la vida:
un océano de olas serenas,
de olas furiosas,
de luces y sombras
que se abrazan sin pedir permiso.

Hasta que, después de cada batalla,
cuando el corazón deja de luchar
contra sí mismo,
el equilibrio llega...
no como una victoria,
sino como un volver a la vida
La mente puede ser una fuente de tormento interno, llevándonos a sentirnos atrapados en el caos de nuestros propios pensamientos.
Pero a pesar de la oscuridad siempre queda la esperanza.
El verdadero equilibrio y la reconciliación con la vida se alcanzan al cesar la lucha interna, no como una victoria, sino como un renacimiento.
Siempre es un honor visitarla.

Le envío un saludo desde mi humilde Habana
 
La mente, cuando quiere,
es un mar sin orillas,
un viento que desordena
las habitaciones del alma.

Te conduce a senderos
que nunca elegiste recorrer,
te pinta el mundo de gris
cuando el cielo aún sigue siendo azul.

Te derrumba
incluso cuando todo permanece en pie;
siembra tormentas
en el jardín de la calma
y hace del silencio
un lugar lleno de ruido.

Crees entonces
que serás para siempre
prisionero del caos,
atrapado en una telaraña
tejida por tus propios pensamientos.

Pero un día,
sin anunciarse,
la luz encuentra una rendija.

Vuelves a mirar el cielo,
a sentir el calor del sol,
a descubrir el abrazo de los tuyos,
a recordar que la vida sigue latiendo
más allá de la tormenta.

Entonces comprendes
que existen días
que no puedes borrar,
como tampoco puedes detener
la llegada de la noche.

Pero también existen amaneceres
que devuelven la esperanza,
instantes que te reconcilian
con el simple milagro de estar vivo.

Y así es la vida:
un océano de olas serenas,
de olas furiosas,
de luces y sombras
que se abrazan sin pedir permiso.

Hasta que, después de cada batalla,
cuando el corazón deja de luchar
contra sí mismo,
el equilibrio llega...
no como una victoria,
sino como un volver a la vida
Qué gran poema, poetisa Mayca. Somos prisioneros de nuestros propios pensamientos y, como usted bien describe, en ocasiones en nuestra mente se forman tormentas cuando en la realidad no las hay. Gracias por compartir este pensamiento. Le deseo más días soleados y un mar en calma. ¡Abrazos, poetisa!
 
La mente, cuando quiere,
es un mar sin orillas,
un viento que desordena
las habitaciones del alma.

Te conduce a senderos
que nunca elegiste recorrer,
te pinta el mundo de gris
cuando el cielo aún sigue siendo azul.

Te derrumba
incluso cuando todo permanece en pie;
siembra tormentas
en el jardín de la calma
y hace del silencio
un lugar lleno de ruido.

Crees entonces
que serás para siempre
prisionero del caos,
atrapado en una telaraña
tejida por tus propios pensamientos.

Pero un día,
sin anunciarse,
la luz encuentra una rendija.

Vuelves a mirar el cielo,
a sentir el calor del sol,
a descubrir el abrazo de los tuyos,
a recordar que la vida sigue latiendo
más allá de la tormenta.

Entonces comprendes
que existen días
que no puedes borrar,
como tampoco puedes detener
la llegada de la noche.

Pero también existen amaneceres
que devuelven la esperanza,
instantes que te reconcilian
con el simple milagro de estar vivo.

Y así es la vida:
un océano de olas serenas,
de olas furiosas,
de luces y sombras
que se abrazan sin pedir permiso.

Hasta que, después de cada batalla,
cuando el corazón deja de luchar
contra sí mismo,
el equilibrio llega...
no como una victoria,
sino como un volver a la vida
Como toda herramienta maravillosa que nos dio el Creador, la mente debe ser empleada para nuestro absoluto bien.
Aunque no sea tarea fácil.
Amo tus escritos, Mayca, son hermosos.
Un fuerte abrazo.
 

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