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La Mujer de San Sebastián

Algo

Poeta fiel al portal
La Mujer de San Sebastián

(1985)




Llegaste como una tarde

a la que el sol

le explota

constante:

sin brisas

ni ocasos


por el medio de la calle


como quien sabe

que todo es suyo.


No pensaste nunca

en los que te vieron


en esos millones de ojos

atisbando

por las hendijas de las ventanas.


¿Quién iba a pensar

que ese día

el sol se volvería

pedacitos

y se irían cayendo

los ojos

a la tierra?


Pude verla incandescente

mientras se quemaban

las manos del aire


durante el tiempo

cuando la Mujer

arrojaba sus vestidos

por San Sebastián


y desaparecían casas

corrales

ríos

avenidas


hasta quedar

absolutamente desnuda

en la única plaza

del pueblo.


Y empezó a proferir

maleficios

maldiciones

rezos extraños.


Cambió su poderoso color blanco

a uno azul

amarillo

y luego naranja:


un anaranjado

reluciente

con alas

que la llevaron más allá

de donde

había estado

el sol.


La vi lanzarse en picada

sobre San Sebastián


estrellándose

en el aliento

de cada uno

de los habitantes.



Dejando

para la eternidad:



un olor de mandarina

en el ambiente…
 
La Mujer de San Sebastián

(1985)




Llegaste como una tarde

a la que el sol

le explota

constante:

sin brisas

ni ocasos


por el medio de la calle


como quien sabe

que todo es suyo.


No pensaste nunca

en los que te vieron


en esos millones de ojos

atisbando

por las hendijas de las ventanas.


¿Quién iba a pensar

que ese día

el sol se volvería

pedacitos

y se irían cayendo

los ojos

a la tierra?


Pude verla incandescente

mientras se quemaban

las manos del aire


durante el tiempo

cuando la Mujer

arrojaba sus vestidos

por San Sebastián


y desaparecían casas

corrales

ríos

avenidas


hasta quedar

absolutamente desnuda

en la única plaza

del pueblo.


Y empezó a proferir

maleficios

maldiciones

rezos extraños.


Cambió su poderoso color blanco

a uno azul

amarillo

y luego naranja:


un anaranjado

reluciente

con alas

que la llevaron más allá

de donde

había estado

el sol.


La vi lanzarse en picada

sobre San Sebastián


estrellándose

en el aliento

de cada uno

de los habitantes.



Dejando

para la eternidad:



un olor de mandarina

en el ambiente…
Los aromas de un festival consciente en esa sensualidad marcada por
las formas de un manantial de tradiciones. aquella mujer reina como
de un carnaval asumido en esa gran ciudad de VEnezuela.
me gusto mucho la amabientacion de la obra. saludos afectuosos de
luzyabsenta
 
Los aromas de un festival consciente en esa sensualidad marcada por
las formas de un manantial de tradiciones. aquella mujer reina como
de un carnaval asumido en esa gran ciudad de VEnezuela.
me gusto mucho la amabientacion de la obra. saludos afectuosos de
luzyabsenta
Muchísimas gracias por tus palabras, por la prosa poética que utilizas para la lectura. Me agrada. Saludos afectuosos
 
Verso a
La Mujer de San Sebastián

(1985)




Llegaste como una tarde

a la que el sol

le explota

constante:

sin brisas

ni ocasos


por el medio de la calle


como quien sabe

que todo es suyo.


No pensaste nunca

en los que te vieron


en esos millones de ojos

atisbando

por las hendijas de las ventanas.


¿Quién iba a pensar

que ese día

el sol se volvería

pedacitos

y se irían cayendo

los ojos

a la tierra?


Pude verla incandescente

mientras se quemaban

las manos del aire


durante el tiempo

cuando la Mujer

arrojaba sus vestidos

por San Sebastián


y desaparecían casas

corrales

ríos

avenidas


hasta quedar

absolutamente desnuda

en la única plaza

del pueblo.


Y empezó a proferir

maleficios

maldiciones

rezos extraños.


Cambió su poderoso color blanco

a uno azul

amarillo

y luego naranja:


un anaranjado

reluciente

con alas

que la llevaron más allá

de donde

había estado

el sol.


La vi lanzarse en picada

sobre San Sebastián


estrellándose

en el aliento

de cada uno

de los habitantes.



Dejando

para la eternidad:



un olor de mandarina

en el ambiente…
Verso a verso se va decantando la poesía.
Un Sol azafranado deja amaneceres en tus letras.
Un abrazo.
 

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